Amsterdam en 48 horas


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Los Países Bajos, tan cerca y tan lejos a la vez. ¿Os podéis imaginar la época en que eran territorio de la corona hispánica (1555-1714)? Un pasado no tan lejano que nos da otro ejemplo de las interrelaciones que han existido desde siempre entre los diferentes pueblos del continente europeo. Hoy visitamos su capital, Amsterdam. ¿Nos acompañáis?

Amstel, dam, Amsterdam, un nombre geográfico unión del nombre del río principal que pasa por la ciudad (y que también da nombre a la reconocida marca de cerveza) y de la palabra toma (Dam) en neerlandés. Y no es difícil entrever la importancia que el agua ha jugado en el crecimiento y construcción de la ciudad, sin ir más lejos, en su histórica relevancia como ciudad portuaria, que ha atraído barcos mercantes y gente de todo el mundo desde los inicios de su historia.

Llegamos por carretera un jueves por la tarde, bien de hecho, llegamos a Haarlem (sí lo habéis adivinado, el famoso barrio de Nueva York de Harlem debe su nombre a esta pequeña ciudad a pocos kilómetros de Amsterdam). Decidimos alojarnos aquí y no en Amsterdam directamente por tema precios y porque éramos suficientes para alquilar un apartamento, y definitivamente vale la pena, ya que pudimos ver la vida y la arquitectura típica de un barrio tradicional holandés.

Una vez recuperados algo del largo viaje, nos dirigimos al centro de Haarlem para visitar la plaza principal (Grote Markt) y la catedral (St. Bavo). Hace un tiempo fantástico y las calles están llenas de gente paseando o tomando algo en las terrazas. Caminamos por las callejuelas observando ya la presencia de canales hasta llegar al molino de Adriano (Molen De Adriaan, 1779), muy cercano al centro. Será por la época del año (primavera) pero debemos decir que Haarlem está precioso: verde, florido, con senderos paralelos en los canales que son una delicia, y con gente arriba y abajo con las típicas bicicletas holandesas, en definitiva, una postal en directo.

Después de esta pequeña visita de Haarlem (desgraciadamente nos hemos dejado el museo Frans Hals, que tiene buena pinta, y otros museos pequeños que tendrán que esperar a la próxima vez) volvemos a la casa donde nos alojamos. Todavía nos estamos acostumbrando a las escaleras, que por alguna razón que todavía desconocemos, son pequeñas y muy verticales.

Día 1:

Desayunamos con calma y nos dirigimos hacia la estación de tren, a 10 min andando, para coger el Sprinter (Compramos un ticket de día, aprox. 10 € / persona) que nos llevará a Amsterdam Central, la primera parada en nuestra visita de la capital. El edificio de la estación central fue construido entre 1881 y 1889, a la vez que otros edificios públicos de la ciudad como el Rijksmuseum (Museo nacional), la Filarmónica Concertgebouw, el Stadsschouwburg (Teatro de la ciudad) o la oficina central de correo. Es de estilo neo-gótico o neo-renacentista, diseñada por Petrus J.H. Cuypers ayudado de Adolf L. Gendt. Nos sorprende como curiosidad el anemómetro de una de las torres.

Como no tenemos mucho tiempo, decidimos acercarnos a la oficina de turismo, a pocos minutos andando de la estación central y luego nos compramos un ticket que incluye 5 “atracciones” que podemos elegir de una lista (museos, tours , viaje en barco, etc.) y que podremos emplear en los dos días de visita. Vale la pena cuadrar horarios (barco, museos) ya que las atracciones están repartidas por toda la ciudad.

Lo primero que nos apetece es pasear por el casco antiguo y llegar a la plaza central. Mientras esperamos para empezar el Tour por el famoso barrio rojo o barrio de la prostitución, comemos y nos tomamos una cerveza en la cervecería De Prael, donde los trabajadores son antiguos reclusos que están rehaciendo su vida, o eso nos dijeron. Hemos quedado a las 19:30 ante la oficina donde hemos comprado los tickets para comenzar el tour y ha empezado a llover así que tenga preparados que el tiempo es muy variable, lo digo porque si no terminaría con un impermeable de plástico de color blanco haciendo el guiri total, y sí ya sabemos que estamos de turismo, pero hay cosas que si se pueden evitar, se evitan 😉

Nuestra guía italiana nos lleva hacia las calles donde están los famosos escaparates de carne y placeres, un barrio con una historia que se remonta a la época de los marineros, cuando el negocio comenzó a prosperar, como ya es habitual también, al alrededor de una iglesia, en este caso de la iglesia Oude. El Tour vale la pena, sobre todo por la parte histórica y las regulaciones actuales que hacen que Holanda sea uno de los pocos países donde la prostitución tiene un estatus legal. Una acaba con varias cifras en la cabeza, precio por sesión, precio del alquiler del escaparate, procedencia de l@s prostitut@s, y la problemática actual que tienen con la gentrificación. En definitiva, una introducción interesante a la temática desde una perspectiva totalmente neutral y libre de prejuicios, con datos, hechos y centrada en ell@s.

Como nos hemos quedado con ganas de saber más, decidimos visitar el museo de la prostitución, también en el mismo barrio, donde se pueden leer testimonios y ver qué pinta tienen las habitaciones… a veces una visita casas museo para ver la escritorio de Goethe, y otros visita la recreación de una habitación de un prostíbulo, como vemos de museos hay de mil cosas diferentes. El nombre de barrio rojo proviene de la iluminación de los escaparates y no fue una ocurrencia holandesa sino que fue una idea importada de China, ya que así captaba mejor la atención de la clientela.

Una vez visitado el museo, nos encaminamos de nuevo, entre la gente que pasea y fuma, hacia la estación central para tomar el tren de vuelta, ¡ahora toca recuperar fuerzas para mañana!

Día 2:

El segundo día lo comenzamos con un viaje en barco por los canales que nos lleva desde la estación central hasta el Museo Nacional o Rijksmuseum. Hemos reservado dos horas que acaban convirtiéndose en cuatro, y no es para menos, dada la cantidad de obras importantes que contiene. Si os gusta Rembrandt, aquí encontraréis su famoso “De Nachtwachtentre otros.

No nos dio tiempo de ver el museo de Van Gogh, si planea ir mirad de comprar las entradas con antelación. Después de una mañana intensa y cansado, viendo obras una tras otra apetece caminar un poco por paseo marítimo que separa la parte norte de la parte sur de la ciudad. Cogiendo un barco gratuito (como si de un puente se tratara) se puede ir de un lado a otro (desde la estación central). Si el día acompaña se puede subir a la torre del edificio A’dam y ver el skyline de la ciudad desde 20 pisos de altura. También hay un columpio para los que no tienen vértigo.

De nuevo en la parte sur hay un Lab creativo (Mediamatic ETEN) con un restaurante vegano muy hipster y carillo, pero con ingredientes que cultiban en el mismo espacio. Para probar vale la pena pero si no te viene de paso mejor comida en algún restaurante más cercano al centro.

Después de comer aprovechamos para ver el pequeño museo del cannabis, también cercano al barrio rojo y seguimos paseando por el casco antiguo mientras nos despedimos lentamente de esta ciudad llena de canales, edificios torcidos, y muchos lugares que desgraciadamente no hemos podido visitar. ¡Volveremos!

Rosa M. Torrademé

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