Šahbegovići – Arte para combatir la limpieza étnica


Català

“Marta y Guillem no quisieron seguir. ¿Había minas? No lo sabíamos, y el miedo a las minas te paraliza. Te bloquea del todo. Pero quise avanzar un poco más en ese pueblo desértico, destruido por los incendios y las explosiones. Me costó ver la primera casa. Estaban tan dañadas que cuatro hierbas conseguían taparlas del todo…”

Fragmento traducido del libro “50 mestres i un alumne” de Jordi Rodri.

Así es como Jordi, ese catalán que había conocido al bosníaco salvado por un serbio, narra la primera vez que pisó Šahbegovići. Fundador del Grup d’Estudis Pedagògics (Grupo de estudios pedagógicos) y de la entidad TRENKALÒS, Jordi Rodri es un experto en Bosnia y en la guerra de los Balcanes. De su experiencia en el terreno transportando convoyes humanitarios, después del conflicto decidió fundar TRENKALÒS, una organización dedicada a la formación en cooperación internacional. Gracias al proyecto Dobrodošli (Bienvenidos) centenares de catalanes han podido experimentar en vivo qué significa ser cooperante, como se trabaja para resolver conflictos y como ayudar a las víctimas de la limpieza étnica después de la guerra de Bosnia.

Este proyecto nacido en el año 2000 ha permitido no solo reconstruir un pueblo arrasado (entre otros objetivos), sino hacer que muchas familias hayan podido volver a su casa o al menos recuperar el terreno de sus antepasados.

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Imagen 1: Mural en la fachada de una casa de Šahbegovići. Fuente: Maria Capdevila – Trenkalòs

Pero la idea nunca fue simplemente reconstruir Šahbegovići, no, la aspiración era crear un referente. Un referente que sirviera de ejemplo de como las cosas se pueden hacer bien, un referente que lanzara un mensaje al mundo, el triunfo del arte y la razón sobre la barbarie.

Y os preguntaréis como un pequeño pueblo perdido entre los valles puede devenir tal referente. Pues con imaginación y perseverancia. Lo que quizás empezó siendo una idea absurda y loca, como puede ser pintar un mural en una fachada, se convirtió en un método pedagógico. Los muros se iban levantando, los tejados iban cogiendo forma y a la vez iban apareciendo pinturas de lugares emblemáticos de Bosnia y Herzegovina en las fachadas de esas casas rurales de paredes amarillas. Los habitantes, en un primer momento estupefactos, se iban sintiendo más y más orgullosos de tener obras de arte en su casa, y quién no tenía, se empezaba a sentir menospreciado.

El puente de Mostar, la biblioteca de Sarajevo, paisajes rurales de Bosnia, un museo al aire libre del que pocos saben de su existencia.

Después de más de 15 años de trabajo y esfuerzo, la mayoría de casas han sido reconstruidas y muchos de sus habitantes han podido volver. La idea es ahora potenciar el turismo rural a pequeña escala para dinamizar económicamente el pueblo y dar a conocer su historia a la vez que se sigue reforzando el vínculo Bosnia-Cataluña mediante los campos de trabajo y el intercambio cultural entre jóvenes catalanes y bosnios.

 

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Imagen 6: Campos de Trabajo en Bosnia. Julio de 2016 a Šahbegovići. Fuente: Trenkalòs

Pinceles en lugar de Kalashnikovs, música en lugar del ruido brutal del impacto de las bombas. Dad lápices (Olovke en Bosnio) y colores a vuestros hijos y que dibujen, que dibujen el mundo que quieren, y mientras tanto, explicadles la leyenda de Šahbegovići que dice que un día unos jóvenes extranjeros llegaron al pueblo y empezaron a reconstruirlo. Tiempo después aparecieron dibujos en los muros de las casas y todo el mundo se preguntaba quién podía haber sido el autor de tales obras.

Por suerte una noche, la abuela Sema, la única persona que vivió en el pueblo durante la guerra, pudo desvelar el misterio en descubrir que los autores de los dibujos eran los Olovkis, unos seres mágicos que habitan los bosques de Bosnia y que por las noches se dedicaban a decorar las casas de los habitantes de Šahbegovići.

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Imagen 7: El cuento que explica la historia de los Olovkis, publicado per Trenkalòs

Y quizás fueron también los Olovkis, los que hace más de veinte años me dijeron que dibujara en una libreta que se tenía que enviar a Bosnia, los que creían que con un simple dibujo se podía hacer sonreír a un niño atrapado en un mundo de psicópatas, los que creían que con pequeños gestos se puede cambiar la realidad de personas con nombre y apellido. Los Olovkis representan esa infancia inocente, que deja correr la imaginación y sin malicia imagina un mundo donde todo es posible y donde todos conviven sin dolor, sin lágrimas ni traumas. Representan esa parte de nosotros que se esfuerza para resolver conflictos mediante el diálogo y la comprensión, esa parte de nosotros que ante situaciones extremas, a menudo incomprensibles, opta por usar el arte, la cultura, para transmitir su desafección y sus ganas de cambiar lo que no le parece justo en vez de tirar por la vía fácil, la de simplemente destruirlo todo para después quedarse paralizado en el vacío sin saber qué hacer.

Bosnia y Herzegovina sigue desangrándose después de más de veinte años, el paro juvenil, la corrupción, la falta de infraestructuras y la extrema complejidad estructural de sus instituciones hacen que sea un país frenado, un país con potencial humano que se ve obligado a emigrar; pero también un país que no se tapa los ojos, un país que a disgusto de muchos sigue abriendo fosas comunes e identificando a víctimas y perpetradores, un país que se acuerda cada año de la tragedia colectiva que vivió, un país que clama al mundo que se lo mire y que aprenda las consecuencias de un conflicto étnico para no repetirlas. Desafortunadamente, esta llamada cada vez tiene menos energía, incluso los propios habitantes de Bosnia, los niños que no vivieron la guerra, crecen radicalizados por lo que oyen de sus padres y odian fantasmas que ni conocen. Siguen habiendo escuelas donde se separa a los niños por etnia [3], el gobierno de la República Srpska no deja pasar oportunidad para reafirmarse en su voluntad de anexionarse con Serbia y no faltan los generales bosnios que lo amenazan. [4]

A pesar de todo es precisamente aquí donde nosotros podemos tener un papel fundamental, donde el intercambio cultural, de ideas, de historias personales puede beneficiar tanto a los bosnios como a nosotros, amplifiquemos la voz de Bosnia, informémonos de lo que pasó, viajemos allí si podemos, pero tratémosle con cuidado y respeto, Bosnia es una herida que aún no se ha cerrado. Somos libres de decidir si queremos contribuir a que sane o queremos seguir ignorando que existe.

Rosa Mª Torrademé

rtorrato7@gmail.com

Imagen de portada: Mural al pueblo de Šahbegovići representando el centro histórico de Sarajevo. Fuente: Trenkalòs

Nota de agradecimiento:

Estos dos artículos sobre Šahbegovići no habrían sido posibles sin Trenkalòs, los habitantes de Šahbegovići y el grupo de cooperantes del campo de trabajo de este año 2016. Gracias por llevarme a Bosnia y devolverme la humanidad que los años me habían robado.

Más sobre el trabajo de Trenkalòs en Bosnia.

[1] http://framatic.blogspot.com/search/label/B%C3%B2snia

[2] http://trenkalos.cat

Bibliografía:

[3] http://data.worldbank.org/indicator/SL.UEM.1524.ZS?end=2014&name_desc=false&start=1991&view=chart

[4] http://www.lainformacion.com/disturbios-conflictos-y-guerra/Republica-Srpska-celebra-referendum-desequilibrar_0_956904394.html

Vídeo sobre los murales de Šahbegovići:

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