Cuando a Toulouse lo saco a pasear


Català

Toulouse-Lautrec es garantia de éxito, y la exposición que se encuentra en el Caixa Forum de Barcelona hasta el 20 de enero del 2019, no defrauda. Ésta consigue que el espectador se adentre desde el primer minuto en el universo de un Montmartre que, con su aparente decadencia, disfrutó del éxito artístico más alternativo de toda Europa, ya que allí fueron a parar jóvenes artistas que buscaban inspiración en una vida con laxas normas sociales.

Se trata de una exposición inmersiva y experiencial como todas las que hace el Caixa Forum, con cambios de colores, decorados y elementos que hacen que (literalmente) entres en la narración.

Penetramos caminando por calles y salones en los que nos van desgranando diversos aspectos sociales y culturales que van mucho más allá de la simple obra artística expuesta. Nos muestra y nos cuenta un tiempo histórico y una manera de concebir el arte desde los diversos elementos que tuvieron importancia en la inspiración o creación artística de un París que se llenó de incoherentes -así los llamaban-, los cuales reflejaban la sociedad dual, de las apariencias, la sociedad burguesa hacia la sociedad pobre que garantizaba la vida y el ocio de las acomodadas. Y en esta intersección se encontraban aquellos artistas, que desde los márgenes crearon su propio universo. La vida, y el arte, era lo que pasaba en medio del ocio y el vicio.

 

La mujer objeto.

Uno de los puntos claves de la exposición son las mujeres. Mujeres pintadas por hombres. Prostitutas, cantantes y bailarinas, burguesas a los cafés e, incluso, enfermas y decadentes. ¡Qué diferencia de las mujeres místicas, Venus y Vírgenes Marías de épocas anteriores!

Enlazado con las mujeres, contaban con uno de los elementos socializadores, también de la hipócrita burguesía, que fueron los cafés y teatros, con el espectáculo estrella del can-can. En este sentido cabe destacar una serie de obras que muestran el público que iba. Mujeres también, burguesas acomodadas. En otras obras, en cambio, reflejan la parte oscura e introspectiva del espectáculo, con mujeres que se están vistiendo o desvistiendo -antes o después- es igual, de un espectáculo. No recae la importancia en cuando se hace la acción porque la mirada es la misma, la de mujeres que se saben objeto y se muestran tristes y resignadas ante una vida que no han elegido. Pero al salir al escenario, esto no importará.

Sin embargo esto se explica a través de la aparición de payasos en algunas pinturas, ya que estos personajes, a pesar de tener dibujada una sonrisa, solían estar asociados con la tristeza e, incluso, el alcoholismo. Pero eso no importaba, tampoco. Y además servía para explicar la hipocresía en la que se vivía, y se vive. De todas las obras de la exposición, tal vez haga falta más presencia femenina: la única pintura de la muestra hecha por una mujer es La tiradora de cartas, de Suzanne Valadon. En ella se ven dos mujeres, las únicas que no están sexualizadas, las dos personajes ya no son objetos, sino sujetos activos del cuadro.

 

La avanguardia de la avanguardia.

Marcel Duchamp hizo la famosa intervención en la Mona Lisa en 1919. Pero en 1883 Georges Bataille hizo otra, fumando en pipa y dando el disparo de salida a los precursores de la vanguardia. La vanguardia de la vanguardia: Las Artes Incoherentes, o los incoherentes, un grupo de jóvenes artistas que, valiéndose de la sátira y la comicidad, denunciaban o incidían en la realidad que los rodeaba.

Treinta años antes de los Malevich o los Duchamp, encontramos una sección interesantísima con obras que reinterpretan la Gioconda o cuadros monocolores, todo ello nos demuestra como la experimentación de Montmatre iba mucho más allá de los salones de baile. De como aquellos artistas fueron una transición en más aspectos de los que muchas veces se reivindican. El mismo Toulouse reinterpreta el propio lenguaje fotográfico desde sus dibujos, lo que hasta ahora se encontraba en los márgenes puede convertirse en el centro de una obra pictórica, dejando la escena principal -la bailarina por ejemplo, a un último término o incluso desapareciendo. En definitiva, podía cortar el nombre de lo que se anunciaba en un cartel, podía relegar al margen del artista principal para mostrar otro elemento que formaba, igualmente, parte del universo que pretendía reflejar en ese cartel o dibujo. Es decir, reivindicación de los márgenes de los que provenía él mismo.

 

Periodismo grotesco.

Ahora que desgraciadamente está tan de moda hablar de los supuestos límites del humor, se hace especialmente interesante ver la relación que muchos de esos artistas tuvieron con la prensa escrita y de cómo sus caricaturas, en las que se reflejaban todos los aspectos que estamos comentando, se van mucho más allá de la sátira llegando, sin complejos, a lo más grotesco. El humor, en definitiva, como arma para responder a la realidad.

El ambiente es clave, y la exposición intenta, en todo momento, hacernos entrar en ese ambiente y olvidarnos de que estamos en Montjuïc del siglo XXI para hacernos creer que estamos paseando, a caballo del siglo XIX y XX , por los salones de baile y los oscuros calles del Montmartre. Durante la visita por prescriptores culturales pudimos disfrutar de las cuidadosas explicaciones que son extremadamente recomendables, es decir, si tiene la oportunidad, haga la visita guiada y luego piérdase por las calles y salones de aquel París.

Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre

Gabino Martínez

Guiomar Sánchez

 

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