Arquitectura sobre lienzo


Català

Llegamos al Museo Nacional Público de Bellas Artes de Argel casi por casualidad, nuestra intención era la de perdernos por el Museo de Arte Moderno, pero se encontraba cerrado por el típico cambio de colección que sufre todo buen museo contemporáneo. Aquel pequeño imprevisto, pues, fue lo que nos hizo reconsiderar la visita a uno de los museos, que por falta de tiempo, había caído de la lista. El continente de este era el esperado, un edificio colonial al final de los jardines de Essai, eso sí, como también era de esperar las vistas desde sus terrazas sobre la bahía de Argel, bien valían pasar un rato bajo el intenso sol de una mañana de agosto.

En este artículo no nos detendremos en las obras habituales de un museo a caballo de los siglos XIX y XX, con sus autores estrictamente franceses, con sus Courbet, Matisse, Monet, Pissarro o Renoir, sino que destacaremos la elegancia y el acierto de esta colección con la aparición, casi imperceptible de obras, entre otros, del artista local Souhil Bel Bahar, o bien de artistas contemporáneos como Baya Mahieddine, Khadda Mohamed o Zoubir Hellal Mohamed, por poner algunos ejemplos de nombres argelinos que cuelgan sus obras de tú a tú con los artistas que salen en nuestros libros de arte occidentales.

Más allá de la colección permanente, lo que al final hace despuntar un museo es el acierto con las exposiciones temporales. Para entonces había dos, una del artista Cherrih Djazia y otra de Marta Banaszak. Y es en esta segunda donde nos queremos detener. Su exposición despertaba el interés y la curiosidad habitual de lo que te es familiar pero que está presentado desde una mirada diferente. Banaszak, polaca que pasó su infancia en la ciudad mediterránea en la que nos encontrábamos, presenta un trabajo que bajo el título de arquitectura islámica le da la vuelta a mezquitas de todo el mundo islámico, y lo hace manteniendo la esencia de un arte que principalmente juega con la geometría y el color. Y juega hasta el punto, en el que aparece arquitectura civil, de un centro comercial de Dubai. ¿Nos está diciendo demasiadas, o muchas, cosas? Seguro.

Subir una tonalidad, simplificar la gama de colores, ponerla más extrema y mirando desde abajo, desde el lado y desde arriba. Poner una mezquita (y no sólo) de aquí y de allí. Este es el juego de una exposición temporal en la que aparecían mezquitas de Pakistán, de Egipto o Azerbaijan. Todas ellas representaban un mismo hilo conductor, pero eran presentadas de forma camuflada y destacando lo que las hace reconocibles boca abajo.

En definitiva, este fue uno de esos museos que por razones casuales permiten justificar una escapada a la que (desde donde escribo) es la capital más cercana que tenemos, aún, que nos empujamos a que todo lo que quede en el sur del Mediterráneo sea, intencionadamente, lejano. Uno de esos museos, además, que por el continente, la ubicación, el contenido y la elección y ubicación de las obras, te cuenta, también, la historia de Argelia del siglo XX.

Gabino Martinez Muñoz

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