¡Feliz Saturnalia y Feliz Sol invictus!


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¡Feliz Saturnalia y Feliz Sol invictus!

¿No lo habíais oído nunca? ¡Pues estas festividades romanas ya existían muchos años antes de que existiera nuestra Navidad!

Por lo que respecta a mí, me enteré de esta fiesta y tradición romana gracias al Festival Tarraco Viva. El grupo de reconstrucción histórica Thaleia (www.thaleia.es) lo escenificó en 2010 como acto de clausura. Era una de las fechas más esperadas en la época romana, y consistía, básicamente, en juntar dos de nuestras festividades más diferentes: La Navidad y el Carnaval.

Las Saturnales, (en latín Saturnalia) querían celebrar dos hechos. Uno era el retorno victorioso de los generales romanos, y la otra, tal y como indica el nombre, se celebraba en honor a Saturno, dios de la agricultura. La festividad se celebraba entre el 17 y el 23 de Diciembre, y consistía en realizar una ofrenda al templo de Saturno, seguido de un banquete público y un intercambio de regalos (que acostumbraban a ser saquitos de nueces, velas o juguetes de barro) envuelto en un ambiente de carnaval, por decirlo de una forma suave.

A Roman Feast de Roberto Bompiani (1821 - 1908)
A Roman Feast de Roberto Bompiani (1821 – 1908)

Esa semana, Saturno era liberado de sus ligaduras para reinar durante siete días sobre la tierra (lo que empezó siendo una festividad de un día se fue alargando con los años, a causa de su éxito).

Después de realizar la ofrenda al templo se escogía el Príncipe Saturnalicius, encargado de ser el rey de las fiestas en pueblos y ciudades. Era uno de los aspectos culminantes de la celebración, y como juez destinado a imponer castigos referentes al juego, era también el encargado de propagar el desenfreno y la borrachera. En las casas también se elegía al rey o Señor del desgobierno, que incluso podía ser un niño o un esclavo. Este rey presidía las fiestas, y sus órdenes debían ser acatadas, por muy extravagantes o absurdas que fueran. Además, era todo un lujo ser rey, ya que éste era el único que no estaba obligado a cumplir las órdenes que le intentaban imponer. Sin duda, este papel ha recaído hoy en día en el Rey del Carnaval.

Los Romanos de la Decadencia (1847) de Thomas Couture
Los Romanos de la Decadencia (1847) de Thomas Couture

A continuación, se realizaba un banquete público, que actualmente llamaríamos Bacanal, en el que participaban hombres y mujeres, tanto matronas como prostitutas. Gozaba de una abierta permisividad y libertinaje. En otras palabras, todo era válido y todo estaba permitido. “Vivir y dejar vivir” era el lema de la fiesta.

La celebración de los ritos de las Saturnales entraba en conflicto con el carácter conservador de la religión. Así pues, los romanos se inventaron una solución a este problema: Suspender la fiesta en el tiempo. Se paraban todas las actividades públicas y privadas. Se cerraban los tribunales, cosa que implicaba simbólicamente la suspensión de todas las leyes para que no se pudiera pensar que estaban transgrediendo alguna de ellas. Las escuelas también cerraban, y las leyes contra el lujo permitían durante estos días gastar mucho más dinero en comida que el resto del año. También se permitían todo tipo de juegos y apuestas, e incluso, se aplazaban las ejecuciones de los condenados a muerte.

Era habitual en la sociedad que la gente se intercambiara los papeles. De esta manera, los dueños de la casa preparaban la mesa a sus esclavos, y a estos les era permitido emborracharse e insultar a sus dueños sin recibir ningún castigo. (Ya entendéis que fuera su fiesta predilecta, ¿no?). Además, todos los esclavos recibían una generosa paga extra, en forma de monedas o vino.

Como último inciso, las Saturnales también pueden recordar nuestro día de los inocentes. Los regalos que se hacían a parte de los “normales” nombrados anteriormente, podían llegar a ser de poco valor o desagradables. Sabemos, por ejemplo, que al emperador Augusto le gustaba mucho hacer bromas, y sus regalos podían ser utensilios con mensajes de mal gusto, o telas viejas y desgarradas.

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Symposium (The Banquet) Anton Von Werner

Justo cuando se acababan las Saturnales, llegaba el turno del Solsticio de invierno, es decir, la entrada del Sol en el signo de Capricornio.

Poco a poco, las decenas de dioses que se idolatraban en la antigua Roma se acabarían reduciendo solo en la adoración del Sol, ya que creían que de él provenía todo.

El Sol invictus, coincidía con el nacimiento del dios oriental Mitra. Era el dios del cielo y de la luz, y su fiesta conmemoraba el fin de los trabajos en el campo, una vez acabada la siembra del invierno.

Esta festividad coincidía con el 25 de Diciembre, y es la fecha que en el año 321 dC Constantino el Grande hizo coincidir con el aniversario del profeta Jesús (el cual, según unos estudios, realmente nació en agosto), y que en 350 dC pasó a llamarse Navidad por primera vez.

Se hizo de esta manera para crear la ilusión de que la Navidad era una festividad de hacía muchos años, y querían recordar que, al igual que en la antigua Roma, los cristianos actuales desean compartir la alegría y hacer regalos a los amigos y familiares mientras gozan de grandes banquetes (esta vez, eso sí, sin incluir el rito de las bacanales o el intercambio de roles, aunque posiblemente algunos estarían interesados en intentar hacerlo).

Aina Gombau Maixé

Fotografía de portada: La bacanal de los andrios de Ticiano (1523-1526)

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