El Teide y la mitología de los aborígenes canarios


Català

Los volcanes tienen una magia especial, no sé si será porqué nos proporcionan un agujerito por donde descubrir lo que se esconde debajo de nuestros pies o quizás por la brutalidad y la fuerza descomunal que la naturaleza es capaz de mostrar a través de ellos. No sé como os imagináis el infierno vosotros, pero para mí no sería una cosa demasiado alejada del paisaje que debía tener la Tierra en sus primeros millones de años de vida, con multitud de volcanes en erupción.

Antes de que los geólogos y vulcanólogos nos explicasen qué es un volcán, como se forma y a qué es debido que entre en erupción, muchas civilizaciones supieron (y sufrieron) en primera persona lo que significa tener uno cerca. Pompeya, Hawaii, Indonesia, Islas Canarias son solo algunos ejemplos. Hace poco un amigo medio napolitano me comentaba su teoría sobre la influencia de los volcanes en la gente que vive cerca de ellos con el ejemplo del Vesubio. Decía que en parte parece como si los napolitanos vivieran con tanta fuerza el presente porqué saben que su ciudad puede desaparecer en cualquier momento.

Probablemente no podremos demostrar nunca esta teoría pero lo que sí se puede ver es la influencia que los volcanes han tenido en la mitología popular, concretamente en este artículo, el papel fundamental que el Teide jugó en la construcción de la mística de los antiguos pobladores de la isla de Tenerife.

Añaterve, mencey de Güímar (José Abad – 1993) (maturum) by maturum (flickr). Font

Vivir en una isla ya es de por si limitante, una superficie de tierra rodeada por la inmensidad del mar, prácticamente desconectada del resto del mundo, y si además tiene una montaña de más de 3.700 m pues es incluso comprensible centrar muchos de tus pensamientos en ella, sobretodo si vives en los tiempos de Platón y Sócrates (o incluso antes) donde medio mundo todavía está por “descubrir”.

El Tenerife prehispánico (anterior a 1496) estaba poblado por diferentes tribus provenientes del norte de África (bereberes) y se les conoce con el nombre de civilización Guanche (hay que enfatizar aquí que este nombre se refiere únicamente a los pobladores de la isla de Tenerife). Se trataba de una sociedad ganadera y jerarquizada, y territorialmente dividida en nueve zonas gobernadas por la figura de un Mencey.

A parte de algunas peculiaridades específicas de cada isla, las creencias de los aborígenes canarios en general presentan una estructura bastante uniforme: adoración de una única deidad suprema que se desdobla dualísticamente en el Bien y el Mal por una parte, y entre masculino y femenino por otra. El Bien (Abora, Acoran, Eraoranhan o Achamán en Tenerife) coge forma masculina en un padre ancestral, a quien se le asocian los picos de las montañas, el cielo y los menhires de formas fálicas, adorados únicamente por hombres; y forma femenina en la figura de la madre ancestral Moneiba, deidad conectada con la tierra, las cuevas y las fuentes, y adorada por mujeres.

El Mal estaba representado por Guayote (también Guayota), cuya morada era el Teide y los otros volcanes isleños. Este ser maligno toma la forma de perro oscuro (en El Hierro y la Palma recibía un nombre diferente: Hirguan e Irune respectivamente). Según explicaba Fray Alonso de Espinosa en su “Historia de Nuestra Señora de Candelaria” (uno de los primeros documentos históricos de la isla de Tenerife):

“Con todo esto conocían haber infierno, y tenían para sí que estaba en el pico de Teide, y así llamaban al infierno Echeyde, y al demonio Guayota”.
Representación de la leyenda de Guayota al parque natural del Teide. Font

La leyenda dice que Guayota que vivía en Echeyde (nombre original del Teide) secuestró al dios de la luz y el sol Magec y se lo llevó al interior del volcán, dejando la tierra inmersa en tinieblas. Los Guanches entonces pidieron clemencia a Achamán, dios supremo, y éste, después de una gran batalla con Guayota, consiguió derrotarlo y sacar a Magec del Teide, taponando el cráter con el llamado “pan de azúcar”, nombre con el que se conoce el cono del pico, normalmente cubierto de nieve. Desde entonces Guayota permanece en el interior del volcán.

En muchos tubos volcánicos del Teide se han hallado restos de ofrendas y vajillas con alimentos, por lo que se piensa que los Guanches hacían ofrendas a Guayota para aplacarle la ira.

Este es solo un ejemplo de la importancia del pico en la mitología de los aborígenes tinerfeños, si queréis profundizar más en mitos y leyendas de las islas Canarias, os recomiendo la entrada de este blog.

 

 

Foto de portada: Cráter del Teide. Fuente

Rosa M. Torrademé

Otros artículos de Rosa:

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

w

S'està connectant a %s