El cubismo salva vidas


Durante la Primera Guerra Mundial se reclutaron a pintores cubistas para camuflar barcos. Los submarinos alemanes dominaban el océano Atlántico, fueron el terror de los buques de carga, de guerra y cualquier elemento que flotara.


Los ingleses con su gran flota naval eran los reyes de todos los océanos y Alemania solo pudo competir bajo el agua, fueron los mejores submarinistas. A diario, cientos de barcos eran hundidos por submarinos alemanes; deshacerse de estos era muy complicado, aún estaban en desarrollo los barriles de presión para hundir a los submarinos y buscando cómo salvar vidas, se optó por camuflar a los barcos.

Difícil camuflar un enorme barco de guerra cargado de soldados hasta la bandera ¿verdad? Preocupado por la situación en el Atlántico, el biólogo Graham Kerr escribió una carta a Churchill. La carta explicaba cómo sería de útil el poder copiar las técnicas de camuflaje del reino animal, inspirado en el trabajo del americano Abbot Handerson: Ocultamiento y coloración en el reino animal (1909).
Churchill respaldó el proyecto pero la dimisión de este en 1915 tras el desastre de la operación Gallipoli hizo que estas técnicas de camuflaje se fueran con él.

Norman Wilkinson, Wikimmedia

Esto es hasta 1917, cuando el tema del hundimiento de buques fue más que grave para Gran Bretaña y con la vuelta de Churchill a los órganos de dirección, el camuflaje de grandes barcos volvió a la palestra.

Llamaron para el trabajo a Norman Wilkinson, un hábil pintor y dibujante que participaba prácticamente a diario ilustrando la guerra para diversos periódicos londinenses; además estaba destinado en la reserva naval a la lucha antisubmarina. Estas cualidades hacían de Norman el hombre elegido para camuflar barcos de guerra.

 

Norman se puso en la piel de un oficial alemán mirando a través del periscopio, y ahí fue cuando entendió que para camuflar un barco lo que se tendría que hacer es pintar unas líneas disruptivas que hicieran imposible al observador si el barco estaba de perfil, de frente o huyendo; unas líneas cubistas para romper la forma del barco.
Esas líneas hacían muy difícil calcular su velocidad, su forma, su tamaño, entre otras cosas.

En los sótanos de la Real Escuela de Bellas Artes de Londres comenzaron las pruebas para camuflar barcos de guerra, artistas plásticos y estudiantes de arte contemporáneo fueron reclutados y ensayaban las mejores técnicas para engañar al ojo enemigo.

El resultado fue que hubo un 10% menos de hundimientos y acabaron pintándose más de 4400 naves con el camuflaje “dazzle” (deslumbrar).
La extravagancia de esas formas cubistas en barcos de guerra hizo de ellas múltiples chascarrillos y los estadounidenses llamaron a esos barcos los Jazzships.

economist.com

El caso es que funcionó y muchos se atribuyeron el mérito de este camuflaje al acabar la guerra. El primero Norman Wilikinson, pero el segundo fue Pablo Picasso, que atribuía la innovación al cubismo; y por último al biólogo Graham Kerr, que incluso lo llevó a los tribunales por la patente de la idea cuando este fue propuesto a la comisión real de premios a los inventores. Finalmente no prosperó la demanda y pudo disfrutar de su reconocido mérito.

Así pues el cubismo fue el salvavidas de tantos marineros en los mares de la Gran Guerra.

Omar Bravo


Imagen de portada extraída del libro: BARTON. C e ilustrado por NGAI V. Dazzle Ships: World War I and the Art of Confusion, Millbrook Picture Books, 2017.


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