La guerra de Bosnia y el caso singular de Šahbegovići


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La información es poder. El poder transforma decisiones en hechos. Los hechos cambian vidas.

¿Dónde estabas tú durante la guerra de Bosnia?

Yo hacía dos meses que había cumplido tres años cuando empezó “oficialmente”, ese abril de 1992. No recuerdo casi nada, ni gente a mi alrededor hablando de ello, ni pantallas mostrando imágenes de padres con hijos huyendo de las balas de los francotiradores por las calles de Sarajevo, ni periódicos denunciando el polvorín en el que se había convertido la ex Yugoslavia.

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Figura 1: Mujer huyendo de las balas durante el asedio de Sarajevo (1992-1995). Fuente: AP Photo/Michael Stravato

Solo un instante ha permanecido en la memoria de esa niña, una imagen, una voz explicando que había una guerra en un lugar llamado Bosnia y que los cuadernos escolares que los papás habían comprado eran para los niños de ese país que sonaba tan lejano. Que cada uno de nosotros debía hacer un dibujo en la primera página y que se enviaría todo junto con lápices y colores.

Me pregunto cómo debía entender la palabra guerra una mocosa de tres años, ¿debía ya estar asociada a algo negativo? Me imagino que algún adulto debía intentar explicar a aquellos niños qué estaba pasando y por qué tenían que dibujar.

El hecho es que de repente, un vínculo mágico e invisible se estableció entre los niños de Cataluña y los niños de Bosnia. Esos niños que de repente se encontraron en medio de un conflicto no solamente bélico sino también étnico. Un conflicto que les violó las madres, las hermanas, las abuelas, les arrebató los padres, hermanos, abuelos y en muchos casos también la propia vida.

Pero, ¿qué sabemos de Bosnia? Dejadme en primer lugar hablaros un poco de este lugar.

Bosnia y Herzegovina es un país situado en la península balcánica y unida a Europa por la cordillera del mismo nombre (Cordillera de los Balcanes o Montes Balcanes). Tierra de tupidos bosques y celestiales valles, de eslavos de ojos azules y herederos bogomiles, tierra de contrastes, de acogida y de paso. Debido a su céntrica situación geográfica, ha sido territorio disputado por los grandes imperios que han poblado Europa. Los últimos tres grandes protagonistas de esta historia de conflictos fueron el Imperio Austro-húngaro, el Imperio Otomano y el Reino de Serbia. La consecuencia principal de este hecho es que en un territorio relativamente pequeño llegaron a convivir tres grandes religiones: cristiana católica (Croatas), cristiana ortodoxa (Serbios) y musulmana (Bosníacos, nombre con el que se conocen los habitantes musulmanes de Bosnia y Herzegovina). Esta situación posibilitó una mezcla cultural exquisita, cuyo máximo exponente es la capital del país, Sarajevo, donde iglesias católicas y ortodoxas conviven amablemente con multitud de mezquitas.

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Figura 2: Mapa de la actual Bosnia y Herzegovina. Actualmente el país divide en la Federación de Bosnia y Herzegovina de mayoría musulmana y la República Srpska de mayoría serbia.

En términos de territorio podemos distinguir tres grandes zonas pobladas por mayorías de las tres etnias (norte y este de mayoría serbia, sur-oeste de mayoría croata y el resto de mayoría bosníaca) aunque en cada una de ellas también hay minorías de las otras etnias. En tiempos de prosperidad y paz a nadie le importaba de qué etnia era su vecino. Si preguntas a cualquier bosníaco cuál era su relación con los serbios antes de la guerra te dirá que se invitaban mutuamente a casa para celebrar tanto la Navidad como el Bajram (la fiesta musulmana del cordero). Esta situación de tolerancia y convivencia se transformó en una caza de brujas cuando después de la caída de la URSS los países de la ex Yugoslavia empezaron a independizarse y concretamente cuando Bosnia lo hizo.

Después de celebrar un referéndum, el parlamento Bosnio declaró la independencia del país el 5 de marzo de 1992, la cual fue reconocida por la comunidad internacional pero no por el partido de los serbios de Bosnia liderado por Radovan Karadžić y su homólogo serbio Slobodan Milošević, los cuales pretendían crear un único estado que englobara a todos los serbios (única y exclusivamente), independientemente de que estos vivieran fuera del territorio de Serbia.

Este afán de separar el territorio de mayoría serbia se tradujo en la constitución de una nueva república dentro del territorio de Bosnia y Herzegovina, autoproclamada República Srpska (o República serbia) y constituida oficialmente en agosto de 1992. Con la proclamación de esta república empieza la limpieza étnica más brutal que se había visto en Europa des del genocidio armenio (1915-1923) a manos del jefe del ejército de los serbios de Bosnia, el general Ratko Mladić.

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Figura 3: El general Ratko Mladić acusado de crímenes de guerra, genocidio, y crímenes en contra de la humanidad (izquierda) y el presidente de los serbios de Bosnia Radovan Karadžić (derecha).

¿Y qué es exactamente esto de la limpieza étnica? Pues básicamente exterminar (con los medios que sean necesarios) la población de una determinada etnia en un determinado territorio. En el caso que nos corresponde, acabar con la minoría bosníaca de la república Srpska. La metodología, ya nos podemos imaginar que no tiene nada que envidiar con los métodos más degradantes y inhumanos que los imperios anteriores habían aplicado sobre determinados grupos sociales, desde quemar y destruir pueblos enteros a exterminar o perpetrar violaciones en masa pasando por la eliminación cultural vía bombardeo o incendio de centros culturales como pueden ser universidades o bibliotecas nacionales.

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Figura 4: Slobodan Milošević, presidente de Serbia durante la guerra de Bosnia y principal instigador del nacionalismo serbio. También está acusado de crímenes de guerra, crímenes en contra de la humanidad y genocidio.

Después de conflictos de este tipo, solamente quedan vidas rotas y ruinas. Las vidas rotas, tal fueran copas de vino hechas añicos, se pueden reconstruir con paciencia y tiempo, mucho tiempo. No obstante, las grietas permanecerán visibles, en mayor o menor medida dependiendo de la habilidad del restaurador, pero las ruinas son piedras y cemento, material inerte que simplemente vive alieno a las pasiones y desventuras humanas. Las piedras se pueden coger y volver a colocar, pueden devenir de nuevo el que habían estado antes, solo hace falta voluntad.

Šahbegovići era un pueblecito rural volteado de montes en la actual República Srpska a unos 40 km al noreste de Sarajevo. Para un observador externo no se diferenciaba demasiado del resto de pueblos que se encontraban a escasos kilómetros más allá, y para los propios habitantes tampoco hasta que llegó la guerra. De repente ese lugar se convirtió en una isla de bosníacos rodeada de pueblos de mayoría serbia, quedando sentenciado a ser escenario de la vergüenza humana.

El hombre necesita simplificar para entender el mundo, pero el mundo no lo es de simple y pocas veces lo entiende en toda su dimensión. Si la realidad fuera blanca o negra, Šahbegovići habría sido destruido y toda su población aniquilada como ocurrió en tantos otros pueblos de mayoría musulmana. Sin embargo, la historia de la humanidad está llena de casualidades y momentos épicos y Šahbegovići es uno de esos ejemplos.

Si tuvisteis algún familiar batallando en la guerra civil española supongo que os sonaran las historias de momentos de extrema suerte o de personas que en un momento determinado cambiaron completamente el destino de otras personas. La razón por la cual la gente de ese pequeño pueblo de montaña se salvó de la aniquilación salvaje se empezó a gestar en la segunda guerra mundial cuando dos viejos amigos se encontraron separados en dos bandos contrarios y, desobedeciendo la planificación militar, dejaron por un momento de ser simples soldados que siguen órdenes para ser personas y acordarse de que al final de una guerra lo que quedan son personas y las relaciones entre ellas. Así, el amigo bosníaco salvó la vida del amigo serbio, y este hecho marcó tanto sus vidas que su historia se transmitió a los hijos y a los nietos. Los hijos hablaban de ello y aunque quizás ja no hacían mucho caso de las batallitas de guerra, les quedó saber que un día el padre de ese niño había salvado la vida del tuyo.

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Figura 5: Pueblo de Šahbegovići. Fuente: Anna Grau – Trenkalòs

Y pasaron los años y un día de repente tú y ese niño volvéis a estar separados por dos bandos de una guerra y sabes que ahora es tu turno de cerrar el círculo y devolver el favor, ni que todo el mundo te diga lo contrario, ni que él sea bosníaco y tu serbio.

Y por la acción de un solo hombre, un pueblo entero se escapa de la muerte indiscriminada; solamente las piedras sufren la ira irracional.

Las heridas de guerra en este caso se traducen en familias que lo han perdido todo menos la vida y que tienen que volver a empezar. Y en la mayoría de veces no lo hacen al mismo lugar de donde les expulsaron porqué se sienten solos y abandonados con fuerza para seguir adelante pero no para mucho más. Y aquí es cuando la historia de Šahbegovići vuelve a dar un salto inesperado. Ese hombre salvado por un serbio, emigrado a España después de la guerra conoce un catalán, Jordi, y le habla de su pueblo, de todo lo que pasó y de cómo ha quedado después de la guerra. Y ese catalán no puede quitarse de la cabeza sus palabras y decide pasar a la acción e impedir que la limpieza étnica triunfe, ni que solo sea en ese pequeño lugar.

No os perdáis la segunda parte del articulo la semana que viene: Šahbegovići – Arte para combatir la limpieza étnica.

El grupo de rock catalán Brams musicalizó la historia de Sead, el bosníaco que fue avisado por un serbio en la canción “Un secret que t’havia de dir”

El grupo de música Trenkaband dedicó una canción a la hija del general Ratko Mladic, la cual se suicidó a los 24 años en descubrir lo que su padre había hecho (responsable del genocidio de Srebrenica entre otros crímenes de guerra).

Rosa Mª Torrademé

rtorrato7@gmail.com

Imagen de portada: Pueblo de Šahbegovići. Font: Maria Capdevila – Trenkalòs

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