Auschwitz. El imperativo de recordar.


Català

El museo de Auschwitz-Birkenau ha puesto en marcha por primera vez una muestra itinerante donde se explica la historia del campo de concentración y de exterminio nazi a la ciudad de Oświęcim entre los años 1940 y 1945.

La exposición “Auschwitz: No Hace Mucho. No Muy Lejos.” ha hecho su primera escala en Madrid, donde permanecerá hasta finales del mes de junio de este año. Esta muestra elabora todo un recorrido histórico partiendo del contexto económico y social de la ciudad polaca, pasando por la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles, la crisis económica alemana hasta el ascenso de Hitler al poder; así como la persecución social, económica y política judía y de otras minorías y miembros de otras formaciones políticas; o el programa de eugenesia Aktion T4. El núcleo de la exposición, que cuenta con más de 600 piezas originales, se dedica a la historia del campo, desde su creación hasta la vida entre barracones, los traslados masivos de mujeres, hombres y niños al campo, los trabajos forzosos y la evolución del método de asesinar en masa -con reminiscencias de la primera guerra mundial- que llegó a escalas industriales.

En esta exposición toman un papel protagonista los testimonios personales y materiales de las personas que fueron cautivas del campo de concentración de Auschwitz. Se exponen materiales audiovisuales, dibujos y documentos que muestran relatos personales de esta experiencia vivida en primera persona. A pesar de la cantidad de material que ofrece la muestra, esta no nos puede dar cuenta de la dimensión de los hechos que se dieron durante la represión nazi.

Y es que el testimonio último de esta experiencia es justamente ese del que no existe testimonio: la persona víctima de las cámaras de gas. Podemos hacer reconstrucciones sobre como eran estas cámaras y sus antesalas, recoger fotografías de los crematorios, recoger los testimonios de los mismos prisioneros que participaban en este engranaje de muerte, pero no podremos contar con un testimonio en primera persona sobre el último peldaño de la estructura del horror nazi, el momento en el que se cerraba la puerta blindada y de repente se apagaban las luces. Primo Levi, en su libro “Si esto es un hombre”, explica que su relato como testimonio no puede recoger estas experiencias no vividas. Este superviviente italiano puede explicar su experiencia en el campo desde su internamiento, como vivió el abandono del campo por parte de las SS debido a la proximidad de las tropas soviéticas y también su posterior liberación, pero no puede recoger la experiencia de ser en una cámara de gas debido a su condición de superviviente.

Imatge 3: “Sense Paraules”, de Zinovii Tolcatchev (1945). Artista i membre de l’exèrcit roig, va participar de l’alliberament del camp d’Auschwitz.

El paso del tiempo es inexorable para todas las personas, por lo que estas personas testimonios van desapareciendo a pesar de que sus obras y testimonios puedan quedar plasmados en un soporte que los haga más duraderos. Si esta generación va disminución, ¿para qué recordar lo que pasó? ¿Por qué resulta importante la memoria de estos testimonios? ¿Por qué es importante que recordemos nosotros?

Para responder estas preguntas hace falta utilizar el concepto de post-memoria, acuñado por Marianne Hirsch. La post-memoria es el concepto que explica que, a pesar de que las generaciones posteriores no han convivido en la misma línea temporal que los hechos, la existencia de estos hechos históricos impregna la memoria colectiva y el ADN de la sociedad europea occidental y obliga a que convivamos con eso; dado que la post-memoria actúa como cadena de transmisión intergeneracional de los efectos y consecuencias de los traumas, el pasado continua teniendo presencia en nuestra identidad y nos obliga a posicionarnos enfrente esta memoria heredada.

Esta obligación ante la memoria se debe entender desde su vertiente ética: la memoria es también un ejercicio de revisión y de reflexión ante los hechos objetivos históricos del pasado, que nos permite emitir un juicio de valor sobre eso que va de “malo” o “bueno”, eso de lo que nunca nos arrepentiremos de volver a hacer y de las cosas que nunca más tendríamos que repetir. En definitiva, es un ejercicio de responsabilidad, de comprometer el presente con la reflexión sobre los actos humanos que llevaron a Europa a presenciar uno de los capítulos más negros de la historia.

“[…]
Hoy todos saben
saben ya de hace años
que ese puntito del mapa
es Auschwitz.
Eso es lo que saben
y piensan
que saben todo lo demás.”

Charlotte Delbo, «Gracias a los otros» (1965)

Foto portada: Entrada del campo de concentración de Auschwitz. Font.

Esther Garcia

Traducción del catalán: Rosa M. Torrademé

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