Subversión y sumisión. La sub-cultura en los países árabes hoy


Català

Una posible respuesta a si el arte, la cultura y el humor se han convertido en herramientas de contestación política después de la “primavera árabe”

La visión que una persona europea, occidental, tiene de la cultura se ha basado siempre en un prisma muy restrictivo. Son muchos siglos de mirar el mundo desde el eurocentrismo y especialmente ha sido en lo cultural donde su triunfo ha sido más absoluto. Las referencias culturales de ayer y hoy, las corrientes artísticas, las etapas culturales, absolutamente todo lo miramos desde la perspectiva que siempre ha sido eurocéntrica, y que hoy es occidentalcéntrica. También, con respecto al comisariado de exposiciones y visionados artísticos provenientes de los países árabes, cayendo sistemáticamente en los mismos estereotipos. En este caso, sin embargo, hablaremos del papel de la cultura, de las artes, en los países árabes, especialmente después de lo que se han llamado primaveras árabes, y que para agilizar el relato así las llamaremos.


Hablar, pues, del arte de la cultura, pero incluso del humor en el mundo árabe es hablar de muchas cosas. Hemos titulado el artículo jugando con el prefijo que liga las palabras subversión y sumisión, en tanto que como en todas partes, existe el arte del régimen que también juega su papel después de las grandes movilizaciones. Así hablaremos de las artes y las culturas que huyen de la sumisión, pero también de las que se sitúan junto al poder.

Antes de entrar propiamente en materia, vale la pena destacar que con la primavera árabe no empieza la contestación per se, sino que aquella oposición que ya existía, explota y se posiciona como un actor activo en el contexto contestatario, aumentando y consolidando su papel. Hay que entender, al mismo tiempo, que nos basaremos en ejemplos de países con contextos, que a pesar de etiquetarlos como países árabes y de haber compartido, supuestamente, “una revuelta”, la realidad es que son muy diferentes entre ellos, como lo fué el propio desarrollo de las primaveras árabes. Así, partiendo de esto, lo que trataremos de hacer en las siguientes líneas, es mirar como se ha modificado el paradigma cultural subversivo. No haría falta comentar que gran parte de los artistas, escritores o directores de cine ya hacían sus creaciones muchas veces bajo regímenes autoritarios y conservadores, en los que hablar de temas sociales, políticos o sexuales ya era toda una declaración. Incluso podemos afirmar que algunos grupos musicales, aunque por sus letras no tengan mensaje, se puede considerar que por el tipo de música, por género o por condición sexual de sus cantantes, ya hacían, y hacen, mensaje político.

El ejemplo de Túnez, en tanto que en muchas ocasiones se presenta como el único país en el que la primavera árabe tuvo cierto éxito, puede ser interesante para entender como la frustración que se produce por la vía política se puede canalizar por la vía artística. Así, nos encontramos con una generación joven -que fue la primera en salir a la calle- que se siente aún muy lejos de un sistema, que en la práctica, los ha dejado de lado, con formas antiguas y un paro juvenil demasiado alto. Un buen ejemplo de esto es el colectivo Lab619, el cual, mediante el cómic, las viñetas, presentan un discurso que se atreve con temas que hasta ahora la política les sigue considerando tabú, como es la sexualidad. Este elemento no es único, en otros países como Egipto, el cómic también está siendo clave para denunciar aspectos como el acoso sexual que sufren muchas mujeres en este país, y se han consolidado proyectos nacidos, a priori, como modestos en este campo, como la fundación Mazg.


El cómic, hace años que tiene presencia en los países árabes (el primero fue publicado en los años cincuenta en el Líbano), pero ha sido en las últimas décadas cuando éste se ha convertido en una herramienta mucho más fiable de análisis de la realidad que según qué crónicas de la prensa local o occidental. Más allá del contenido, habría que destacar la calidad del propio producto. Así, las primaveras árabes le han dado impulso, ya que permite acercar el mensaje a más público que otras disciplinas culturales o vías políticas. A pesar de las dificultades que tiene la distribución en papel y la cobertura real que tienen las redes sociales, a través de las cuales se han viralizar, tampoco debemos despreciar la difusión real que tienen. De hecho, esta dificultad se ha tratado de corregir, principalmente, a través de las publicaciones y revistas colectivas que han proliferado en los últimos años. La contestación y subversión del movimiento del cómic, además, hay que explicarlo por otros elementos que son diferenciales con la tradición ninotaire occidental, en tanto que encontramos un porcentaje muy superior de mujeres al que estamos acostumbrados en esta disciplina artística.

La propagación y éxito entre la gente joven de los cómics, ha hecho, incluso, que autores y organismos busquen en estos, un arma contra el terrorismo. Es decir, los cómics también pueden crear imaginarios que hagan de contrapeso a esa idea del terrorista como personaje épico. Por ejemplo, la distribución en escuelas de zonas rurales y conservadoras de cómics como los del jordano Suleiman Bakhit dio a sus jóvenes nuevos referentes heroicos. Es el uso oficial del arte subversivo. En este discurso contra el terrorismo también juegan un papel importante las viñetas en las que se ridiculiza la vida terrorista. Programas en televisiones públicas de Irak o Palestina, por ejemplo, han contado con sketches en los que se parodiaba desde sus inicios en Pretendido Estado Islámico, con la intención de ridiculizarlo. Es decir, el humor también se ha convertido en una herramienta para contrarrestar un discurso que ha intentado hacer fortuna sobre una juventud que se ha sentido abandonada, después de las revoluciones, por los nuevos regímenes, o que directamente sufre los efectos de la guerra. El humor, además, podríamos decir que ha servido como ariete para consolidar el cambio que estamos tratando de explicar, en el que las televisiones también han comenzado a ser más valientes con sus propuestas. Un buen ejemplo de ello es la serie estrenada en Ramadán de este año (2017) en la cadena MBC, en la que el Pretendido Estado Islámico era el protagonista. Es decir, ya no sólo es a través del humor, sino que también se utiliza el guión, la realización y la producción audiovisual con la intencionalidad de darle la vuelta discursos “épicos” que también utilizan tácticas cinematográficas.

La cultura siempre ha sido un arma política, en tanto que es utilizada por el poder para trasladar mensajes a la política interna y externa. Es la cultura que tiene presupuesto. En esto, los gobiernos árabes no son una excepción. Vale la pena destacar cómo en este sentido la estrategia seguida desde algunos países de la Península de Arabia, los cuales, han tratado de contrarrestar esa “admiración” occidental hacia las revueltas a priori democráticas de 2010, adoptando una idea cultural occidental , pasada por el filtro de sus propios regímenes. Un buen ejemplo de ello ha sido la inversión de Qatar, este estado ha apostado por ser mecenas de arte contemporáneo árabe, que no sólo le ha permitido abrir centros de reproducción artística allí, sino que también ha producido exposiciones y muestras que han viajado por Europa, favorecidas por grandes compañías europeas, como Looking at the World Around You. Contemporary Works from Qatar Museums, que llegó a Madrid de la mano del Banco Santander. En 2011 también fue la primpoli232era edición de la bienal artística de Abu Dabi, por poner otros ejemplos, como la fuerte inversión hecha en los Emiratos Árabes Unidos con el fin de implantar estructuras culturales especializadas. Esta estrategia, busca, a diferencia del arte subversivo, dar cobertura al poder, legitimar su liderazgo regional y mundial, a la vez que estrecha lazos con las élites occidentales a través del mecenazgo artístico. Situando, así, a los artistas más contemporáneos, como aquellos que legitiman el poder, en lugar de cuestionarlo.
Vale la pena destacar la excepción de Arabia Saudí, la que se ha centrado en lo que ya les otorga prestigio y dinero: la religión. Justamente este hecho, sin embargo, hace que en Arabia Saudí exista uno de los panoramas artísticos alternativos más interesantes en la Península, una cultura que surge de una generación joven, cercana a las élites, en una sociedad que no les permite expresarse libremente en otros campos, y que ve una vía de salida en el arte contemporáneo, el cual, sin embargo, no interpela a la masa. Así pues, vemos como en los países de la Península de Arabia, el arte contemporáneo está ligado a los poderes o las élites.


El arte también es un arma de guerra. Cuando hablamos de la Siria post-primavera, hablamos de una Siria en guerra. Seguramente la mayoría de las referencias que tenemos entorno al papel del arte en la guerra siria es de la destrucción de yacimientos arqueológicos, los ataques del Pretendido Estado Islámico en Palmira o el Museo Arqueológico de Irak, supusieron una auténtica conmoción en occidente. Pero más allá de esto, hay que destacar el hecho de que la mayoría de los artistas contemporáneos que estaban activos en la Siria antes de que comenzara la guerra, actualmente se encuentran en el exilio (especialmente en el Líbano y Alemania), desde donde han sido altavoz para denunciar la situación que se vive en estos momentos en su país.

Justo antes del estallido de las primaveras, cabe destacar que muchos críticos árabes, ya teorizaban sobre la internacionalización de un arte hecho por unos artistas jóvenes que cada vez dejaban más atrás la preocupación por la identidad, explorando, así, nuevas vías y técnicas creativas. El arte árabe, sin embargo, se ha encontrado problemas internos y externos, como la misma participación de artistas árabes en certámenes internacionales, la cual ha ido acompañada de obstáculos constantes que han impedido un diálogo artístico entre iguales. Y eso también es necesario que lo tengamos presente para entender el cambio de paradigma.

En estas líneas hemos tratado de ver cómo la cultura juega varios papeles tras la primavera árabe: como elemento subversivo, como elemento sumiso para vender un supuesto poder moderno, o como arma o grito de guerra. De esta manera, podemos decir que después de las grandes movilizaciones, a través de disciplinas artísticas y culturales, se ha ido canalizando parte de las frustraciones que supone el hecho de que no se hayan dado las respuestas inmediatas que se buscaban (en algunos casos se ha llegado al conflicto armado, en otros se ha devuelto a regímenes autoritarios, etc.). A esto hay que sumar el hecho de que ciertos temas siguen siendo tabú por los medios de comunicación, partidos y gobiernos. Una censura política que se trata de contrarrestar utilizando las disciplinas artísticas y el humor, siendo estas uno de los canales principales para expresar todo aquello de lo que no se habla en la esfera pública reglada. Porque una cosa está clara, después de las primaveras árabes, la juventud, y el resto de la población, han alcanzado nuevas cuotas de contestación política, independientemente del resultado de las mismas, que han instalado en gran parte de la población una idea que todo parece indicar que permanecerá por tiempo. Además, también hemos visto como a través del arte, la cultura y el humor, empoderan aquellos sectores que han sido, o que siguen estando, los márgenes de los cambios y de los poderes.

Las primaveras árabes, pues, no inventaron la cultura subversiva en los países árabes, pero sí que la han consolidado y la han elevado como una herramienta clave para la contestación política y social.

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