Arriba del mundo: Islandia


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Tenía este viaje por carretera planeado desde hacía unos 3 o 4 años, y el planeé teniendo claro que no lo podía hacer. Pero cuanto más materializas los sueños e ideas más posibilidades tienes de que se hagan reales, y hace unos meses subí al avión sabiendo que todo lo que había imaginado hacía unos años estaba a punto de cumplirse.

Planear un viaje a Islandia no es fácil, y menos si haces un do-it-yourself como hice yo, parece mentira pero hay muy poca información útil y cuesta encontrar, al menos antes de ir allí. La ruta la monté juntando piezas de muchas webs diferentes; viajamos en abril, y según las webs, sólo tres campings en toda la isla estarían abiertos; tenía clarísimo que Islandia es un país caro, pero costaba encontrar consejos para poder ahorrar, etc. La verdad es que cuando me puse fue un poco frustrante, pero a base de tozudez y de traducir webs en islandés pude montar una ruta con cara y ojos.

Fue un viaje de unos nueve días (siete, si no cuentas los dos días que pasamos volando, dos escaleras yendo y una volviendo, se hace pesado pero el precio y el destino final lo compensan) y si me pusiera a contar todo sin filtro este artículo duraría una eternidad, por tanto, lo que haré será dejar un link con la ruta al final y ahora explicaros los highlights del viaje.

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Svartifoss. Foto: Berta Muntadas

Siete días fueron suficientes, y no oímos nunca que fuéramos con prisas, también hay que decir que nos gusta mucho conducir y que el paisaje hacía que pudieras hacer 4 horas de golpe por carretera sin remordimientos. Pero ahora recomendaría más días, quizá nueve días físicos allí. Yo me hubiera quedado una semana más para que el paisaje enamora, literalmente. Sonará muy cursi pero el último día casi lloré, es un lugar tan bonito que te cautiva y está tan aislado que en ciertos momentos nos sabíamos los únicos en cientos de kilómetros, volver a la “civilización” deja de apetecer.

Empezamos viajando por el llamado Golden Circle donde, de forma resumida, ves el parque nacional de Þingvellir, los geisers y la cascada Gullfoss. Un consejo: antes de irse, haciendo un viaje a su como hice yo, por más tentador que sea utilizar la adaptación de los nombres que han hecho al inglés por entenderlos no lo hace, marchaos con un papel con los nombres en islandés, lo agradece cuando tenga que utilizar GPS o reconocer los lugares en los carteles.

Después nos dirigimos hacia el sur y recorrimos toda su costa desde Dyrhólaey hasta los Fjords del este, pasando por el Parque Nacional de Skaftafell y Jökulsárlón, este último un lago proveniente del deshielo de un glaciar que entra en el mar y el mar entra en él creando dos corrientes enfrentadas, literalmente. El colores, sonidos y texturas que experimentas en cada parada son únicos y cada vez que ves algo nuevo parece que tu mirada no se haya adaptado a la belleza del país, ya que tu cerebro hace un voto con cada cascada, cada glaciar, montaña, explanada, como si no hubiera suficientes circuitos neuronales para procesarlo.

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Jökulsárlón. Foto: Berta Muntadas

El viaje siguió trepando hacia el norte a través de las montañas siguiendo la carretera número 1 o, como es conocida popularmente, la Ring road. Por cierto, sé que la mayoría de gente viaja a Islandia en verano y yo lo entiendo, pero la verdad es muy recomendable viajar en abril, ver la cascada Dettifoss en medio del hielo, después de haber llegado siguiendo las marcas que había dejado un guía sobre una capa de nieve de dos metros, es una de las experiencias más bonitas que he tenido viajando.

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Godafoss. Foto: Berta Muntadas

Una vez en el norte hicimos toda su costa también, sin poder pasar por Ásbyrgi por culpa del estado de la carretera, que vendría a ser que no había carretera sino una explanada de nieve y desolación hasta son alcanzaba la vista. Del norte pasamos a Westfjords, la zona mas inhabitada y menos turística de Islandia, lo que cuesta creer teniendo en cuenta el paisaje (por cierto, vi focas en la costa y fui muy feliz) pero que sí que entiendes cuando ves las carreteras. No me malentienda, estaban en buen estado a pesar de ser de gravilla, pero, siendo sincera, sufrí por mi vida. No hay mejor manera de explicarlo que decir que en algún momento la inclinación rozó un ángulo de 90º.

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Una carretera islandesa en bon estat. Foto: Berta Muntadas

Finalmente, hicimos la península de Snæfellsnes donde está el volcán en el que se inspiró Julio Verne para escribir “Viaje al centro de la tierra” y donde también encontramos una garganta donde según las leyendas islandesas vivían (y viven) los controles. Nosotros nos adentramos y no lo vimos ninguna, pero bueno, depende del turista que vaya a parar puedes hacer volar la imaginación. Y de ahí ya fuimos a Reykjavik a pasar el último día. Recomiendo mucho usar la visita guiada de www.citywalk.is, es una ruta de donación voluntaria con un historiador que lo hace genial y te mujer un montón de recursos de información sobre Islandia.

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Reykjavik des de la torre de la Catedral. Foto: Berta Muntadas

Explicado un poco alto por alto el viaje sólo me queda decir que Islandia es una tierra mágica y salvaje. Los paisajes son tan diferentes que no te sientes propiamente sobre la Tierra y estás tan alejado del mundo al que estamos acostumbrados a que tu cerebro hace un reset total. En abril los días ya son largos y las noches muy cortas y parece que no puedas parar nunca de viajar por sus carreteras.

Los primeros en llegar a Islandia, generalmente, fueron vikingos que huían de Noruega tras haber quedado en malos términos con algún rey y su historia es apasionante, llena de aventuras y violencia, tan mágica y salvaje como su tierra. Esta historia o, al menos, una idea de cómo fue la historia, se encuentra retratada en un libro llamado “The Sagas of Icelanders”, una pieza de literatura genial que no ha tenido más eco en nuestra cultura porque fue escrita en islandés , para rematar es literatura medieval escrita en prosa, y la literatura medieval europea se caracterizaba por ser en poesía, todo unos avanzados a sus tiempos.

Las leyendas allí están muy arraigadas, como he dicho antes hablan de gargantas con trolls y, una de las cosas más curiosas: de piedras de los elfos. Pocos te reconocerán que creen pero es una realidad que para no tocar estas piedras se han desviado carreteras y frenado la construcción de casas porque sino los elfos se pueden enfadar. Si no me creéis sólo deberá ponerse a conducir y, si ve una piedra y la carretera dando un paseo “de tonto” a su alrededor, pues ya se ha visto una roca de los elfos.

La verdad es que me quedan mil cosas que contar y un montón de consejos para dar, pero bueno, tampoco desea leer la Biblia Islandesa por tan tose dejaré un documento con la ruta y consejos, así como algunos links útiles. Si nunca tiene la oportunidad, que no hayan dudas: vaya a Islandia. El mundo es hermoso e Islandia, una tierra de hielo y fuego, mágica y salvaje, es uno de sus mejor representantes.

RUTA Y RECOMENDACIONES: http://tinyurl.com/h45pgk6

VIDEOS:

Berta Muntadas Molet

Youtube: http://www.youtube.com/c/Pedradolça

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