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Si hay una ciudad europea que nos demuestra que hay formas alternativas de vivir, esa es sin duda la nueva Berlín. Hija de madre capitalista y madre comunista, la capital alemana se ha convertido en uno de los núcleos mundialmente más fuertes de las artes y la cultura. Sus calles respiran historia del siglo XX, libertad y tolerancia. Berlín es street art, música callejera, pequeñas librerías, restaurantes veganos, mercadillos de productos ecológicos y gente de todas partes que vive y deja vivir.

Este estilo de vida tiene mucho que ver, en parte, con el pasado reciente de la ciudad y con el sentimiento de comunidad que se desarrolló durante los años de la guerra fría, sobretodo en la parte perteneciente a la república democrática alemana (DDR en alemán). Después de la caída del muro, la contracción económica que sufrió ésta por el hecho de pasar de una economía socialista a una capitalista se tradujo en un aumento de la tasa de paro y el empobrecimiento de la población. [1] Esto contribuyó aún más al desarrollo de movimientos de protesta y asociación. Un ejemplo es el auge del movimiento okupa en Alemania y en especial en Berlín iniciado a finales de los setenta en el barrio de Kreuzberg. Este barrio, aún perteneciendo al sector occidental de la ciudad, fue uno de los más pobres. [2]

Si bien es cierto que el sistema capitalista demostró ser más eficiente que el socialista aplicado en la antigua URSS a la hora de alimentar la población, las cifras esconden consecuencias no tan favorables en términos de explotación de recursos naturales y justicia social. En un momento en el cual el capitalismo parece haber alcanzado un punto crítico, girar la mirada hacia la forma de vivir de los pueblos que vivieron en el yugo socialista puede servirnos de inspiración. Esto no quiere decir repetir los errores del pasado ni intentar revivir una dictadura en toda regla como lo fue la de la URSS sino más bien, fijar la lupa en el día a día de la población y en las iniciativas que surgieron para fomentar la cooperación y poner a la persona por delante de la economía.

En este sentido, Berlín nos ofrece multitud de iniciativas que dentro de sus limitaciones, nos enseñan que otra manera de hacer las cosas es posible. Para el artículo de esta semana, hemos escogido tres ejemplos de este modus vivendi alternativo que nos podemos encontrar en la metrópolis brandenburguesa.

Kolle37 – El parque infantil anarquista

Cerca del barrio judío encontramos este parque infantil fundado en el año 1989 y el cual representa la evolución natural de un movimiento muy extendido en el país germánico que consistía en llevar camionetas ambulantes llenas de juegos o Spielwagen por los parques y plazas de la ciudad. Hoy en día todavía se sigue haciendo en algunas ciudades como Múnich en la época estival.

Algunos de los miembros más activos del grupo de Berlín que se encargaban de gestionar las camionetas decidieron que estaría bien tener un lugar permanente que los niños pudieran utilizar como espacio de juegos y que no se tuviera que desmontar cada vez. Así nació Kolle37 [3], un lugar donde los niños y niñas no solo se entretienen con los típicos juguetes sino que también potencian su creatividad ya sea trabajando con madera, pinturas o incluso montando objetos más complejos. Una parte importante del parque la forma una gran estructura de madera donde los adultos tienen su entrada vetada, solo en el caso de ser padres de algún niño (6-16 años) se puede tener acceso.

Diversos adultos actúan de supervisores pero des de un punto de vista horizontal, es decir, acompañando a los niños en las actividades en vez de enseñando. La ecología es central mediante la auto-producción de miel, el compostaje o la cura de un jardín. De entre todas las actividades que se ofrecen en el parque, destacamos las clases de fabricación de cestas, objetos de barro, costura, herrería, ebanistería, construcción, cocina y repostería. Kolle37 además también lucha contra la desigualdad social ofreciendo una comida diaria gratuita a los niños cuyos padres tienen dificultades económicas.

Para financiarse, el espacio cuenta con subvenciones del estado (por ser una asociación), un servicio de alquiler de bicis para turistas justo al lado del parque y diversas fuentes puntuales en función de los programas sociales que se organicen. Los supervisores trabajan voluntariamente.

Ver a un niño de doce años con una sierra de medio metro, un grupo de cinco montando una cama elástica y otros que discuten como construir un circuito eléctrico hacen reflexionar en parte sobre la sobre-protección a la que los niños de hoy en día están expuestos y que  disminuye su capacidad de crecimiento personal.

El trabajo en equipo, tan valorado actualmente, se aprende des de bien pequeño, por lo tanto fomentemos espacios donde los niños puedan mostrar sus aptitudes de una forma respetuosa con los otros y puedan sentirse valorados por sus ideas.

Prinzessinnengärten – Los jardines de las princesas

¿Espacios urbanos desaprovechados, áridos y llenos de basura y malas hierbas? Seguramente conocéis unos cuantos en vuestra ciudad o barrio. Ya sea por la crisis o porqué el ayuntamiento tiene otras prioridades, estos emplazamientos públicos han sido olvidados y en muchos casos se convierten en un problema para el vecindario (ratas, inseguridad, etc.)

¿Qué os parecería reconvertirlos en espacios verdes, cultivables y rentables económicamente? Esto es lo que hicieron un grupo de amigos (fundadores de la empresa Nomadisch Grün) con la colaboración de activistas y vecinos en un parque de Berlín en 2009. Limpiaron toda la basura y construyeron huertos ecológicos transportables. Hoy en día, no solo cuentan con su propio huerto sino que también se ha establecido una mini biblioteca abierta al público con libros gratuitos y un biertgarten donde sentarse a leer o a tomar algo con los amigos.

Un espacio donde promover el sentido de la comunidad y el intercambio de una gran variedad de competencias y conocimiento, además con el involucramiento de la gente se consigue que muchas más personas entiendan la importancia de una vida sostenible. A parte de poder cultivar y comprar frutas, verduras y especias, existe la posibilidad de inscribirse en diversos talleres de temática ecológica durante todo el año.

Actualmente en los jardines trabajan más de 1000 voluntarios y los visitan más de 60,000 personas anualmente. No obstante el camino no ha sido fácil, el ayuntamiento reclamó el espacio para poder venderlo en el año 2012. La movilización ciudadana traducida en una petición al senado de más de 30,000 firmas consiguió parar la privatización y actualmente se están negociando las condiciones de uso para cinco años más.

Si el futuro es un aumento de la población de las ciudades en detrimento de la vida rural, hace falta empezar ya a re-diseñar los espacios para poder conseguir que puedan afrontar la demanda tanto de alimentos como de salubridad urbana.

El proyecto Prinzessinnengärten no es el primer espacio de estas características, solo un ejemplo más de que es posible influir y cambiar el entorno común si realmente hay voluntad de transformar. A veces una cosa que nos parece imposible o muy difícil en el fondo solamente es cuestión de ponerse a trabajar

KÖPI 137 – El edificio okupado

Este año se celebra el 25 aniversario de la ocupación de este edificio entre el barrio de Mitte y el de Kreuzberg. Hoy en día a parte de ser la vivienda de viajeros y famílias locales (en total unas 50 personas), se ha convertido en un centro cultural, sala de conciertos y cine. También cuenta con una sala de deporte y un escenario, y el rocódromo más antiguo de Berlín. [5]

Aunque no todo el mundo que vive en una casa ocupada tiene los ideales políticos que nos esperaríamos encontrar en este tipo de lugares, sí que es el caso mayoritario. Pasarse por KÖPI y hablar con la gente que vive ahí, discutir temas de actualidad y saber más sobre su manera de vivir, sus experiencias y contradicciones es siempre algo enriquecedor.

Es fácil encontrar gente de procedencia diversa que vive temporalmente en la casa y que incluso os puede enseñar rincones de Berlín que de otra forma pasarían totalmente desapercibidos.

Tres maneras de tirar adelante un proyecto en común, tres espacios que promueven el entendimiento y la cooperación entre personas. Formas de ver la vida más o menos criticables, en muchos casos fuera del que la mayoría considera un camino posible pero que demuestran que hay alternativas al modelo actual. Si dejamos atrás los prejuicios y abrimos la mente podemos aprender mucho, tanto de lo que nos gusta y querríamos generalizar como de aquello que no creemos correcto y preferiríamos evitar.

Rosa Mª Torrademé

rtorrato7@gmail.com

Foto de portada: East Side Gallery, autor: Eneko Sanchez

Bibliografía:

Entrevista a un anarquista de KÖPI-137 (inglés):

http://anarchism.pageabode.com/andrewnflood/audio-anarchism-struggle-kopi-berlin

Otros artículos de Rosa Mª:

 

 

 

 

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