La herida de los leones deja huella


Català

El pasado 5 de Mayo, Tarragona recibía con honores, y sold out, algo no muy habitual, a uno de los grupos estrella del indie rock en castellano, León Benavente, que regresaban tres años después a esta ciudad.

El motivo era la presentación, metidos en una extensa y exitosa gira, de su segundo álbum bautizado como “2”.

Pocos minutos antes de la hora prevista se abrieron las puertas de la sala, y poco a poco la gente fue llenándola, sin prisa, lo que provocó un ligero retraso respecto a la hora prevista de comienzo, y pocos minutos antes, algún tímido silbido por parte del respetable, denotó cierta impaciencia y ganas, y es que hay que decirlo, había ganas de disfrutar del espectáculo que nos iban a ofrecer.

Así que empezaron fuerte con “Tipo D” demostrando que sí, que es un hit, y la gente  al menos en las primeras filas enloqueció y empezó a cantar desde el minuto cero. Su segundo disco era el leitmotiv del repertorio así que nos deslizamos por “La Ribera” a ver qué se vendía, entre otras nuevas canciones.

También hubo un tiempo para la nostalgia, el recuerdo de cuando apenas llenaron la sala y cantaron “Rey Ricardo”, “Revolución”, aunque Abraham Boba casi se la saltase y quisiese seguir adelante, o una inmensa “Animo Valiente” con el frontman a la guitarra, cosa no habitual, dándole más garra, si cabe, a la canción, y con los inigualables coros del público, provocando las sonrisas del grupo. No es una plaza fácil Tarragona, pero vaya si la supieron conquistar, y hacerse los reyes de la selva tarraconense, y rugir, rugir como si no hubiera un mañana cantando aquello de ahora soy feliz, esto sí que es la Gloria. “Gloria”.

Imagen 4: Luis Rodríguez, tocando un solo.

Así iba volando el tiempo, porque cuando se está disfrutando, el tiempo se evapora, y la gente lo estaba disfrutando, y como colofón, y para cerrar un set list brillante, entre otras nuevas, dos clásicos, ya dos himnos, “la palabra”, y “ser brigada” y ese momento de locura, con Abraham bajando a la tierra, mezclándose con sus fieles, y derramando sudor, palabras y rock a raudales.

Y es que hay que decirlo, porque se dice poco, más maduros si cabe, más fuertes, Abraham más frontman que nunca, ocupando ya su sitio central, lejos quedan esos tímidos inicios en los laterales, sin apenas moverse, ahora sabe que domina el escenario, mira a su manada, les jalea, les hace cantar y  bailar, como si de un rito se tratase, se desinhiben los cautos y se alejan los malos espíritus a golpe de guitarra, garra y saber hacer sobre un escenario.

Claro nos quedó quien manda en la selva, y aún semanas después, sentimos nostalgia de esa noche que Tarragona se rindió a unos leones, y es que la huella de un león queda para siempre, deja huella.

Larga vida a León Benavente.

Lara Álvarez
¡Visita la playlist del Cultius!

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