Oslo en 48 horas


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Oslo (Uslu en noruego), capital joven, jovencísima, del reino de Noruega. Una ciudad en efervescencia urbanística, las grúas sobresalen entre rascacielos de diseño, grises, azules, ventanales por doquier que reflejan el sol del norte, hoy que ha salido. La economía va bien y se nota. ¿Os habéis preguntado alguna vez como se crea una ciudad moderna? Bienvenidos a Oslo.

Con un plan urbanístico diseñado hasta el 2050, esta pequeña ciudad del norte de Europa (454 km², 634 463 hab.) tiene ganas de mostrarse al mundo. Históricamente fundada el 1048 dC por el rey Harold Hardråde ha estado oscilando entre capital y no capital durante muchos siglos hasta establecerse definitivamente como ciudad principal de Noruega en 1814. Recuperó el nombre de Oslo en 1924 ya que desde 1624 hasta entonces había pasado a llamarse Cristiania en honor al rey Cristian IV.

Primer día

Dependiendo del mes del año en que visitéis Oslo, tendréis que ir más o menos tapados, si vais en verano quizás tenéis suerte y os tocan días de sol sin lluvia, pero no os dejéis la chaqueta, que de refrescar refresca. Empecemos el día de camino hacia el parque Vigeland (Vigelandsanlegget, Frognerparken), del cual os hablamos en detalle en otro artículo del Cultius. Des del centro hasta el parque hay unos cuatro kilómetros, así que tenedlo en cuenta si tenéis que coger transporte público. Después de dar una vuelta por el parque, nos encaminamos hacia el museo Vikingo y al museo folclórico al aire libre, situados en una de las zonas más adineradas de la ciudad. El museo Vikingo es pequeño, avisamos, pero solo por los barcos vikingos originales ya vale la pena y el museo folclórico, a pesar de ser bastante artificial (han puesto casas típicas noruegas de diferentes siglos agrupadas en un espacio rural) al menos también son casas en la gran mayoría originales, especialmente la iglesia de madera o Stabkirche von Gol. Comentar que Noruega ha sido tradicionalmente protestante, y las iglesias reflejan extremadamente bien la austeridad de la religión en ser espacios altos, pequeños y cerrados donde la luz entra tan solo por pequeñas oberturas.

 

En acabar la visita de los museos, volvemos hacia el centro de la ciudad a comer. Una vez recuperados podemos pasear por el puerto marítimo para hacer bajar la comida. Una opción es empezar por la ópera y seguir el paseo dirección este. El edificio de la ópera fue inaugurado en 2008 y es un diseño del arquitecto Snøhetta y tiene capacidad para 1.364 espectadores. Después de unos dos kilómetros se llega al museo de arte moderno Astrup Fearnley (lunes cerrado) donde podéis acabar de disfrutar la tarde. Alternativamente se puede visitar el Slottsparken o palacio real.

Segundo día

Empezamos el día al mismo sitio donde lo terminamos, en Slottsparken y vamos bajando por la calle principal Stortingsgata hasta llegar al teatro nacional, inaugurado en 1899, donde podremos ver esculturas de las principales figuras de la literatura noruega como son Henrik Ibsen y Bjørnstjerne Bjørnson, obra del escultor Stephan Sinding. Girando hacia la derecha por la calle Roald Amudsen llegamos al ayuntamiento de Oslo. Un edificio con un hall lleno de escenas de la vida cotidiana noruega y de momentos históricos relevantes del país. Vale la pena visitarlo todo, también los pisos superiores, donde encontraremos diferentes reliquias y habitaciones con muebles de la época.

 

Rehaciendo la calle y siguiendo hacia el norte, a unos 200m encontramos la galeria de arte nacional o Nasjonalgalleriet. Un museo pequeño, donde sin agobiarnos encontraremos lo mejor del arte noruego, desde los inicios hasta figura tan internacionales como Edvard Munch y su famoso grito. Pero también otros autores suecos, alemanes, daneses e incluso algún Picasso. Pasead por el recinto un par de horas para disfrutar de los detalles ya que es un museo muy asequible en términos temporales.

 

Por la tarde se puede acabar de visitar el centro, con el parlamento noruego y la fortaleza Akershus. Si hace buen día, vale la pena sentarse en el punto más alto de la fortaleza para ver como los transatlánticos y otros barcos atracan en el puerto. Con esta imagen, nos es más fácil imaginarnos como debía ser ver llegar a la ciudad barcos mercantes y de guerra de siglos pasados.

Rosa M. Torrademé

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