¿Qué fue de la primavera árabe?


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Las preguntas en la historia, como en la vida en general, no suelen tener una única respuesta, los factores, los contextos, los colectivos, las individualidades, entre muchos otros elementos, acaban incidiendo tanto en los factores como en las variables. En este caso, pues, podemos aventurarnos a dar una primera respuesta a la pregunta, antes de tratar de justificar el motivo, considerando que ese proceso que se llamó la Primavera Árabe y que parecía que derrocaría ciertos regímenes totalitarios en favor de la democracia, pero que por el contrario dio como resultado -de forma mayoritaria- un crecimiento del radicalismo religioso, se produce por varios motivos, y que por tanto a la combinación de un tiempo y de un contexto hay que sumar la intervención de potencias extranjeras por el bien de defender determinados intereses geoestratégicos y económicos.

Vale la pena, pues, que hagamos un mínimo contexto de cómo y quiénes fueron los que empezaron a salir a las calles. En términos generales podemos decir que las protestas y las revueltas se producen porque existían unas condiciones de madurez que permitieron gestar una oposición que estalló gracias a las redes sociales, a través de páginas como “Todos somos Khaled Said” o “El día de la ira” en el caso de Egipto.

Para poder explicar la derivada que tuvieron, es necesario que hablemos de cuáles son los posibles motivos que llevaron a las mismas. Así, nuevamente, hay que hablar de más de un motivo. Por un lado podemos hablar de una situación económica de clara desigualdad en los principales países en que hubo protestas. Pero antes ya se habían producido situaciones que permitían tener los condicionantes suficientes como para que la gente saliera a la calle. En Egipto, por ejemplo, desde la segunda Intifada en Palestina y muy especialmente con la invasión de Irak en 2003, la ciudadanía ocupó la plaza Tahrir de forma reiterada. Protestas que no se quedaron ahí, ya que también fue el inicio del desarrollo de plataformas en favor de la democracia como el movimiento “Kifaya”, el cual ya en 2006 pedía el grueso de las demandas que hicieron reocupar la plaza a 2012 . Pero en medio, hay que destacar que existieron numerosas protestas contra las privatizaciones lideradas por el movimiento obrero que respondía así a las políticas de reajuste. De hecho, es en este periodo, por ejemplo, que se funda el primer sindicato independiente.

museu egipci
Edificio de la plaza Tahrir quemado en 2011

Es decir, el pueblo egipcio, que estamos utilizando de ejemplo en estas líneas, no era un agente pasivo que de vez decide salir a la calle por un Tweet o una página de Facebook ocupando Tahrir, sino que ya existía un clima de movilización del que, seguramente desde occidente, se había menospreciado en general. Es decir, la Primavera Árabe es, seguramente, la que hace descubrir a occidente que existe contestación popular en los países árabes.

Lo que sí fue este elemento, fue un claro punto de inflexión para poner a prueba, y en muchos casos, como en Egipto, para derribar el poder que hasta entonces había sido ocupado por determinadas élites. Pero, ¿quién puede ocupar el poder una vez cae el régimen? La pregunta clave, seguramente es esta, y de hecho esta explica en gran parte, el porqué de este desenlace de inviernos fríos en la mayoría de los casos. Cuando el poder cae, encontramos que hay algunos espacios y elementos que están ocupados por poderes secundarios, como son el religioso o el militar. Así, el primero, tiene estructura, jerarquía, capacidad económica, implicación territorial… En definitiva, tiene la capacidad para crear hegemonía popular, y es lo que ha pasado, por lo que organizaciones políticas islamistas han ganado elecciones o han situado sus reivindicaciones en el centro político. La respuesta a esto ha sido diversa, para retomar el caso de Egipto, teníamos que en este caso había otro contra peso importante: el ejército, el cual terminó con la votación popular para imponer un régimen militar, el cual, sin embargo, no puede tener una línea reaccionaria del todo en el tema religioso, en tanto que es éste el que tiene la hegemonía popular.

De este modo, también podemos asegurar que las revueltas, a pesar de no ser organizadas por los Hermanos Musulmanes, sí las supieron utilizar. Y no es extraño, como comentábamos antes, a diferencia de las nuevas articulaciones políticas de cantos diferentes, la mayoría existentes desde la clandestinidad, los Hermanos Musulmanes son una organización política y religiosa que tenía detrás décadas de existencia y una sólida estructura. Sin embargo cabe destacar que si la sociedad civil quiere convertirse en un contrapeso en sí misma, tiene que tener una alternativa real de gobierno, lo que careció en la mayoría de las revueltas árabes, donde los movimientos populares, no se vertebrar en partidos políticos o organizaciones estables. Aquí podríamos hacer muchos paralelismos, pero para no ir muy lejos podemos entender como en España, es con el 15M, que el PP recupera el poder que había perdido. Es decir, una cosa es la movilización social, y otra, la capacidad para alcanzar el poder político.

Los Hermanos Musulmanes, sin embargo, son, al mismo tiempo, un ejemplo de la heterogeneidad del propio islamismo. Más que nada para romper esta idea generalizada en occidente donde este adjetivo suele ir casi siempre acompañado de la palabra terrorista. En este caso podemos destacar las declaraciones del egipcio Abdelmoneim Abul Futuh, que dejó la organización siendo una de las principales voces moderadas de la misma, en las que se lamentaba que la juventud que se había rebelado veía como el gobierno de Al Sisi le cerraba todas las posibilidades de participación política, lo que hacía que hubiera muchas posibilidades de sentirse atraídos por el extremismo. Lamentando así que «el régimen de Al Sisi es una fábrica de terroristas». Teniendo aquí, una razón más por la que, en este caso un islamismo radical y con derivas terroristas, nuevamente, se aprovecha de la situación, y da una supuesta “herramienta” para canalizar las frustraciones que llevaron a ocupar las plazas.

Paralelamente, el ejército egipcio no se podía mantener a la expectativa, este poder fáctico no sólo tiene una gran influencia y un gran peso interno, sino que recibe una importante partida de financiación a través de los Estados Unidos de América, de tal manera que aquí también vemos como desde el exterior se puede decantar la balanza. De hecho, el breve gobierno de Morsi supuso tensionar la frontera del Sinaí con Israel y Gaza, por ejemplo, una posible explicación para justificar el apoyo económico al ejército que terminó derribando al presidente elegido por las urnas en favor de un militar, un ejército que es el segundo, después del de Israel que más apoyo recibe por parte de EEUU, desde que se firmaron los acuerdos de Camp David.

El caso paradigmático sobre las injerencias occidentales, sin embargo, y para poner otros ejemplos que no sean Egipto, podrían ser Siria o Libia, donde occidente hizo una apuesta clara por cargarse unos líderes, que antes de convertirse en los tiranos dictatoriales , eran recibidos por occidente como garantes de los intereses económicos occidentales y/o de la laicidad. En determinado momento el relato se invierte, abrazando a una oposición que incluía entre ellos grupos que han acabado siendo terroristas, ya sea armando directamente, o a través de aliados occidentales como Arabia Saudí. Siendo, pues, el supuesto occidente “democrático” lo que ha terminado armando a una oposición que, parcialmente, ha resultado ser terrorista. ¿Con qué fin? Nuevamente no hablamos de únicas respuestas, ni las podemos resumir en dos páginas, pero está claro que hay que encontrar explicaciones en intereses económicos claves, como el proyecto del gasoducto que debía atravesar Siria. ¿No había una oposición democrática en Siria para apoyar? Seguramente sí, pero del mismo modo muy probablemente no estaba preparada para ocupar el poder por aquellos aspectos que comentábamos anteriormente, es decir, que la contestación por un lado y la inflexibilidad del régimen que ostentaba el poder por otro, generó una situación de guerra total, que aún dura, y con un occidente y aliados que juegan a más de un bando. Intereses económicos, pues, por encima de cualquier derecho humano, esta es la política de los países que se autodefinen como democráticos en el mundo.

En este sentido, y sin que parezca un inciso, porque estamos hablando de lo mismo, el relato nunca es neutral, por eso también podríamos hablar de por qué hay un primer gran movimiento de masas del que casi nadie habla o no lo sitúan cronológicamente en este imaginario, hablamos del campamento de GDEM Izik. Éste se produjo a finales de 2010 y movilizó a miles de personas en un campamento de la dignidad a las afueras del El Aaiún, la capital ocupada del Sahara Occidental. Mientras escribíamos este texto, precisamente, la justicia marroquí reabría el caso. Ahora mismo 24 personas vuelven a sentarse en el banquillo. ¿Por qué este desaparece del relato de los medios de comunicación? Seguramente una de las explicaciones la podemos encontrar en los intereses económicos de países claves de la UE o los propios EE.UU. con Marruecos.

Generalmente siempre es más fácil encontrar ejemplos remotos para explicar lo que sucede hoy en los Países Árabes como consecuencia de la Primavera. Del mismo modo que en su momento era difícil poder demostrar las injerencias de EEUU en América Latina, ahora nos encontramos con serias dificultades para demostrar el papel de occidente en el ascenso y derribo de ciertos liderazgos islamistas (o en algunos casos terroristas). Así, yendo a metas más lejanas podríamos hablar de una administración Reagan, que recibió con todos los honores a unos talibanes que en aquellos momentos eran presentados como héroes de la resistencia comunista y que acabaron siendo los nuevos Otros, los nuevos enemigos, el terrorismo internacional que permitieron justificar sus incursiones y guerras desde las horas (Afganistán, Irak …).

Antes de acabar, y para hacer un último apunte sobre el laicismo, nos fijaremos un momento en Túnez. En este caso, en el marco de una conferencia organizada en Barcelona por Euroarab. Con motivo del sexto cumpleaños, Arbia Jbeli, presidenta de Free Association, defendía mostrarse satisfecha con el resultado de la constitución en este punto debido a que la nueva constitución define el país como un Estado Civil, mientras que para Rhili Houcine, fundador de la Association Ares, justamente aseguraba que esto era muy criticable, lamentando la presencia de partidos islamistas en su redacción. Es decir, hay que entender la heterogeneidad de las propias manifestaciones de la Primavera Árabe, incluso en el país que muchas veces se pone como el ejemplo donde la misma habría triunfado.

En definitiva y a modo de conclusión: son muchas las variables a tener en cuenta. Vemos pues, como cuando la sociedad sale y reclama el derribo del régimen que tiene el poder sin una alternativa de gobierno sólida, son los poderes fácticos los que pueden hacerse fuertes, ya sea el religioso, el militar o incluso la ‘económico. De hecho hemos visto ejemplos de todo. La Primavera Árabe, pues, tuvo un claro protagonismo ciudadano, que en muchas ocasiones se había gestado desde hacía tiempo, y por tanto, hay que poner en valor la autonomía de la población de los países árabes, alejándonos del paternalismo con lo que muchas veces se ha hablado de esta. Pero, del mismo modo fueron, tanto injerencias extranjeras con intereses económicos y geoestratégicos, como los contrapesos del poder interno, especialmente el religioso, los que se han aprovechado para imponer sus planteamientos.

Gabino Martinez Muñoz

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