Huérfanos de Hebrón, ¿recordáis las flores del verano?


Català
Violencia. Violencia física. Violencia psicológica. La violencia se hace visible en el día a día de la población de Hebrón. Es un día de verano, caluroso. Muchas veces hemos hablado de lo que dicen o dejan de decir los museos de historia. Hoy hablamos de una ciudad convertida en el museo de la historia contemporánea de Palestina. La ciudad acoge la tumba de los patriarcas, que para las musulmanas y musulmanes es la Mezquita de Abraham y para las judías y judíos es la cueva de las tumbas dobles. Esta ciudad, pero, ya no se conoce por esto, sino porque vive las consecuencias más traumáticas de las políticas de colonización y apartheid del estado israelí.

Despuntó del valle.
Dicen que redujo el valle y se ocultó.
Su belleza secreta rodeó las pequeñas espigas
y resolvió las preguntas de la tierra.
Los de mi generación ¿recordáis el verano?
Flores de Hebrón
y huérfanos de Hebrón
¿recordáis el verano
que asciende de sus dedos
y abre todas las puertas?

Fragment de Te mataron en el valle, Mahmud Darwix.

El centro histórico. Lo que tendría que ser el mejor ejemplo de una ciudad mediterránea, con sus callejones apretados, sus miles de comercios artesanales…, en aquel día de verano comprobábamos que prácticamente todo aquello era un desierto. Pocos comercios, más allá de aquellos pertenecientes a entidades culturales y que se dedican a denunciar la situación y algunos, pocos, comerciantes que se resisten a marchar. El ejército israelí ya no utiliza la violencia contra los y las comerciantes, la utiliza contra sus hijas e hijos. El ejército está presente en cualquier esquina. Cogen un niño. Cogen una niña. Hoy hay testigos occidentales y los dejan marchar. Quizás mañana se lo llevarán y lo devolverán horas después. ¿Qué padre, qué madre, vive donde pueden pegar o llevarse su hijo impunemente?
Dos paradojas. La escuela ya no es una escuela. La escuela está ocupada por el ejército. Banderas israelíes, atalayas, militares y metralletas sustituyen las pizarras, los patios, las risas y las tizas. Las niñas y los niños que coge el ejército, se los llevan en la escuela. Pero a la escuela que ya no es escuela. Por otro lado está la mezquita, que está vallada. Varios check-points del ejército se tienen que pasar (si quieren y te dejan, siempre por tu seguridad…). El edificio está partido en dos: en una parte sólo tienen el acceso permitido judías y judíos, al otro tienen acceso los demás. Mujeres y hombres se encuentran en un pequeño oasis, un oasis fortificado, controlado y dividido. Pero oasis de paz y plegaria.
El Hebrón que sobrevive. En este permanente estado de apartheid, donde colonos israelíes cada vez viven en más calles del centro, cerrándolas por la fuerza. La mayoría de palestinas y palestinos viven en sus entornos. Gente de Hebrón de toda la vida y de refugiadas y refugiados de todo el país miran de hacer vida en la ciudad moderna. En estas calles se respira vida, incluso optimismo, y las banderas que ondean son las turcas, puesto que los cascos azules de la ONU en esta ciudad son turcos.

Una violeta le dijo a su vecina:
tengo sed.
Abdallah me regaba.
¿Quién se ha llevado la juventud
de los jóvenes?
Despuntó del valle
y en el valle se muere.
Nosotros crecemos entre cadenas.
Despuntó del valle de pronto
y en el valle se muere por etapas.
Ahora nos alejamos de él generación tras generación,
vendemos las aceitunas de Hebrón gratis,
vendemos las piedras de Hebrón,
vendemos la historia de Hebrón,
y la vendemos
para comprar en su pecho la imagen
de un asesinado luchando.

Fragmento de Te mataron en el valle, Mahmud Darwix.

El Hebrón muerto. Calles y barrios enteros que tienen el acceso cerrado y vallado. El ejército controla sus pasos y si pasas puedes ser agredido por colonos con total impunidad. Hace unos años han quitado el muro físico, pero la división sigue siendo total y por la fuerza. Miles de casas ocupadas o “compradas”. Calles con tiendas de palestinas y palestinos, una valla y viviendas de colonizadores en las plantas superiores. División y conflicto que impide cualquier intento de normalidad. Personas que eligen ir a vivir en una prisión, por voluntad propia y por un tipo de justicia divina, que leído desde la tierra, es de injusticia humana.
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