La Cámara Society de Halsman


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De nuevo, gracias a la invitacióm de CaixaFòrum, BCN, hemos pogdido adentrarnos, y esta vez sorprendernos, en la exposición “¡Sorpréndeme!” (#SorpréndemeHalsman) del fotógrafo Philippe Halsman (Riga, 1906 – Nueva York, 1979).

DSC_0046_8Aunque su obra más conocida gira entorno al movimiento y los famosos más internacionales del momento -que más adelante expondremos-, Halsman comenzó su formación como ingeniero eléctrico. Este inicio, no sólo no le condicionó el futuro sino que lo aprovechó e impulsó en su carrera fotográfica, como se puede ver con el boceto que se presenta en la exposición de una de las dos cámaras que él mismo construyó.

En el París de los años 30 se gestaron las primeras revistas y estudios fotográficos, donde Halsman alternaba el trabajo en revistas como Vogue y donde a la vez a pie de calle se inició en la experimentación con las sombras y el retrato de las clases populares. Este estilo lo hacía encajar y definirse dentro del movimiento fotográfico de la Nueva Visión, jugando también con la luz tal y como se refleja en la serie de personas sin techo o al retrato sin filtros de la Sra. Muth, lo que de hecho, haría lo largo de su carrera. Pero sería en el barrio parisino de Montparnasse donde captaría las celebridades del momento y donde se irían perfilando sus futuros objetivos. Precisamente, en la Galería Pléiade del barrio Latino es donde se observarían las primeras influencias surrealistas y donde se presentaría con los retratos de Marc Chagall o Le Corbusier, entre otros.

En 1940, las ambiciones del nazismo y sus orígenes judíos le forzaron a emigrar a los Estados Unidos donde trabajaría para diferentes revistas, entre ellas Life, para quien realizaría 101 portadas. Esta sería su puente para darse a conocer internacionalmente y trabajar con famosos de la talla de Lauren Bacall o Winston Churchill y con quien destacará Marilyn Monroe. Antes de convertirse en una estrella, Marilyn ya fue fotografiada por Halsman con otros modelos en diferentes expresiones teatralizadas y parece ser que el fotógrafo ya advirtió el talento. Sería pero más adelante, ya conocida como celebridad, cuando intentaría conducir una serie de trabajos con la actriz después de engañarla con su técnica jumpology (fotos saltando). Halsman, simplemente, le pidió que saltara delante de la cámara sin explicarle previamente que la quería captar in fraganti, sin imposturas y natural. Este hecho no le haría mucha gracia a ella y no sería hasta cinco años más tarde le dejaría captar de nuevo, esta vez en más de 200 tomas saltando, que darían lugar a la tan famosa portada de la revista Life.

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La obra de Halsman, con el recurso “jumpólogo”, su técnica referente que haría saltar y revelar la cara de manera sorprendente y natural desde Audrey Hepburn hasta los duques de Windsor, o con sus trabajos en moda, retratos o publicidad, no plasmaría sólo la vertiente a veces superflúa sino también aparecería un humor sutil e incluso socarrón; como se aprecia en las mismas fotos de jumpology oa la “entrevista fotográfica” con el cómico francés Fernandel, donde ninguno de los dos hablan el idioma del otro pero las expresiones faciales del cómic hacen el entendimiento, o en la serie de fotografías de modelos femeninas donde Halsman se camufla vestido como una más de ellas, rompiendo con lo preestablecido. Y es que también jugaba con el make/take photos, es decir, al diferenciar la creación de una imagen a través de todo un proceso activo o en el simple hecho de retratar e informar de la realidad, mostrando una evolución del take como había hecho en sus inicios en París el make de los EE UU como lo demuestran los collages fotográficos de Marilyn o el famoso Dalí Atomicus surrealista y dinámico.

Con Salvador Dalí formarían una pareja profesional durante treinta y siete años, de la que no podrían surgir ideas menos extravagantes ni fantasiosas. Sus “ideas fotográficas” mostradas en la exposición nos permiten ver como Dalí pudo encontrar en Halsman la expresión de su teatralidad en otro medio artístico como la fotografía y cómo Halsman pudo afianzar su capacidad técnica y no menos creativa . El fruto de esta relación apareció como libro, el Dalís Mustache, nombre dado por la fascinación del fotógrafo por el bigote y símbolo del artista de Cadaqués, donde aparecerían series del mismo bigote de Dalí y también una “entrevista fotográfica” entre ambos , esta vez aún más absurda e ininteligible.

Philippe Halsman tuvo realmente un gran dominio de la cámara y pudo anteponerse al surgimiento y al poder de la televisión, reflejado en una obra tan variada como enérgica que podréis ver en el CaixaForum de Barcelona hasta el 30 de noviembre.

 

Paola López

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