Cien años de dadaísmo


Català

Imaginad un cabaré en el Zúrich de principios del siglo XX, concretamente cuando la gran guerra ya hace dos años que dura. Actuando tenemos a Hugo Ball (30), un joven alemán sociólogo, filósofo y poeta, Emmy Hennings (31), cantante, poetisa y escritora alemana, mujer del primero y los dos fundadores del mismo cabaré (de nombre Voltaire), Samuel Rosenstock (20), más conocido por su seudónimo Tristan Tzara, poeta y escritor rumano, Marcel Janco (21) también rumano, pintor y arquitecto, Richard Huelsenbeck (24) un estudiante de medicina alemán, un alsaciano, Hans Arp (29), pintor y poeta, y una suiza, Sophie Taeuber-Arp (27) pintora, escultora y más tarde mujer del último.

El frente de guerra queda lejos y dentro de la isla de paz que representa Suiza los afortunados que se han quedado fuera del conflicto no pueden evitar intentar encontrar una explicación a la situación que viven, grandes preguntas filosóficas sobre la irracionalidad del hombre y la utilidad del sufrimiento. Los siete amigos refugiados beben y fuman mientras recitan poesía y actúan, o se burlan de la seriedad de las obras de teatro que se representan en la planta baja del cabaré. ¿Para qué tanta cordura?¿Quién puede afirmar ahora que el hombre es racional? ¿De qué sirve que avance el conocimiento científico (positivismo) si al final miles y miles de hombres están muriendo en las trincheras inútilmente?

Imagen 1: De izquierda a derecha: Emmy Hennings, Hugo Ball, Tristan Tzara, Marcel Janco, Hans Arp, Richard Huelsenbeck y Sophie Tauber-Arp

Es hora de canalizar todo este desencanto en un medio físico, al menos una recopilación de ideas donde se describa cuáles son las quejas y qué se pretende hacer con la exposición de éstas, es hora de escribir un manifiesto. Primero pero, habrá que buscarle un nombre a este nuevo intento de movimiento y para eso, Tristan Tzara o Hugo Ball (las fuentes consultadas discrepan de quien fue realmente) coge un diccionario en francés y a ciegas abre una página y escoge una palabra: “dadá” que en francés significa caballito de madera pero que obviamente no tiene nada que ver con el movimiento. Como dice el mismo Tristan:

Dadá no significa nada. […] Por los periódicos sabemos que los negros kru llaman dadá al rabo de la vaca sagrada. El cubo y la madre en cierta comarca de Italia reciben el nombre de dadá. Un caballo de madera en francés, la nodriza, la doble afirmación en ruso y en rumano: dadá.

Hugo Ball es quien escribe el primer manifiesto dadaísta “Manifiesto inaugural de la primera velada dadá” del cual va a desentenderse posteriormente y el cual critica la Europa de los nacionalismos y las filosofías idealistas:

¿Cómo puede uno deshacerse de todo aquello que huele a periodismo, a gusanos, a todo eso bonito y justo, corto de miras, moralizador, europeizado, enervado? Diciendo dadá. Dadá es el alma del mundo, es la casa de empeños […]

Es también él quien escribe el primer poema fonético dadá: Karawane. Para recitarlo en el cabaré se disfraza con un sombrero de cocinero y un vestido con el cual a duras penas puede moverse y sube al escenario. Un poema aparentemente sin significado, un baile de fonemas que se intercalan y emulan un lenguaje desconocido. Por un lado las influencias del arte africano, de la cultura tribal que los europeos descubrieron durante la época colonial, y por el otro la denuncia de la manipulación y la perversión del lenguaje, no quiere usar palabras que han estado desvirtuadas, prefiere comunicar emitiendo sonidos primitivos que no pertenecen a nadie, un lenguaje propio del que nadie se podrá apoderar.

La participación de Ball en el movimiento dura poco y es Tristan Tzara el que toma el relevo y escribe los manifiestos más importantes del dadaísmo, empezando con el primer manifiesto dadaísta (1918), Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo (1920) y La vie des lettres (1916) entre otros.

Así nació DADA, de una necesidad de independencia, de des­confianza hacía la comunidad. Los que están con nosotros conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Basta de academias cubistas y futuristas, laboratorios de ideas formales. ¿Sirve el arte para amontonar dinero y acariciar a los gentiles burgueses? […]

Un cuadro es el arte que se encuentren dos líneas geométricas que se ha comprobado que son paralelas, hacer que se encuentren en un lienzo, ante nuestros ojos, en una realidad que nos traslada a un mundo de otras condiciones y posibilidades. Este mundo no está especificado ni definido en la obra, pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para su creador la obra carece de causa y de teoría. Orden = desorden; yo = no-yo; afirmación = negación; éstos son los fulgores supremos de un arte absoluto. Absoluto en la pureza de cósmico y ordenado caos, eterno en el instante globular sin duración, sin respiración, sin luz y sin control.

El dadaísmo fue el precursor de otros movimientos artísticos, siendo el surrealismo el más importante, a pesar de que su influencia se extendió también en movimientos posteriores como el estridentismo o el Arte Pop de los sesenta.

2016 marcó el centenario del nacimiento de este movimiento y tuvimos la ocasión de visitar la expo DADA AFRIKA (Diálogo con el otro) en la Berlinische Galerie centrada en el papel que las culturas extraeuropeas jugaron en el desarrollo del dadaísmo. Las máscaras de tribus africanas o los objetos de culto de las religiones oceánicas eran la novedad, lo que rompía con todo lo que se había visto hasta entonces, un exotismo que marcó profundamente el movimiento.

La exhibición cuenta con collages, máscaras, esculturas, fotografías, sobretodo de influencia africana, oceánica y norteamericana y diversa documentación de los mismos fundadores del movimiento así como de otros artistas que se unieron a él a posteriori como George Grosz, Hannah Höch, Erich Heckel, Johannes Baader, Man Ray o Johannes Theodor Baargeld. En total unas 120 obras repartidas en 5 secciones fruto de una colaboración con el museo Rietberg de Zúrich. [1]

Los dadaístas cogieron elementos de culturas poco conocidas para atravesar las fronteras culturales y artísticas propias, introdujeron los bailes de máscaras con el recital de poemas fonéticos y música de ritmos básicos, buscaban emular los bailes tribales y a la vez presentar un arte elemental que “curara” la gente de la locura bélica de la época y que los liberara del corsé de su propia sociedad.

sophie_tauber
Sophie Tauber-Arp con su hermana Erika con máscaras y vestidos. Font

De este movimiento es también el impulso definitivo a la técnica del collage (juntar imágenes que no tienen nada que ver la una con la otra), y concretamente el fotomontaje, desarrollado por Hannah Höch y Raoul Hausmann a partir de 1918.

Un movimiento creado por jóvenes europeos descontentos y decepcionados con su entorno que buscaron fuera de occidente las respuestas o al menos los métodos para evadirse de la realidad, volviendo a los fundamentos de todo, buscando la pureza de valores que la guerra había pervertido y exaltando el exotismo y el “primitivismo” de esas sociedades para ellos poco conocidas. No podemos negar que esta aproximación es marcadamente occidental ya que simplemente cogieron elementos superficiales sin investigar o valorar las culturas a fondo, perpetuando la visión europea del salvajismo y la primitividad de África y las comunidades del pacífico. No obstante, dadaístas como Hannah Höch sí que fueron un paso más allá y usaron el arte para yuxtaponer elementos europeos y extraeuropeos: mujeres europeas con imágenes de esculturas africanas masculinas, colonizadores y colonizados, documentadores y documentados, burguesía moderna y tribu primitiva, crítica al nazismo y al ideal de belleza occidental; poniendo de manifiesto la proximidad de las culturas y la farsa de la jerarquía cultural. [2]

 

Para saber m´´as:

Vídeo de la expo:

https://www.berlinischegalerie.de/fileadmin/content/downloads/pressetexte/2016/DADA_Afrika/BG_Dada-Afrika-Begleitheft_DEU.pdf

Bibliografía:

[1] http://www.20minutos.es/noticia/2814759/0/dada-africa-exposicion/

[2] http://www.anothermag.com/art-photography/8931/hannah-hoch-reimagines-indigenous-african-artefacts

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