Los huevos de Peter Carl Fabergé


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Todos sabemos de la importancia del huevo durante la Pascua, símbolo de la resurrección de Jesús en el Cristianismo. Aunque nosotros no tenemos tradición de pintarlos, y únicamente hemos pasado de comerlos hervidos a comerlos de chocolate, lo cierto es que en otros países, pintar y decorar los huevos de Pascua es una parte importante de la celebración de esta festividad.

Antiguamente, durante las semanas de ayuno en el tiempo de la Cuaresma en las que no se podía comer ni carne ni huevos, estos se hervían para que aguantasen hasta Pascua. Entonces se pintaban con diferentes colores para saber cuales eran los viejos y los nuevos.

Imatge 1: Peter Carl Fabergé

Con el tiempo y el ingenio de muchos, este acto meramente practico de conservación de los alimentos se fue transformando en arte decorativo hasta incluso llegar a la joyería. El artista que protagoniza el artículo de hoy, Peter Carl Fabergé, es conocido precisamente por sus huevos de Pascua, piezas de joyería de alto valor artístico conocidos también como huevos de Fabergé.

P. C. Fabergé nació en San Petersburgo en 1846, descendiente de hugonotes que habían huido de Francia hacia el este de Alemania después del edicto de Nantes (1685). Su padre fue el que fundó la empresa de joyería en San Petersburgo, que más tarde él mismo heredaría y seguiría dirigiendo. Su madre era hija de un pintor danés, por lo que en este caso se puede decir que ya llevaba el talento en los genes.

Educado en diferentes escuelas alemanas (Dresden, Frankfurt, Hanau, …) durante sus estudios tuvo la ocasión de viajar por toda Europa, de donde aprendió los diferentes estilos artísticos de su época y de épocas anteriores.

Tanta era la fama de la empresa que incluso llegaron a diseñar joyas para la realeza del momento, tanto de la casa de Inglaterra como para el Zar de Rusia. Fue precisamente después de regalar un huevo de Pascua a la emperatriz de Rusia, que el propio Zar encargó a la empresa que cada año hiciera uno nuevo, dada la buena acogida que el regalo tuvo por parte de su esposa.

A partir de 1887, el Zar dio total libertad a Fabergé para diseñar y acabar sus huevos de Pascua, el único requerimiento era que cada huevo tenía que ser único y contener una sorpresa. Una vez muerto el Zar Alejandro III, su hijo Nicolás II no solo siguió con la tradición sino que la amplió, pidiendo que en vez de uno fueran dos los huevos entregados: uno para su madre y otro para su esposa. Estos huevos de Pascua se conocen hoy en día como los “huevos de Pascua imperiales o del Zar”.

En total se producieron 50 piezas hasta la revolución de Octubre, cuando la completa dinastía de los Romanov fue ejecutada y los huevos fueron confiscados por el gobierno interino. Los dos últimos huevos no llegaron a entregarse a la familia real y la empresa de Fabergé fue nacionalizada.

P. C. Fabergé abandonó Rusia después de la nacionalización y parece que nunca pudo recuperarse de las consecuencias que para él tuvo la revolución. La casa Fabergé, con sede no solo en San Petersburgo sino también en Moscú, Odessa, Kiev y Londres produjo más de 150.000 objetos entre 1882 y 1917.

Rosa M. Torrademé

Bibliografía:

[1] http://www.faberge-museum.de/show.php?chronicles=6

[2] https://www.faberge.com/the-world-of-faberge/the-imperial-eggs

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