Frida en el espejo | Sala Trono


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No debe tener más veinte metros cuadrados. Es una sala oscura con un enjambre de sillas ascendente, de aquellas de plástico; un poco a la manera del Teatro Lliure de Gràcia, BCN. Debe ser la estética de los teatros llamados ‘alternativos’, teatro de pequeño formato, con obras de relativo bajo presupuesto pero con las ganas y la ilusión grandes como la Ópera de París.

Me refiero en este caso, a la Sala Trono de Tarragona, un pequeño espacio en la Parte Alta de la ciudad, rodeada de callejuelas medievales y, además, teniendo el placer de estar muy cerca de la plaza de Dames i Vells; que es un honor que sólo los tarraconenses -quizá- entendemos.

La Sala Trono nació en 2002, y lleva más de diez años ofreciendo una tipología de teatro a pequeña escala, que la ha convertido en uno de los espacios de referencia del país.

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Sala Trono. Interior. Fotografía propia

Hablo de Frida en el espejo. Dirigida por Jordi Prat i Coll, con Vicenç Solsona a la guitarra y un escenario casi vació, con dos actrices: Mireia Piferrer (actriz) y Núria Piferrer (voz). Dos mujeres, dos gemelas. Una actriz y una cantante. Dos personajes que se reflejan como en un espejo , el espejo del tiempo que todo lo envuelve. Arte (escénico), arte (pictórico) y arte (musical).

Cuentan la historia de Frida Kahlo, de aquella joven mexicana de familia acomodada que sufrió un accidente de autobús. Quedó dañada de por vida, física y espiritualmente, y fueron precisamente estas heridas las que la introdujeron en la búsqueda introspectiva del yo, de pintarse a sí misma, sus sensaciones y la vida a través de sus ojos; la violencia y a la vez la ternura de su pintura. Sin este accidente -desgraciado- el mundo no habría tenido nunca Frida Kalho.

La obra juega con la dualidad de la artista, que desde pequeña se desdoblaba en una amiga imaginaria, y de mayor se veía reflejada en el espejo, postrada en la cama, por su larga enfermedad. Una vida a medio camino entre el hospital y la casa, ganando el pulso en etapas largas, pero siempre recayendo.

Las hermanas Piferrer, a través de textos biográficos, como cartas o conceptualizaciones de diferentes pinturas, mezclando un teatro que parecía a veces un recital de poesía, otros un pequeño concierto de balada mexicana -triste y rasgado como lo era la vida de Frida Kalho-, nos transportan a este universo mágico de la pintora.

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Representación. Fuente: salatrono.ccom
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Final del acto. Fotografía propia

Con esta obra se ha querido dar forma a la que fue una de las vidas más interesantes del mundo cultural del siglo XX, queriendo acercarse de una manera familiar y delicada, enfatizando aquel canto a la vida que ella tanto profesaba . Porque Frida Kalho era, sobre todo, una amante de la vida. Uno de sus últimos cuadros fue una pintura de sandías jugosas, de grandes tonos rojizos, y en él escribía ¡Viva la vida!, poco antes de su muerte.

Seguimos con ganas de más teatro, de sensaciones a flor de piel y, como dicen en la propia web de la Sala Trono, que el espectador “pueda sentir respirar al actor”, y de eso, amigos, no tengáis ninguna duda.

Guiomar Sánchez

Fotografías propies excepto la de la representación.
Vídeo de la representación al 2011: https://www.youtube.com/watch?v=tl6JQNB3E6w

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