Los jóvenes de la resistencia de Múnich


Català

La extrema derecha ha cogido fuerza en los últimos años, contenida en la penumbra de la sociedad, latente a la espera de mejores tiempos, parece que últimamente le llega aire fresco de todas direcciones. Una extrema derecha “moderna”, camaleónicamente transformada en movimientos que hablan de renovación, de tiempos nuevos, de romper con un sistema que ya hace demasiados años que se jubiló. Si la historia nos ha enseñado algo, es que nunca faltan candidatos para llenar vacíos de poder, ya sean espontáneos o gente que se mantenido a la espera de una oportunidad de oro.

Ahora más que nunca, es imperativo hacer memoria, no de una manera superficial con cuatro memorias de la clase de historia, sino invirtiendo suficiente tiempo para intentar entender algunos de los hechos que tuvieron lugar cuando el fascismo se apoderó de las estructuras de estado y navegó el estado de ánimo de buena parte de la población.

Empezamos pues un artículo para homenajear, en especial, jóvenes que fueron valientes, que perdieron la vida en manos de un régimen totalitario, inmune a cualquier sentimiento de humanidad o de compasión, por el solo hecho de opinar y tener valores diferentes.

Walter Klingenbeck

Condenado a morir a la guillotina por el régimen Nazi, tenía 19 años.

Walter Klingenbeck. Foto de archivo

Nacido en Múnich en 1924, Walter Klingenbeck era un joven católico convencido. Después de que los nazis clausurasen la organización de católicos eruditos a la que pertenecía, su sentimiento de oposición al régimen se intensificó fuertemente, las contradicciones entre las acciones de ese estado y la moral católica le llevaron a una profunda reflexión.

Mientras trabajaba de aprendiz de vendedor y a la vez estudiaba en una escuela de comercio, le llegó la oportunidad de trabajar en la empresa Dr. Rohde & Dr. Schwary (hoy en día Rohde & Schwarz). Una empresa de telecomunicaciones, especializada en ese tiempo en la fabricación de aparatos de transmisión radiofónica. Gracias a esta profesión, Walter Klingenbeck tuvo la oportunidad de escuchar emisoras de rádio prohibidas por el régimen (BBC o Radio Vaticano por ejemplo) y juntamente con amigos de la parroquia como Daniel von Recklinghausen, Hans Haberl y Erwin Eidel decidió fundar una emisora de resistencia contra el régimen nazi. A partir de construir diferentes estaciones de radio-transmisión, también tuvo la idea de repartir volantes informativos con un avión teledirigido, acción que desafortunadamente nunca tuvo lugar.

Después de una llamada a la acción hecha por la BBC en verano de 1941, Klingenbeck se dedicó a pintar el símbolo dela victoria “V-for-Victory” (en favor de los aliados) en diferentes edificios públicos y lugares de la ciudad. Denunciado por un conocido, la Gestapo lo encarceló el 26 de enero de 1942 y fue acusado de alta traición, entre otros.

Fue condenado a morir a la guillotina a pesar de su juventud. A dos de sus amigos se les conmutó la pena a ocho años de trabajos forzados.

Walter Klingenbeck, archivo de la Gestapo

Los hermanos Scholl y la rosa blanca (Die weiße Rose)

Si algún día visitáis la ciudad de Múnich, quizás pasareis por la Ludwigstraße. De camino hacia el centro llegareis a una plaza donde se encuentra la sede de la Ludwig-Maximilian Universität, una de las universidades públicas de la ciudad. La playa recibe el nombre de dos hermanos, Hans y Sophie Scholl, que también fueron asesinados por el régimen nazi.

Sophie Scholl, nacida el 1924 en Forchtenberg, escribía lo siguiente en una carta a su amigo Fritz Hartnagel, el cual era aspirante a oficial de carrera, pocos días después del comienzo de la segunda guerra mundial:

“No puedo entender que haya personas que están continuamente siendo amenazadas y puestas en peligro por otras personas, no lo entenderé nunca y creo que es horrible, no digas que es por la patria”

Como sus otros dos hermanos mayores, Inge y Hans, Sophie se sintió inicialmente entusiasmada por la idea de comunidad que propagaban los nacionalsocialistas. En 1934 entró en la asociación de chicas de Ulm y pronto tomó un rol de líder. Con el tiempo sin embargo, las contradicciones entre sus ideales liberales y las actuaciones del régimen alimentaron cada vez más, dudas sobre el estado y su capacidad para gobernar una sociedad justa.

“A veces temo la guerra y se me pasa toda esperanza, ni tan siquiera quiero pensar en ello, pero pronto no habrá nada más que política, y mientras sea tan confusa y mala, es de cobardes apartarse”

Después de acabar una formación como maestra de párvulos  con tal de salir del sistema del Reich, el título no le fue reconocido como sustituto de la formación estándar y no le quedó otra opción que mudarse a Múnich para estudiar Biología y Filosofía. Sophie Scholl, junto con Hans Scholl y otros amigos de la facultad, decidieron crear el movimiento de la rosa blanca, bajo el cual emprendieron acciones de resistencia en forma, sobretodo, de repartición de volantes (hasta seis), y por los que fueron encarcelados y finalmente condenados a muerte.

Sophie y Hans Scholl, junto con su amigo Christoph Probst, murieron bajo la hacha el 22 de febrero de 1943. Tenían 21, 25 y 24 años respectivamente.

 

Jóvenes que intentaron abrir los ojos de sus conciudadanos, poniendo en evidencia las contradicciones y la manipulación que el régimen estaba ejerciendo sobre la población. Jóvenes que fueron considerados criminales por plantarse ante las injusticias y el daño.

 

Uno de los fragmentos del segundo volante que repartieron dice lo siguiente:

Incluso el mismo Hitler escribe en una de las primeras ediciones de su libro (un libro que está escrito en el peor alemán que he leído nunca, y que ahora ha sido elevado a categoría de biblia por poetas y pensadores): “Cuesta creer cuanto hay que engañar un pueblo con tal de gobernarle”. Si al principio este crecimiento cancerígeno del pueblo alemán no se había notado, era solamente porqué las fuerzas buenas aún estaban trabajando lo suficiente como para contenerlo.

Rosa M. Torrademé

Foto de portada: Pintadas de V-for-Victory en Múnich

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