La cuerda invisible


Català

La cuerda que nos ata a todos. Un lazo invisible que hace que dependamos del dinero. Para comer, para vestirnos, para el ocio y para la cultura, entre otras muchas cosas. Dependemos del dinero y, de paso, del trabajo. Un trabajo remunerado que nos permita -y nos deje tiempo- para la vida social y personal. Si el trabajo, encima, nos gusta, nos llena, nos satisface, mejor que mejor.

Pero ah, no tenemos nada que hacer frente al presente precario que hace que cada vez necesitemos más cosas, pero el trabajo sea cada vez más escasa o injusta. De eso trata La mano invisible, de Tornavís Teatre, que representaron en el Teatro Tarragona el pasado lunes en el marco de la Muestra de Teatro Joven que cada año organiza la ciudad. Nosotros fuimos, y nos sentimos muy, muy identificados.

Los protagonistas son un grupo de trabajadores, mano de obra que son contratados para un programa televisivo, al estilo Gran Hermano, donde los vemos en su día a día, trabajando. Ellos no saben muy bien qué hacen allí, más allá de realizar las tareas que les encomiendan (tampoco saben a ciencia cierta quién es o son los fines de este supuesto programa/empresa), un poco como el Show de Truman. Que tienen espectadores, de eso sí que son conscientes.

Entre ellos se ven, también. Se conocen. Hablan del trabajo. De los trabajos. Y la hacen, el trabajo. Sobre todo son mecánicas, repetitivas. El carnicero, el albañil, la telefonista, la camarera o limpiadora. Todos ellos interactúan y trabajan, se comunican a las horas de descanso, reflexionan en torno del trabajo, de si vale la pena, de si les gusta o es que, como a menudo ocurre, el miedo los atrapa en un trabajo que no quieren.

El miedo a descubrir cosas nuevas, al cambio. La decepción laboral que tragas a cambio de un trabajo estable. De eso hablaba precisamente el escenario: los símbolos. El ámbito escénico casi vacío. La cuerda como elemento central: ayudante escenográfico, decorativo y metafórico, como los engranajes del trabajo que nos aprietan, y nos estrangulando.

Se trata de una especie de Esperando a Godot, en cuanto a esta parálisis existencialista. Esperan, pero no saben a qué, o quizás sí, a recibir órdenes de algún jefe que no sabemos quién es ni dónde está. Todo ello mezclado al estilo de la literatura dist`ópica de George Orwell. De hecho es una adaptación de la novela La mano invisible (2011) de Isaac Rosa, bajo la dirección de Eloi Isern.

A nosotros también nos ha hecho reflexionar. Sobre lo que queremos y qué no queremos. ¿Un trabajo que nos llene? ¿Que se acerque a lo que hemos estudiado? ¿Un trabajo con buen sueldo? ¿Con muchas vacaciones y días libres? ¿Un trabajo con un horario flexible? Ellos se lo preguntan, mientras las cámaras del supuesto programa les va grabando, mientras los espectadores del teatro los observamos, y reflexionemos.

Salimos del teatro, también, con el miedo de pensar si, como a menudo ocurre, el miedo nos atrapa en un trabajo que no queremos.

Guiomar Sánchez Pallarès

P.S. Las fotos, sí, son un desastre. ¡Perdonadnos!

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