La Panera, el mar en Lleida


Català

Existe el centro del mundo, que no es la estación de Perpiñán como creía Salvador Dalí, sino la ciudad de Barcelona, que también podríamos llamar Casa Ombligo.

Desde este centralismo mágico se suceden una serie de hechos culturales, la mayor parte de los cuales no atraviesan la Línea (i)Maginot de Llobregat o Besòs.

Celebraciones, estrenos y congresos se quedan flotando, fundamentalmente entre las calles del Esnanche o los nuevos centros de interés donde van todos aquellos que en un postureo inalcanzable para la gente de comarcas, pasean, vestidos adecuadamente, de inauguración en concierto, y de cóctel en recital.

Después, queda todo un mundo por descubrir, tras la muralla de niebla de Mordor, alejados media hora detrás del Anoia y su capital, la de los igualadinos, nunca superados, en todo caso sólo empatados. Todavía más allá de este mundo, en unas llanuras casi inexploradas por el hombre y la mujer lectores de Sapiens, está el poco querido, por poco conocido, oeste, también llamado Poniente. Algunos siguen al pie de la letra; siguiendo la frase hecha que dice “De Poniente, ni viento ni gente”, y no se acercan a nuestras comarcas, no sabemos si por miedo a los salvajes caracoles, devorados a miles por los humanos en Lleida, o por miedo a ser asaltados por buitres en círculos concéntricos, mientras suena el ruido de los tractores -que no tambores- cada vez menos lejanos. Y, me toca llevar la bandera, el estandarte, a estas páginas. Porque es muy injusto pensar que aquí en el polvoriento oeste no se hace, no hacemos cultura, y de primera división. Iré poniendo -a modo de embajador votado en casa mía- ejemplos de acciones y lugares que valen mucho la pena, añadiendo que, si son ustedes listos, cogerán la autovía en lugar de la autopista re-pagada por varias generaciones. El dinero que se ahorrarán, pueden gastarlo en comida o tomar algo, dicha muy nuestra.

Hoy les hablaré del Centre d’Art La Panera, de Lleida capital. Según explican en su web:

“El edificio fue construido entre los siglos XII y XIII, en la época del Consulado, uno de los momentos más prósperos de la economía medieval de Lleida. El Almudín, como se llamaba el edificio, era la lonja de contratación de la ciudad y centro de todo tipo de transacciones: cereales, aceite, uva…. De la construcción medieval se conserva la columnata: 21 columnas de piedra de 5,70 metros de altura. En 1606 el Almudín fue adquirido por la canonjía de la Catedral, se levantó una nueva planta sobre la columnata del antiguo Pósito y se construyó un cierre perimetral, que le dio el aspecto exterior actual. El edificio era utilizado para almacenar y vender los productos recolectados por los canónigos y de ahí su nombre La Panera de los Canónigos.“

Sí, lectores, hubo una época en que Poniente era el centro y Lleida, su capital.

Actualmente se puede ver, hasta el 19 de mayo, una magna obra, entre las columnas de piedra, en el espacio inferior. Es la obra de Ella Littwitz, nacida en Israel en 1982, y con la Licenciatura en Bellas Artes, aprobada en 2009 por la Acadèmia Bezalel. Fue una de las más laureadas en el HISK de Gante, en 2015, y ha expuesto en Israel, Europa y EEUU, incluyendo sus participaciones en la Bienal de Moscú de 2015, y la de Estambul de 2011…

La autora nos intenta explicar cómo el Mediterráneo, el Mar Nuestro, es un vestigio del pasado, demasiado dependiente, demasiado cerrado e inestable.

Un Elefant a l’Habitació
Ella Littwitz
Centre d’Art la Panera, Lleida
Febrero 2019. Foto: Jordi V. Pou

Si no fuera por el estrecho de Gibraltar, -este lugar que lleva a menudo a los españoles a desfilar en ella marcialmente y echar a correr al ver la Union Jackson, de no ser por esta lengua solidaria que nos conecta en el Atlántico, el mar, se nos moriría. Littwitz, ha hecho una instalación monumental, donde unas redes representan el fondo marino, obviando el líquido elemento. Y lo hace con unas estructuras que nos dejan entrever los residuos que hay debajo: neumáticos, las boyas de pobre usadas por los pescadores mediterráneos para proteger los barcos. Neumáticos, como las precarias balsas que transportan -o exportan- gente sin refugio que van buscando, llamando en vano a todas las puertas. Con el hacinamiento de este material, la artista alude también a la crisis humanitaria que ha desaparecido de las pantallas pero todavía está.

Mirando con más detalle, podemos descubrir nuestras costas, el contorno de penínsulas y los lugares idílicos que nos llevan, sueños allá, a las dos orillas del Mar Nuestro. Incluida una pequeña parte donde saca la trompa del elefante: consulte el mapa del mediterráneo y vea sus espacios marinos hasta encontrarla…

Un Elefant a l’Habitació
Ella Littwitz
Centre d’Art la Panera, Lleida
Febrero 2019. Foto: Jordi V. Pou

Somos un pequeñísimo territorio líquido, rodeado de tierras a menudo injustas o enfrentadas, que nos ha dado -véase la comparación con la red negra instalada- un gran potencial de conectividad pero también ha confinado sustancias, civilizaciones y razas, en un espacio reducido donde entenderse o guerrear. Como nos apunta el programa todo esto “remite a la crisis de salinidad del Messiniense” cuando el estrecho “se cerró y se vio obstruida la entrada de agua durante unos cuantos cientos de miles de años.” el vaso del Mediterráneo se secó casi por completo y el nivel del mar descendió tres y cinco kilómetros. Como dice el comisario. “El Mediterráneo visto desde abajo deja al descubierto otro estado de las cosas: se muestra así, con la exposición, este paisaje surcado por la crisis desde los mismos puntos de intersección en que la catástrofe medioambiental se encuentra con la humana.”

Aparte este molde en negativo de nuestro mar, ¿hay más cosas que ver, en La Panera? Sí, acciones artísticas dirigidas a COLECTIVOS EN RIESGO DE EXCLUSIÓN, PROYECTOS ARTÍSTICOS EN CONTEXTO HOSPITALARIO como el Proyecto Radiación que nace de la petición, por parte de la Unidad de Oncología Radioterápica del Hospital Arnau de Vilanova en el Centro de arte la Panera, de elaborar un programa de intervenciones artísticas en el espacio. Ahora profundizarán el trabajo en ámbitos como los de la Educación Especial o poniendo el arte más al alcance de las personas discapacitadas. Y, entre otras cosas recomiendo la salita de la Mini Panera, donde hasta el 3 de marzo hay una serie de botellas de vidrio, llenas en cantidades diferentes, para experimentar con el sonido y el color, con baquetas y mazas. Es este un lugar donde los más pequeños pueden participar libremente y familiarizarse con el arte contemporáneo a través de la utilización de las nuevas tecnologías o de lo que han escogido tanto ellos como los artistas.

Un espacio cercano al público infantil, que a la vez haga de puente para acercarlos al arte de hoy desde el juego. Un espacio también para los osados que hacen de la experimentación un crecimiento vivencial.

Pronto cambiarán las exposiciones del primer piso, y las propuestas son de lo más interesante. Hágase un favor y vengan a disfrutar, gratis, tanto del Museo como de la Autovía. A-2 no crea que sólo quiere decir “a 2 horas”: es una carretera de diligencias, que va de este a oeste y le hará conocer muchas cosas. También significa “Cultura A 2 pasos”…

¿Vendrán, verdad?

Albert Claramont

Foto de portada: Jordi V. Pou

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