Entronar la Trono (o cómo salvar el teatro)


Català

La Sala Trono es, y esperemos que cuando esté leyendo esto de aquí mucho tiempo este verbo pueda seguir estando en presente, una sala de teatro de una Tarragona donde existe mucho teatro amateur, pero muy poca programación propia.

Los dos teatros municipales, el Metropol y más especialmente el de Tarragona, se centran principalmente en la contratación de espectáculos de alcance nacional, es decir, hacen programaciones llevando lo que se produce en su mayoría, fuera de la ciudad. Esto está muy bien, es necesario y no lo criticamos, el problema es cuando no se complementa con una apuesta por la producción propia.

La Sala Trono, en cambio, combina ambas cosas, lleva teatro de este que podemos adjetivar alternativo por lo que no se programa en salas con aforos que superan el cuarto de millar de asientos, al tiempo que produce obras propias de primera calidad. Un buen ejemplo de esto es You say tomato, que se ha hecho un hueco en la cotizada y difícil cartelera de Barcelona (en una sala de aquellas que superan las doscientas cincuenta butacas) y que todavía le queda algo más de una semana de programación (protagonizada, junto con Anna Moliné, por Joan Negrié, director actual de la Sala).

Esta obra lleva el sello de la Sala Trono a las Ramblas de la ciudad condal, y esto es un valor que la ciudad de Tarragona no se puede permitir el lujo de perder. Este es uno de los muchos ejemplos que podríamos poner, ya que no han sido pocas las obras que se han podido ver en festivales y salas de muchos sitios surgidas de la calle de Misser Sitges. Y si nos permitís este auto-apunte, en Cultius sabemos muy bien lo difícil que es para alguien de provincias acceder a los circuitos nacionales, en nuestro caso desde el modesto mundo de los blogs culturales. Por lo tanto, sabemos que supone producir desde Tarragona, rompiendo, además, la idea de que todo se hace desde y para la capital, situando así, la ciudad, como un espacio de creación.

No queremos que este artículo se lea como un panegírico o un homenaje póstumo, primero porque no es nuestro estilo, y por otra porque creemos sinceramente que no la dejaremos morir. Pero permitidnos hacer nuestra mención especial a la que, y con el permiso del resto de alma maters de la Trono, como Oriol Grau, creemos que encarna el alma de esta sala, la actriz Paloma Arza, la cual, ya sea porque ha sido, y de momento aún es, la que nos responde a las reservas de entradas (al menos, la que nos aparecía en la fotografía del Whatsapp) o por su manera de ocupar el escenario, creemos que vale la pena destacar como emblema de la Trono. De hecho esta última semana nos ha permitido disfrutar de un fabuloso monólogo Lou: el carácter de un gato.

Esta obra habla del Arte en mayúsculas y en este caso de cómo el arte puede salvar una sociedad, puede saltar muros, e incluso derribarlos (y desgraciadamente necesitamos derribar muchos muros en nuestra actualidad, cuando nos construyen cada día de más altos y más militarizados, como los que veía Lou desde su ventana en la Europa de la década de los treinta). Y la Trono, en cierta medida, nos ha ayudado a tener herramientas para que nuestra ciudad cuente con unas artes escénicas de calidad que también nos deben ayudar a saltar muros (culturales y no sólo). Es, pues, un diálogo entre la racionalidad, las artes y la sin razón, pero al mismo tiempo un diálogo entre lo que ella (la Lou o ¿la Trono?) había dado a los demás y lo que había recibido de los otros (Nietzsche, Freud o ¿Tarragona?), una relación seguramente demasiado desigual, aunque ella les hablaba de tú a tú.

Las dos obras de las que hablamos, en resumen, son como dos historias que parecen dos finales… pero que en realidad no lo son, ya que el final de verdad, en ninguno de los dos casos es definitivo, como esperamos que suceda con la historia de la Trono. De hecho esta semana la Sala y la Trono mantendrán un diálogo en la que, de momento, y enfatizamos mucho el de ‘momento’, será la última obra, Eso es todo.

En definitiva, hay que seguir lamentando como la producción propia, a veces pequeña (aunque sólo sea por el formato) sigue eclipsada por las producciones mediáticas que llenan, parcialmente, los teatros grandes de la ciudad.

Gabino Martinez Muñoz

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