Dublín en 48 horas


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Y ya van cuatro, de ciudades destinadas a ser saboreadas en poco más de un día. La magia efímera del paso rápido por un lugar, porque hoy en día poco más que esto se puede hacer, si se quiere viajar a menudo.

Dos días, cuatro espacios. El norte y el sur del río Liffey; la parte medieval -o vikinga- y la georgiana. De hecho no llegaron los romanos, por lo que pasaron directamente de la cultura celta en las invasiones bárbaras y vikingas, hasta la llegada del cristianismo con Saint Patrick alrededor del primer cuarto del siglo V. Su historia gira alrededor del cristianismo, las luchas por el poder -considerando casi una colonia de Reino Unido- y revueltas populares de un pueblo agricultor y tradicional, muy arraigado a su tierra.

Vista del río Liffey. Foto: Omar El Gabry

Primer día: suroeste

La ciudad de Dublín se divide en varios barrios con unas características propias. Su nombre proviene del gaélico Dubb Lin que significa pozo oscuro.

Nuestro paseo empieza caminando hacia el Trinity College (1592) la universidad de Dublín, espacio construido por el gobierno irlandés durante la época victoriana, para que los jóvenes se quedaran en el país y no se fueran a la universidad británica, dado que consideraban que allí se britanitzaven demasiado y eso no les interesaba.

Biblioteca y Libro de Kells

Uno de los atractivos de esta universidad es la biblioteca antigua, con el libro de Kells, un manuscrito iluminado medieval. Se trata de una pequeña exposición que muestra la vida y cultura de Irlanda medieval, así como la técnica de la escritura sobre pergamino, la figura del copista, persona que era la encargada de copiar los libros a mano y que, menudo, era el autor de las famosas iluminaciones -dibujos a la página. Sinceramente es interesante pero un poco cara la entrada, para ver una expo donde el único elemento, aparte de los paneles explicativos que había, era el propio libro de Kells, dentro de una vitrinita, claro. Por suerte también se incluye la biblioteca antigua en el piso de arriba, que vale mucho la pena y, al menos, allí te dejan hacer fotografías.

Interior de la biblioteca del Trinity College. Foto: Omar El Gabry

Siguiendo caminando hacia esta zona se encuentra la National Gallery of Ireland, una pinacoteca con cuadros desde el Renacimiento hasta principios del siglo XX, de artistas nacionales e internacionales. Justo al lado empieza San Stehpen’s Green Park, con el memorial de Oscar Wilde, escritor por excelencia de Irlanda. Este, junto con James Joyce -que también tiene una estatutaria en la calle O’conelly, forman dos partes importantes de la historia de Irlanda. Escritores que nacieron o vivieron durante un período en la isla, y que tuvieron que partir en busca de un futuro mejor -como mucha de su población.

Memorial a Oscar Wilde, fotografia pròpia

Zona medieval 

La zona medieval de Dublín la compone el espacio en el que se encuentran los principales monumentos históricos de la ciudad: el Dublin Castle, varias iglesias góticas y la católica Christ Cathedral y la protestante Saint Patrick Cathedral. De estos cuatro elementos, nosotros sólo entramos en Saint Patrick (7 €) y realmente vale la pena. Es oscura pero con profusa decoración de dorados y de esculturas, y con el suelo de baldosas formando formas geométricas. En una de sus partes, además, se incluye una exposición conmemorativa de la Primera Guerra Mundial.

Si se continúa hacia el oeste, bordeando el río Liffey, veréis el Dublín más industrial, con un repertorio de fábricas y de bares auténticos llenos de lugareños (tanto es así que quisimos comer en uno de estos bares y pasaron dos cosas: 1.- nos miraban como si fuéramos los primeros turistas que veían en años y 2.- la comida estaba tan y tan especiada – al gusto de allí, claro- que no pudimos terminarnoslo).

Siguiendo esta ruta, doncs, se llega (caminando, porque somos unos valientes, pero también puede ir en bus, que salen a menudo) a la Fábrica de Guinness, que cuesta 14 € la entrada, con visita por la fábrica y degustación en el mirador desde el que se ve toda la ciudad. Nosotros no fuimos, y os aseguramos que por el centro encontraréis millones de Pubs con la misma Guinness por 6 €. Pasamos de largo hasta llegar al IMMA, Irish Museum of Modern Art, que se encuentra en medio de un parque, en un antiguo hospital; allí se hacen exposiciones de arte contemporáneo y residencias artísticas.

 

Para la noche os recomendamos la zona del Temple Bar, con música en vivo y comida típica (chicken wings, y sobre todo estofados de patata y carne, incluso con salsa de Guinness, para pasar el frío).

Truquitos! Cuidado con las zonas turísticas, nosotros tuvimos alguna mala experiencia con el trato en algunos de los Pubs. Siempre es mejor y más auténtico alejarse del centro neurálgico.

Temple Bar, decorado navideño. Foto propia, Navidad 2015

Segundo día: norte y este

Cogiendo la calle O’Connelly hacia el norte, encontramos el barrio georgiano, por la tipología de casas de estilo victoriano. Allí se encuentra el Writers Museum (Museo de los Escritores), un ataque de epilepsia para los museólogos, que dejamos en un aura de misterio porque vale la pena hacer un artículo expresamente para él.

Justo al lado se encuentra la Dublin City Gallery The Hugh Lane y el taller de Francis Bacon. Éste no era su emplazamiento original cuando abrió la galería, en el 1908, con un claro objetivo de dotar a la ciudad de Dublín de un espacio de coleccionismo contemporáneo. La encontramos aquí desde 2012, momento en el que se anexionó “el estudio de Bacon”; una réplica exacta del estudio que tenía en Londres el artista irlandés Francis Bacon, una de las figuras capitales del arte del siglo XX. Se trata de una galería cedida mayoritariamente por el coleccionista.

Estudio de Francis Bacon. Foto: Omar El Gabry

Os recomendamos pasear por las calles principales, la calle O’Connel o Grafton, y degustar otro elemento típico de Irland: ¡el Whisky caliente! Nosotros estuvimos en The Parrell Heritage Bar and Grill (4,90€).

Whisky calent. Fotografia pròpia

En esta zona también encontramos la National History Museum, con una gran cantidad de piezas de la edad del bronze irlandesa y el primer cristianismo, venido de la mano de San Patricio; armas y utensilios medievales y hasta momificaciones prehistóricas.

En esta zona encontraréis, también, la National Library o el Natural History Museum.

Otra reflexión destacable es que queríamos buscar libros en irlandés y no encontramos. Todo eran cuentos para niños o libros para aprender a leer. Muy poca literatura escrita o traducida. Muy poca cultura lingüística o crítica en torno a la lengua local.

Truquitos: Dublín es una ciudad bastante pequeña y abarcable, por lo que es muy fácil verla en un día y luego tomar buses hacia otras zonas de Irlanda. Además, al ser pequeña, enseguida puedes encontrarte alejado del centro neurálgico y encontrar supermercados económicos donde poder comprar avituallamiento;) Los pubs y Ginness, también son más baratas.

 

Nos quedamos con esta cita final, de Francis Bacon:

Guiomar Sánchez Pallarès

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