Fortines de época moderna, espacios para repensar


Català

De cualquier lado que se mirara Tarragona, su aspecto era muy triste, no se veían más que murallas, justificadoras de su fuerza, y las torres ó campanarios de la Catedral, de San Francisco y de San Agustín que justificaban su fe. Siempre me acordaré cuando siendo niño, hace más de medio siglo, en 1847, la tristeza que de mí se apoderaba al regresar de paseo con mis compañeros de Colegio, al ver aquellas murallas con aspecto lúgubre, teñidas de color de siglos, me hacía el efecto de una gran cárcel y el corazón se me oprimía

Antoni de Magriñà, destacado historiador y notario tarraconense del siglo XIX, testimoniaba el aspecto de Tarragona hacia 1850: una ciudad triste, vieja, oprimida y encorsetada por las murallas.

Por suerte suya, no llegó a ver los elementos defensivos más espectaculares de la Tarragona moderna (fig1): los castillos del Arzobispo (rojo), el del Patriarca (azul) y el de Pilatos (amarillo) destruidos en 1813 por las tropas napoleónicas cuando abandonaron la ciudad. Seguramente estas construcciones habrían horrorizado aún más a nuestro personaje, pero lo importante es constatar la idea de la fortificación como sinónimo de oposición al progreso y al desarrollo urbano.

fig. 1: Fragmento vista de Tarragona del 1769 por Pau Mutanyà. Publicado en ‘España Sagrada’ en 1770 por P. Florez.

Desde finales del siglo XVIII, todo el XIX y principios del XX el derribo de las murallas se convirtió en un fenómeno generalizado en Europa. La ordenación urbana, los nuevos usos del espacio y la higiene comportaron a menudo la destrucción de centros históricos y la construcción de los nuevos ensanches.
En Tarragona la destrucción de las murallas también fue un evento traumático, y es un hecho ampliamente estudiado por los arqueólogos J.J. Menchon y Jaume Massó, entre otros.
En 1854 comenzaron los derribos, destruyendo muros y portillos ya fueran romanos, medievales o modernos. Este hecho fue criticado por la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense, que consiguió que la muralla romana se declarara Monumento Nacional el 24 de marzo de 1884.

Este hecho no detuvo inmediatamente la destrucción, pero dio un fundamento legal para la protección de este patrimonio. Las agresiones contra las murallas continuaron, como evidencian varias denuncias, por ejemplo la plantación de viña y huertos al Fortín Negro o el uso de las antiguas portezuelas romanas de acceso a la ciudad como almacenes municipales de herramientas y desechos. El derribo de las fortificaciones medievales y modernas continuaron.

Hoy en día lo que nos queda de todas estas fortificaciones es meramente simbólico en comparación con toda su máxima extensión (fig.2). Se salvaron los baluartes de la zona norte y pedazos de muralla que podemos observar si visitamos el paseo arqueológico. La razón de su supervivencia posiblemente es porque era una zona difícilmente urbanizable.
Se conservan también otros fortines aislados, cerrados a cal y canto. Son testigos de la poca imaginación de nuestros gobernantes para darles un uso, así como del poco interés en difundir su conocimiento.

fig.2 Fuente: Tarragona1800

Los más conocidos son los fortines para controlar la playa del Miracle, el de Sant Jordi y el de la Reina (Stuard). Este último fue objeto de diversas polémicas en los últimos años por albergar un conocido restaurante en una zona verde, y con un interior con muy poco criterio histórico, artístico y estético. Otros fortines menos conocidos son los de la zona norte, en el Paseo de Torroja, donde están los de San Pedro, el de Staremberg y el de Sant Jeroni, cerca del parking municipal. Es un área donde los desniveles de terreno son muy importantes y por lo tanto tenían una razón estratégica fundamental.

Debo confesar que el motivo de estas líneas es hablar del Baluarte de Sant Jeroni (fig.3). De los fortines que quedan, es el que presenta un estado de abandono mayor.
Formaba parte de la segunda línea de defensa de la ciudad, y fue construido durante el siglo XVIII en el contexto de la Guerra de Sucesión bajo la dirección del inglés Joan Staremberg. Fue el resultado de una serie de mejoras en adecuar las fortificaciones de la ciudad a las tácticas y el armamento de la época. Está situado en un punto estratégico desde donde se tiene una panorámica espléndida de los barrios de levante, las playas y Terres Cavades.

fig. 3: Vista del fortí de Sant Jeroni l’any 1910. Fuente: http://usuaris.tinet.cat/tarraco/zedadm19.html

A pesar que la construcció estigui catalogada amb la màxima protecció possible (Bé Cultural d’Interès Nacional) a sobre hi trobem un sanatori conegut amb el sobrenom de Casablanca. Va ser construït durant la dècada dels anys 40 del segle passat i operatiu fins el 2009, moment en què la Generalitat el tancà i sobre el que planen moltes incògnites sobre el seu futur. D’aquest fortí se’n conserva la major part del mur exterior (fig.4).

fig.4 : Vista de l’estat actual del fortí de Sant Jeroni. Font: Google Earth

Per desgràcia des de les administracions mai s’ha trobat un ús als fortins de Tarragona; la Tarraco Romana s’ho menjat tot, així aquests espais resten en l’absolut oblit i deixadesa.
Recuperar el fortí de Sant Jeroni per a la ciutat seria una aposta decidida per a tot el barri i la ciutat. Enjardinar l’exterior, enderrocar Casablanca per fer-ne un mirador, projectar cinema a l’estiu i fer-hi concerts, o adaptar-lo per oferir-hi serveis (l’ús que contempla el POUM) però integrada amb la fortificació- sense entorpir la seva comprensió visual – seria una bona proposta de futur.
El paisatge urbà de cada època es va modificant segons els valors de cada societat. A l’edat medieval i moderna el que caracteritzava les ciutats eren els campanars de les esglésies. A l’època contemporània amb la industrialització van aparèixer les xemeneies i a l’edat actual hi tenim les antenes de comunicació i de TV.
En el cas de Tarragona hi hagueren poques xemeneies i molts campanars i canons. Restaurar els paisatge de baluards de la banda est seria una bona manera de recuperar el caràcter d’una ciutat que tant ha deixat de banda la seva història més recent.

Guillem Masalles Arnavat

Foto de portada: Murallas de Tarragona, Wikimedia Commons

Bibliografia:

MENCHON BES, JOAN “Les fortificacions de Tarragona i la Guerra del Francès” a Tarragona i la Guerra del Francès. Conferències 2012-2013. Tarragona 2014

MENCHON BES, JOAN; MASSÓ CARBALLIDO, JAUME. Les muralles de Tarragona. Defenses i fortificacions (segles IIac – XXdc). Tarragona. 1998

PADRE ANDRÉS DE PALMA DE MALLORCA. Las calles antiguas de Tarragona. Tarragona. 1956

SALVAT Y BOVÉ, JUAN Tarragona antigua y moderna a través de su nomenclatura urbana
(siglos XIII al XIX). Ajuntament de tarragona 1961

http://usuaris.tinet.cat/tarraco/edadm19.html

 

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