Sherezade y las princesas activas


Català

Había una vez, en un reino muy, muy lejano… princesas desvalidas, dormidas, con problemas, que buscaban incansables el amor. ¿Pero cómo lo hacían? Pasivamente, es decir, de ninguna manera.

Aquí, en Occidente, se nos han explicado mil veces cuentos, leyendas y narraciones míticas que a menudo tienen mucho que ver con la moral, digamos así, un poco azucaradas. De hecho, si se indaga un poco, con los cuentos de los hermanos Grimm, por citar los más conocidos, veremos que las historias son algo más dramáticas y bizarras. Aquí podéis ver algunos ejemplos de como la Bella Durmiente, la Bella y la Bestia o la Sirenita, entre muchos otros, eran cuentos casi fantasmagóricos.

No hay que olvidar, sin embargo, que todas estas historias que hoy en día encontramos atuoría en los hermanos Grimm, Perrault, o incluso las fábulas de Samaniego, no son más que recopilaciones de los cuentos orales que se transmiten de generación en generación, pues, como una especie de explicación de la vida -a la manera mitológica- pero sobre todo moral y social.

No intentes cambiar a nadie. Limítate a iluminar … porque es tu luz la que invita al otro a cambiar, que en estos tiempos extraños, en que elegiste volver, tu tarea, compañero, no es otra que la de “ser”

Sherezade.

¿Qué pasa, pues, en otros lugares del mundo? Hace poco leí L’harem occidental de Fatema Mernissi, socióloga y escritora marroquí. En el libro, entre otros aspectos también muy interesantes que otro día ya comentaremos, presentaba las diferencias entre las figuras femeninas en los cuentos tradicionales de su Oriente natal y Occidente, que empezaba a conocer.

Sherezade y el dragón

Había una vez un pueblo gobernado por un rey malvado, Xahriar “altivo descendiente de la dinastía sasánida” (persas de Oriente Medio), que desvalido porque su primera esposa lo engañó con un criado, decidió matar a todas las mujeres con las que se casara de ahora en adelante.

Odalisca con esclava. Auguste Ingres, 1839 Fuente: ArteHistoria

Así, más o menos, es como empiezan las Mil y una Noches, donde la joven Xahrazad (Sherezade) decide ella solita solventar el problema. No comienza exactamente así, pero el trasfondo es este. Un déspota rey que mata ferozmente y sin tregua, igual como el dragón de San Jordi. Lo comparo con esto porque, de hecho, tiene mucho que ver: se trata de una población donde cada vez hay menos gente. Xahriar se casaba con doncellas vírgenes y al amanecer las ordenaba matar; muchas familias decidían marcharse, por lo que el caos social debía ser bien palpable. Sherezade es una joven virgen que decide ella misma casarse con el rey para que esto no pueda continuar así, y ella cree que lo puede arreglar, con su intelecto. Ella misma es una especie de San Jordi, y no sólo eso, aquí se extrae una subtrama política en la que se intenta devolver la paz social a través del diálogo y el intelecto, porque ella realmente cree que podrá ser liberada, y con ella la servidumbre del pueblo. ¡Y lo consigue! Esta es la parte que, desgraciadamente, no llegó a Europa.

La mente como arma erótica, la sensualidad erótica e intelectual, lo que desapareció en las primeras traducciones al francés; cuando Sherezade llegó a Occidente la despolitizaron, la acallaron y quedó únicamente la parte sexual, física; y los cuentos. Lo que ella hacía era hablar y hablar con el rey, explicarle todos aquellos cuentos con un trasfondo de moraleja, y le iba cambiando poco a poco la percepción de todo lo que estaba haciendo. En palabras de la Fatema Mernissi “Este hombre no buscaba sexo, buscaba un psicoterapeuta” y es cierto, finalmente él sana (recordemos que en el fondo era un trauma porque su mujer le había engañado -macho herido- con un criado -terrible pecado social) y la población vuelve a la normalidad. De hecho es un mensaje claro de paz: cuando el cautivo y el captor pueden hablar, dialogar y establecer un pacto se puede llegar a consenso.

Las mil y una noches lo escribe el cuentista árabe Abu Abd-Allah Muhammad el-Gahshiga durante el siglo IX. Se dice que fue traducida de una versión anterior de procedencia índia, llamada Hazar Afsaneh (Mil leyendas), pero ya sabemos que, en cuestión de tradición oral, podemos encontrar mil versiones y mil autores.

La agresiva Shirin busca el amor

Este es el título de uno de los capítulos de El harén occidental, donde nos cuenta la historia de la princesa Shirin, en la historia de Khusraw y Shirin. Era una princesa persa que estaba recluida en un harén. Una noche Khusraw, hijo del emperador sasánida, sueña con Shirin, y se enamora perdidamente, por lo que decide salir a buscarla. Durante semanas cabalga y pregunta por ella, por lo que ésta se acaba enterando y, en lugar de quedarse en el harén esperándole, decide salir a buscarlo. De esta manera tanto ella como él recorren países y viven aventuras, hasta encontrarse finalmente. Esta es una de las representaciones más famosas de los miniaturistas persas, entre los siglos IX hasta casi el XVIII.

Escena donde Shirin se baña i es descubierta por el príncipe, que no la reconoce. Miniatura persa, S. XVI. Fuente: Wikimedia Commons

 

Vemos como la imaginería musulmana representa unas mujeres fuertes y valientes, activas e intelectuales, que desencajan un poco con la imagen que aquí en Occidente solemos tener de nuestras propias princesas legendarias. La princesa Shirin sale a buscar su amor, Sherezade también decide ella misma su destino, son heroínas activas que desafían a su presente para un futuro mejor.


Para saber más:

MERNISSI, Fatema, L’harem occidental, Edicions 62, Barcelona, 2001.

Artículo muy interesante de Una antropóloga en la luna para conocer más sobre Shirin.


Guiomar Sánchez Pallarès

Otros artículo de Guiomar:

 

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