Nápoles: San Gennaro y el Rione Sanità


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Hace poco volvimos a Nápoles, Italia. Hoy, sin embargo, no hablaremos de su comida, su cultura callejera o los museos. Hoy os traemos a las catacumbas de San Gennaro y el patrimonio humano que lo acompaña. ¡Veámoslo!

Subiendo desde Via Toledo, e incluso desde la plaza del Plebiscito, recto hacia arriba, y caminando -siempre caminando, llegamos al Capodimonte, el Montjuïc napolitano. De hecho estas calles en línea recta pasan por Ponte della Sanità o Ponte de Maddalena Cerasuolo, que tiene una historia curiosa. Al 1738 se inauguró el Museo de Capodimonte, una gran pinacoteca palaciega. Pero para ir se tenía que atravesar el Rione -barrio- Sanità, que era de clase baja y “conflictivo”. José Bonaparte, y más adelante Murat, mandaron construir este puente entre el 1806 y 1806, que uniría las dos partes de la ciudad en lo que pasaría a llamarse Corso Napoleone, atravesando desde el aire el barrio de la Sanità e, incluso, destruyendo parte del claustro de la iglesia de la Sanità

 

Ponte della Sanità y cúpula de la iglesia. Foto propia

 

Nosotros fuimos a visitar las catacumbas de San Gennaro, que se encuentran en este pendiente de la colina.

Las catacumbas fueron las primeras tumbas cristianas que, de hecho, no tienen nada que ver con lo de esconderse y practicar ritos ocultos. Cogieron la tradición pagana de enterrarse a extramuros por higiene. De hecho toda Nápoles está excavada bajo tierra: cuando llegaron los griegos para fundar Neapolis (ciudad nueva) lo hicieron extrayendo el “tufo” del subsuelo, que era una piedra muy maleable con que construyeron las primeras edificaciones, dejando la ciudad llena de túneles usados como acueductos o pozos para abastecimiento de agua; y fuera de la ciudad: para los difuntos.

 

 

Ocupan casi 5600 m2 excavados y son de los siglos II y III d.C. Hay tres tipos de tumbas: las que se encuentran en el suelo (menos ricos), las que están en la pared unas encima de las otras, y las más ricas con arcosolios coloreados, e incluso frescos de sus propietarios. Se encuentran las tumbas de los santos Gennaro y Agripino. De hecho San Gennaro es bastante importante para la comunidad napolitana porque se dice que gracias a él el Vesubio no ha terminado nunca con la ciudad.

 

 

Uno de los frescos más interesantes es uno que muestra tres mujeres construyendo un edificio, una “echlesia”, que de una manera simbólica representa la comunidad cristiana y que, además, data del siglo III y se sabe que hasta el IV no se encuentran los primeros edificios considerados templos cristianos.

 

Uno de los frescos. Fotografía propia.

 

Este monumento patrimonio de la ciudad se fue adaptando y restaurando (es el único de estas características preparado para personas con movilidad reducida), y fue reabierto al público en 2010. Su gestión cultural la lleva La Paranza, una asociación de jóvenes del barrio de la Sanità, con la que pretenden poner en valor el patrimonio de la zona y, de este modo, poner en valor el papel mismo de sus vecinos.

 

 

La Paranza se basa en el cooperativismo y la revitalización de un barrio; y nosotros estamos enamorados de ello. ¿Encontramos otros ejemplos? Podemos hablar de cambios urbanísticos como por ejemplo con la colocación de un gran museo como el Guggenheim en Bilbao o el Macba en Barcelona, ​​pero en estos casos lo que se buscaba era la modernización de un barrio sin tener en cuenta los sus habitantes, por lo que sí, el barrio subía de categoría y entraba a formar parte más activa de la ciudad, pero en detrimento de la comunidad que vivía -que suelen ser familias pobres y/o migradas, que han tenido que, sencillamente, pasar a vivir a otro lugar. El problema del barrio pobre y conflictivo pasa a ser problema de otro espacio, pero sigue existiendo. En el caso del barrio de la Sanità la cosa cambia: de lo que se trataba era de poner en valor el patrimonio artístico e histórico del barrio para poder crear puestos de trabajo a las personas del mismo, por un lado, añadir la zona en el circuito turístico de la ciudad, por otra, y de esta manera poder conectar todas las partes de la ciudad italiana.

Tanto es así que finalmente el ayuntamiento creó un proyecto de recuperación del barrio, invirtiendo en limpieza y nuevos servicios públicos, y acabó con un proyecto cultural que se desarrolló esta navidad: la decoración navideña del barrio eran estrofas de la canción Napul’è de Pino Daniele, un cantante napolitano muy famoso, animando al resto de la ciudad a pasearse por la Sanità y disfrutar de las luces.

 

 

El barrio de la Sanità es un ejemplo de entramado complejo pero que, con un modelo de cooperativismo y de crear productos locales, así como trabajo y economía a través de sinergias colaborativas y búsqueda de barrio, ha podido dar trabajo a los jóvenes, para que no se fueran, limpiando un pasado oscuro y, sobre todo, quitando el estigma que muchos vecinos, ellos mismos, todavía podían tener.


Fotografía de portada y resto de fotografías: autoría propia. Cultius Culturals, 2020.

Guiomar Sánchez Pallarès

Gabino Martinez Muñoz

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