Disolución de la URSS, capital Minsk


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Ya sabéis que nos gusta mucho, tal vez demasiado, hablar de los museos de historia. Pues bien, en la calle Karl Marx de Minsk hay uno, uno de esos que dice más por lo que no explica que por lo que nos muestra de forma museografiada. El Museo de Historia Nacional de Bielorrusia puede parecer, a priori, poco atractivo, pero en realidad eso es lo que nos permite extraer más conclusiones.

 

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Fachada del Museo Nacional de Historia

La bienvenida. Al llegar, en general en todo el país, nos encontramos con personas afables cara al público donde la comunicación se basa en gestos y elementos internacionales que permiten una comunicación fluida en lo formal. En este caso, sin embargo, salió una chica de las oficinas, joven, hablaba inglés y aprovechamos para intentar averiguar todo de dudas que teníamos sobre el país. Tampoco tenía muchas ganas de hablar más allá del propio museo, no sabemos si por exceso de libertad o por exceso de amor por el museo. Nos dirigió a la consigna, una obra maestra, estaba en el sótano y tenía millones, bueno, quizás miles o incluso sólo cientos de perchas vacías, una imagen plástica impagable, porque aquello ya era el paradigma del propio museo.

La prehistoria. La primera sala está dedicada parcialmente a la prehistoria, la museografía es como la de la mayoría de los museos de historia que has visitado, una cueva con homínidos y algunas maquetas donde poder ver la vida cotidiana acompañada de pequeños instrumentos y artefactos. Pero de golpe, a sólo un paso, así de rápido pasa la historia, entramos de lleno en la Edad Media.

 

La Bielorusia. Las siguientes salas sirven para justificar la existencia de Bielorrusia, de sus tradiciones, vestimentas, las primeras familias nobiliarias, y un apartado sin mucha conexión con el resto, más trabajado, donde se ven los oficios y productos tradicionales, pero en general sin un discurso muy cuidadoso ni pretencioso, hablamos de unas pocas salas con elementos tradicionales que nos llevan directamente a una exposición temporal sobre la nueva moneda (una fuerte devaluación ha hecho que en los últimos meses estén en transición entre la moneda antigua y la nueva) , una buena excusa para mostrar, eso sí, con una museografía de última generación, la historia monetaria del país.

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Exposición temporal sobre la moneda

La tienda. Y al final, eso sí, la tienda. Esta la habíamos visto al principio, parecía que encontraríamos la historia de la URSS, de su disolución … Todo eran recuerdos de miniaturas de las guerras mundiales, del comunismo … pero nada, nada más que los recuerdos para llevarse a casa, no había ningún rastro de la historia contemporánea en todo el museo, bueno sí, tal vez alguna moneda en la temporal de numismática.

La historia contemporánea del país la encontrábamos, justamente, en sus silencios, y sobre todo por las calles de Minsk. La simbología de la antigua potencia sigue presente en todo el entramado urbano, sin que, a diferencia de lo que ocurre en Moscú, por ejemplo, los grandes carteles publicitarios la eclipsen del todo. El gobierno aún ocupa los espacios publicitarios y los centros comerciales no hacen sombra a la estética que uno se imagina que debía tener la URSS del siglo XX.

Por cierto, no hemos comentado, pero una fotógrafa contemporánea tenía una exposición temporal, extraordinaria, instantáneas de la Bielorrusia rural con una sublimidad fascinante. Desgraciadamente, las muchas mujeres que vigilaban las vacías salas del museo, no entendían nuestra fascinación y nos invitaban continuamente a que visitáramos lo que de verdad querían mostrarnos, los artefactos y telas bielorrusas. Seguro que aquella artista, si estaba expuesta allí, no tenía nada que ver con la prohibición de aplaudir en todo el país, a excepción de espectáculos de artes escénicas (principalmente circo y ópera) y conciertos. Y es que un grupo de artistas inconformistas con el régimen encontraron en el aplauso el modo de reivindicar la libertad cultural. Una muestra de oposición que Aleksandr Lukashenko decidió erradicar de raíz.

En definitiva, el museo de historia lo tenemos en las calles de su capital, en sus carteles gubernamentales, en su simbología, en su poco visible capitalismo, en su parque de la infancia con su noria que chirría, y en el silencio de los que se “divierten“, todo ello nos hace imaginar lo que vendría a ser una postal, aún vigente, de la disolución de la URSS.

Gabino Martinez Muñoz

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