El pan de oro y la construcción de la identidad nacional


Català

El 17 de octubre de 2013 inauguraban la Catedral Ortodoxa de la Resurrección de Cristo, en Podgorica, Montenegro. Nosotros estuvimos.

Bueno, el día anterior, justo cuando hacían las ultimaciones de último momento. Pudimos entrar mientras aún estaban presentes los andamios. Apenas estaba terminada, desde su primera piedra en 1993. El interior, todo decorado a la manera bizantina: dorados, geometría, teselas, etc. Además presenciamos, en directo, como acababan de colocar y pulir el pan de oro en uno de los murales, tal y como si nos encontráramos en la Ravenna del siglo VI.

Quisiera, aquí, lanzar una pregunta: ¿haría falta, en 2013, hacer pinturas con pan de oro como si estuviéramos en la Ravenna paleocristiana? ¿En la Sicilia bizantina? ¿No se puede coger un artista actual? No hay que hacer un drip painting, tampoco -que se podría perfectamente, pero hay millones de maneras de adecuar una pintura católica ortodoxa a nuestros días, de eso estad seguros. ¿Porqué, pues, se deben hacer muros de teselados al modo bizantino? Yo os lo diré: para representar una idea, la historia de un país, y construir, así, su conciencia nacional.

La Guerra de los Balcanes fue en los años noventa, pero aún hoy en día sigue emergiendo de entre la memoria de los conciudadanos balcánicos, y deben intentar enderezarse, lo antes posible, para poder ser aceptados como países plenamente europeos -como si no lo fueran. Cumpliendo el estereotipo ¡otra vez la alteridad! En el caso de Montenegro el ejemplo es mucho más claro, ya que hasta hace poco no era un país independiente, sino que era Serbia y Montenegro -se separaron el 3 de junio de 2006. De modo que, de lo que se trata es de alimentar la identidad nacional rebuscando por el pasado glorioso de una región, la heroicidad mítica como cimentación de una nueva democracia moderna, europea y post-balcánica, diríamos. Así, al igual que la Sturm und Drang alemana miraba el pasado medieval germánico, o la figura del Cid Campeador por una España unida, o la importancia de la obra El Canigó durante la Renaixença; o el ejemplo del mito fundacional que es el Rey Arturo para los británicos. Así se crea un relato que es la narración histórica, poniendo énfasis en ciertos aspectos de la historia de una localidad, región o estado. Se crea, pues, una mitología nacional que estimulará a la gente y, no sólo eso, ratificará y confirmará el derecho a ser país.

  1. Fotografías propias: Podgorica, 2013.

Guiomar Sánchez Pallarès

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