La ciudad magica de Hampi


Català

Viajar, con calma, nos hace elevar nuestra mente y encontrarnos en un espacio mucho más amplio, más extenso que el de nuestra vida del día a día. Nos hace pensar en el paso del tiempo, en lo que había mucho antes incluso de que nosotros llegáramos a este mundo.

La erosión, los procesos naturales de degradación y los seres vivos de este planeta provocan cambios constantes que en muchos casos cambian la silueta de ciudades y territorios que en el pasado fueron núcleos de vida y socialización.

Uno de los muchos ejemplos de ciudades en ruinas que por suerte aún mantienen un encanto y una magia especial lo tenemos en la ciudad de Hampi. Situada en el norte de la ciudad de Bangalore (Sur de la India, estado de Karnataka) forma parte del patrimonio de la humanidad catalogado por la UNESCO. El punto álgido de su historia lo vivió durante el siglo XIV d.C. momento en el que fue la capital del imperio hindú Vijayanagara.

La palabra “Hampi” proviene de la deesa Pampa, consorte del dios Shiva. Cuando el imperio se estableció pasó a llamarse Vijayanagara, que literalmente se traduce como “La ciudad de la victoria”.

Las crónicas de viajeros persas y portugueses nos dicen que Hampi fue una ciudad rica y prospera, con diversos templos, granjas y mercados. Probablemente fue la ciudad india medieval más rica y la segunda más grande de Asia después de Beijing, hasta su conquista y posterior destrucción, acaecida en 1565 de la era moderna, por parte de una coalición de sultanados musulmanes. Las tropas conquistadoras se pasaron meses quemando y saqueando los territorios del antiguo imperio y finalmente la ciudad de Hampi fue abandonada. A pesar de diversos intentos, el reino nunca se reestableció y el centro de poder se repartió por diversos lugares, dejando la ciudad en manos de los agricultores locales y bandidos.

Con un área de 4,100 hectáreas Hampi conserva los restos de más de 1600 estructuras del último gran reino hindú del sur de la India, desde templos, mandapas, fortalezas, etc. Los estilos arquitectónicos predominantes son diversas formas del estilo Dravídico, propio de esta parte del país y el cual se desarrolló a lo largo de cinco dinastías que dan nombre a los sub-estilos que emergieron: Pallava (600 – 900 d.C.), Chola (900 – 1150 d.C.), Pandya (1150 – 1350 d.C.), Vijayanagara (1350 – 1565 d.C.) i Nayaka (1600 – 1750 d.C.).

El yacimiento de Hampi se ha estudiado en tres amplias zonas: la primera, conocida como el “centro sagrado” por estudioso como Burton Stein y otros, la segunda designada como “núcleo urbano” o “centro real”; y la tercera que engloba el resto de la metrópolis.

El centro sagrado, al lado del rio, contiene los templos más antiguos con una historia de peregrinaje y monumentos anteriores al imperio Vijayanagara. El núcleo urbano y el centro real tienen más de sesenta templos en ruinas más allá de los que hay en el centro sagrado, estos pero solo del periodo Vijayanagara.

Centro sagrado

La entrada al centro sagrado nos la da el acceso al templo Virupaksha (Imagen 3). La estructura frontal en forma de pirámide recibe el nombre de kovil en tàmil (கோவில்), construida a partir de bloques de piedra, sigue un diseño con escalones donde se representan muchas estatuas de deidades, guerreros, reyes y bailarines. Dentro del complejo encontramos, entre otros, ¡un elefante! cuyo cuidador se encarga de bañar cada día en el rio Tungabhadra.

Los recintos de los templos contienen muchas estructuras auxiliares como halls, altares, porches, cocinas, pozos, depósitos, acueductos, paredes con pasarelas, edificios residenciales y santuarios, etc. que se utilizaban en el día a día de la comunidad. Los complejos del templo también tenían una conectividad física con grandes extensiones de tierras destinadas a la agricultura, incluidos regadíos que se encontraban en el sur.

Algunos de los templos son hoy en día tan solo monumentos y no edificios de culto (para los hinduistas, si un templo ha estado parcialmente destruido ya no se puede volver a reconstruir, sino que hay que construir uno de nuevo). Para distinguirlos, fijaros en si la gente se descalza para entrar (templo) o no (monumento). También encontramos diversas estatuas hechas en piedra monolítica que representan dioses hindús como Ganesha, Vishnu y sus avatares.

Al oeste del templo encontramos una avenida que antiguamente fue un gran mercado.

Centro real y núcleo urbano

La red de carreteras dentro y fuera de este núcleo urbano conducen al centro real, que era otra zona fortificada de unos 1,5 km de longitud, en el sur-oeste. Este centro estaba dividido espacialmente en muchos compuestos de pared que eran destinados a diferentes ceremonias privadas o públicas. El centro real consta de la “capilla del Estado” que fue el templo Hazara Rama y estructuras como salas de ceremonias, plataformas, palacios, grades baños, almacenes y establos para elefantes.

Area suburbana

Cogiendo un bote se puede navegar por el rio y llegar al complejo monumental de Vitthala, uno de los más conocidos y emblemáticos de Hampi.

A parte del llamado “carro”, una estructura en forma de móvil con cuatro ruedas de piedra y símbolo del templo de Vitthala, (Imagen 17), el edificio más emblemático del complejo es el templo mismo de Vitthala, conocido sobre todo por sus pilares musicales.

La leyenda dice que cada pilar representa un instrumento y que en la época de esplendor de Hampi, el templo albergaba multitudinarias fiestas donde los músicos utilizaban los pilares para crear una atmosfera musical mágica. Estos pilares también se conoces como pilares SaReGaMa, que se atribuyen a las notas musicales que suenan.

Estas notas se pueden oír cuando se tocan los pilares suavemente. Los pilares se dividen en pilares principales y secundarios, más pequeños. Cada pilar proporciona soporte al techo del mantapa, y los pilares principales están diseñados como instrumentos musicales. Cada pilar principal está rodeado por siete pilares menores y estos emiten notas musicales diferentes.

El secreto arquitectónico de esta maravilla musical sigue encara siendo un misterio y da aún más magia al recinto.

Si tenéis la suerte de pasar por esta zona de la India, guardaros al menos un día para visitar esta maravilla de la civilización, y esperar hasta la puesta de sol, la luz tenue y rojiza os hará viajar a través del tiempo y sentir algo metafísico.

Rosa M. Torrademé

Bibliografía:

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