Voces del 8 de marzo


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Escritoras y narradoras, historiadoras y poetisas, místicas y sacerdotisas, reinas y regentes. El poder también ha estado en manos de las mujeres a lo largo de la historia. Poco, escondido, a veces temido, el poder femenino era siempre presente en muchos de los espacios de la vida. Hoy os traigo cinco escritos -cuatro poemas y una pequeña reflexión, de cinco mujeres de cinco épocas diferentes, en espacios y contextos diversos, todas ellas clamando por la literatura y por las voces de las mujeres en ella.

Safo. La voz desde la caverna
safo_wikimediacommons
Safo. Wikimedia commons

Ella es la abuela de todas. Ella y Yoko Ono -hehe. Safo, una de las primeras voces de la literatura de las que tenemos constancia. Una mujer, una sacerdotisa, amante de mujeres, además. Residente en la isla de Lesbos. La poesía que de ella nos ha llegado, poca y fragmentada, no deja de parecernos cercana, ya que habla de amor, y del honor de aquellas épocas.

I

De la hermosa luna los astros cerca
hacia atrás ocultan luciente el rostro
cuando aquella brilla del todo llena
sobre la tierra…

II


y la noche entera con sus canciones
celebrando pasan tu amor las virgenes
y el de tu mujer de florido seno,
junto a la puerta;
mas, despierta, novio, que los amigos
de tu edad te esperan; puese deseamos
ver hoy menos sueño que los pardales
gorgoriteantes.

Por cierto, el título de “desde la caverna”, hace referencia a su escritura  pre-platónica 🙂

Al-Khansa. Poesía, guerra y muerte

Siglo VII. Oriente Próximo. Tiempo de Mahoma. Hablo de una tierra convulsa y llena de cambios. Del zoroastrismo milenario, (una creencia basada en las potencias naturales y las divinidades fragmentadas en toda la realidad) pasaron a una religión monoteísta: el Islam. Al-Khansa fue, en aquella época, una de las poetisas más reconocidas, que escribía versos a los difuntos, en la guerra, y sobre todo al honor de los luchadores. Era conocida, sobre todo, por ganar numerosos premios de esta poesía helegética a la muerte.

Mi ojo lloró y me despertó

El tiempo me ha roído, mordido y cortado.
El tiempo me ha dañado, me ha herido,
y ha destruido a mis hombres que han muerto juntos.
Esto ha conseguido inquietarme.
No había un puerto para el cruel
Que al igual que el sol halla refugio para el pueblo.
Vimos caballos galopar
y levantando polvo.
Y a los jinetes, con espadas brillantes, y grandes lanzas grises;
¿Aquel que con sus lanzas destroza cuerpos se convierte en blanco mortal de las espadas?
Derrotamos a quienes pensaban
que nunca serían derrotados.
Y aquel que piensa que no se verá perjudicado
piensa en lo imposible.
Evitamos acciones deshonrosas y honramos a nuestros huéspedes.
Y guardamos los elogios (de personas).
Llevamos las armas en la guerra
Y la seda, la lana y el algodón durante la paz.

 

María de Zayas. Garras de mujer en el Siglo de Oro

María de Zayas fue una de las pocas mujeres recunegudes y famosa de una España brillante, esplendorosa en las artes, pero sobre todo masculina. El Siglo de Oro, hacia los albores del XVII, fue una época donde la pintura y sobre todo la literatura alcanzó altos niveles culturales e intelectuales, y sobre todo con gran cantidad (y calidad) de obra escrita. En este sentido es muy representativo que María de Zayas fue una escritora, los libros de la cual, fueron reeditados varias veces en los años posteriores, dejando claro la predilección del público por su novela. De hecho, mucha gente creía que se trataba de un hombre con seudónimo de mujer, ya que era imposible que una mujer escribiera tan bien. Dejo aquí, por este motivo, este pequeño fragmento de una novela suya, en el que ya se empieza a poner de manifiesto una reflexión en torno a los roles de hombre si mujeres.

En la era que corre estamos con tan adversa opinión con los hombres, que ni con el sufrimiento los vencemos ni con la conciencia los obligamos. (…) ¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para la venganza, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas? ¿Nuestra alma no es la misma que la de los hombres? (…) Por tenernos sujetas desde que nacimos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con temores de la honra, y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas, y por libros almohadillas.

*Texto extraído de Wikipedia Commons

Emily Dickinson. Cerrada en su habitación propia

Con unos ideales podemos decir cercanos a Virginia Woolf, de la misma época, pero sin conocerse ninguna de las dos mutuamente, Emily Dickinson es uno de los personajes más curiosos de la literatura norteamericana del siglo XX. Hija de una familia acomodada de Massachusetts, pronto se recluyó en su propio espacio íntimo, tanto espiritual como físicamente. Soñando en un futuro que no le era permitido -unos estudios, viajes, etc- se escondió de la sociedad que conocía y escribía para curar esta alma dolida. Sus poemas (misteriosos ya veces inacabados, de hecho ella nunca pensó en publicar nada, ni siquiera los enseñaba) hablan de la vida rural de aquella época y aquel país, de los deseos y proyectos que nunca haría, con un lenguaje y un ambiente irreal y casi surrealista.

Salí temprano com mi perro
a visitar el mar,

las sirenas del sótano
salieron a mirarme

y desde el piso alto las fragatas
tendieron manos de cáñamo
suponiéndome una rata
encallada en la arena.

Pero nadie me rescató, hasta que la marea
me llegó a los zapatos
y al delantal, y al cinturón
y hasta el cortpiño también;

fingió devorarme,
cual gota de rocío
sobre la funda de un diente de león,
entonces, yo también avancé.

Me siguió, muy de cerca,
sentí sus talones de plata,
en mis tobillos, luego mis zapatos
rebosaron perlas.

Hasta encontrar la ciudad maciza
a nadie parecía conocer
y con una reverencia y poderosa mirada
el mar se retiró.

_______

I STARTED early, took my dog,

And visited the sea;

The mermaids in the basement

Came out to look at me,

And frigates in the upper floor 5

Extended hempen hands,

Presuming me to be a mouse

Aground, upon the sands.

But no man moved me till the tide

Went past my simple shoe, 10

And past my apron and my belt,

And past my bodice too,

And made as he would eat me up

As wholly as a dew

Upon a dandelion’s sleeve— 15

And then I started too.

And he—he followed close behind;

I felt his silver heel

Upon my ankle,—then my shoes

Would overflow with pearl. 20

Until we met the solid town,

No man he seemed to know;

And bowing with a mighty look

At me, the sea withdrew.

 

Rosa Chacel. Mujeres (entre) intelectuales
Busto_Rosa_Chacel_CG
Busto Rosa Chacel. Wikimedia Commons

La última voz de mujer viene de cerca, de un período que vemos con cierta nostalgia, tal vez. La generación del 27, los poetas de la República, que nos hablan de una España que caminaba adelante, optimista, ajena a los horrores que vendrían. Como todo, pero, o como siempre, las mujeres de esta generación fueron olvidadas. Maruja Mallo, compañera de Dalí, Lorca, etc. en la Residencia de Estudiantes, y también Rosa Chacel, entre muchas otras. Para terminar, pues, quiero rendir homenaje a estas poetisas olvidadas o sepultadas bajo nombres masculinos, lo hago con el ejemplo de Rosa Chacel.

Reina Artemisa

Sentada, como el mundo, sobre tu propio peso,
por tu falda extendida la paz de las laderas,
el silencio y la sombra de las grutas marinas
junto a tus pies dormidos.
¿A qué profunda alcoba dan paso tus pestañas
al alzarse pesadas como cortinas, lentas
como mantos nupciales o paños funerarios…
a qué estancia perenne escondida del tiempo?
¿A dónde va el camino que tus labios descubren,
a qué sima carnal desciende tu garganta,
qué lecho sempiterno da comienzo en tu boca?

El vino de cenizas su acerbo alcohol exhala
mientras la copa orea, con su pausa, el aliento.
Dos vapores elevan sus secretas fragancias,
se contemplan y miden antes de confundirse.
Porque el amor anhela su sepulcro en la carne;
quiere dormir su muerte al calor, sin olvido,
al arrullo tenaz que la sangre murmura
mientras la eternidad late en la vida, insomne.

Guiomar Sánchez

*Los poemas son extraídos del recital al que participé, en motivo del Día de las Mujeres, al Casal Popular Sageta de Foc de Tarragona, el pasat¡do 3 de marzo.

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