París en 48 horas


Objetivo: Tarragona – París – Tarragona

Tiempo disponible: 4 días

Presupuesto inicial: 150€/persona (4 viajeros)

Distancia total: más de 2000 km

La aventura empieza un viernes por la mañana comprando las provisiones necesarias para el largo viaje que nos espera. Seguidamente pasamos a recoger a los compañeros que quedan para completar el equipo: primera parada en Tarragona ciudad, segunda parada Cerdanyola del Vallès y finalmente, rumbo hacia la Jonquera.

Según el GPS quedan más de diez horas de viaje y hemos empezado con el indicador superando los mil kilómetros de trayecto, pero aunque estas cifras nos podrian en cierto modo cohibir, en el fondo sentimos esa extraña emoción y nerviosismo en positivo de cuando uno emprende un viaje de aventura, con pocos parámetros fijos de antemano y sabiendo que pase lo que pase lo importante es disfrutar de cada instante.

Pasados los Pirineos entramos en Occitania, tierra de juglares y trobadores, de relieve montañoso bañado por los colores de la primavera y castillos medievales que esperan el retorno de su época gloriosa. Para ambientar escuchamos Lou Dalfin y Goulamas’k, dos bandas que siguen luchando por la normalización de la lengua occitana y el reconocimiento de Occitania como entidad nacional.

Dejando atrás el mazizo central francés y perdidos en algún punto entre Clermont-Ferrand y Vichy, cenamos con buenas vistas y recuperamos fuerzas para encarar el tramo final de nuestra aventura. Y pasada la medianoche llegamos sin imprevistos destacables y con muchas ganas de empezar a descubrir la ville lumière.

Sábado

El despertador suena a las 7:30 y el primer valiente se levanta dirección ducha. Del resto del grupo, algunos sucumben a la pereza mientras otros se levantan medio resignados medio dormidos. Nos alojamos en un pueblecito a unos veinte kilómetros de París llamado Saulx-les-Chartreux, Chartreux? suena bastante a Chartreuse, no tarraconenses? y con razón ya que Chartreux traducido del francés hace referéncia a Cartujo o más concretamente a la orden religiosa de los Cartujos, la misma que fabricaba el licor que tan bien conocemos y que adquirió los terrenos del pueblo en el año 1264, estableciéndose hasta 1379 [1].

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Jardines de Luxemburgo. Fotografía propia

Para llegar al centro de París nos moveremos con transporte público para más comodidad, sin embargo la estación más cercana se encuentra al pueblo de al lado de Saulx-les-Chartreux, un lugar llamado Palaiseau así que no nos queda otra que llegar allí con el coche. Con los billetes en mano, entramos en un tren que nos llevará hasta nuestra primera parada: la plaza de la bienvenida (qué ironia!) o Place Bienvenüe. De camino al museo de arte moderno Pompidou nos paramos para disfrutar de los Jardines de Luxembourg donde nos sorprende la gran actividad deportiva que allí tiene lugar: gente practicando Yoga, artes marciales de todo tipo, jogging e incluso un espacio con potros.

Es cierto lo que dicen sobre que los franceses se sientan en las terrazas de los bares mirando a la calle en vez de cara a cara? Sí y no solo eso sino que en vez de bancos o sillas fijas, en los jardines públicos hay sillas móviles que se pueden colocar a gusto. Desviándonos un poco de la ruta directa, llegamos a la catedral de Notre-Dame, a la orilla del Sena y nos adentramos en el barrio latino para comer, no sin antes pasear por una de las zonas de artisteo que alberga París: la plaza des Voges, cerca de la Bastille, un lugar excelente para degustar el primer croissant francés de verdad.

El museo o centro Georges-Pompidou [2], construido con el objetivo de dinamizar el cuarto distrito de París, una zona deprimida económica y socialmente, fue inaugurado en 1977. Alberga obras de Picasso, Joan Miró, Brancusi, Modigliani, Matisse, Francis Bacon y Jean Dubuffet entre otros. Vale la pena dedicarle al menos medio día y la entrada es gratuita para los menores de veintiséis años.

Como el tiempo acompaña y tenemos ganes de vivir el ambiente urbano de la metrópoli francesa, nos encaminamos hacia el barrio de Montmatre coronado por la Basílica del Sagrado Corazón, una de las zonas más elevadas de la ciudad y como es de esperar, también una de las más turísticas. A medida que la pendiente de las calles aumenta, también lo hace el carácter bohemio del entorno. Tiendas pequeñas y coloridas, cafés al más puro estilo Amèlie, gente sentada en mesitas (y ocupando la mitad de la acera) bebiendo vino…y finalmente llegamos a la base de la escalinata que sube hasta la basílica. Después de un último esfuerzo ya nos podemos sentar a ver la panoramica de París y a constatar que en el fondo hay cosas que no cambian ya estés en Barcelona, Budapest o París: los vendedores ambulantes de bebidas, palos de sélfie y souvenirs de todo tipo han hecho de la escalinata su mercado, los acompañan músicos callejeros que ayudan a que el momento se transforme en vivéncia.

 

Es tarde (ya son pasadas las siete) y hay que apresurarse si se quiere cenar, no olvidemos que en la Europa continental son bastante estrictos con los horarios sea la época del año que sea. Bajando de Montmatre y de casualidad, nos topamos con el Moulin Rouge y el café de Amèlie, no podemos evitar sonreir y alegrarnos de la visita que nos ha hecho la fortuna. Las horas van pasando y el sol va desapareciendo por la línea del horizonte, es hora de descubrir el París nocturno. Para terminar el día es muy recomendable pasear y observar los colores de la noche francesa o simplemente sentarse en buena compañía a la orilla del Sena mientras se brinda con un borgoña o un buen champán.

Domingo

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Saint Chapelle. Fotografía propia

Segundo y último día para vivir París. Desayunamos con calma pero sin olvidar que tenemos el tiempo justo. La primera parada es La Sainte-Chapelle o un pedacito de cielo en la tierra según algunos expertos. Una capilla gótica del siglo XIII construida para albergar las relíquias del rey San Luis de Francia (tambien conocido como Luis IX). Este templo es la estrella del movimiento gótico radiante (rayonnant en francés), un submovimiento del gótico típico de Francia, caracterizado por la minimización de los contrafuertes y el aumento del número de vitrales y consecuentemente de la cantidad de luz que podía entrar en el interior del edificio. Se busca un efecto de ligeresa y riqueza, superando la austeridad y cierta pesadez de la etapa anterior. [3]

Hoy nos interesa almorzar pronto para poder aprovechar mejor la tarde así que nos dirigimos a una Crêperie para degustar uno de los elementos culinarios más típicos de Francia. Recuperadas las energias, ahora ya estamos en condiciones de visitar el gran museo del Louvre. Después de hacer la larga cola reglamentaria y de comprar la entrada si somos mayores de veintiséis años, nos adentramos en uno de los museos mundialmente más apreciados y concurridos. Para evitar agobiarnos des de un buen principio, empezamos la visita por la última planta (segunda) y vamos bajando.  La crême de la crême del museu se encuentra en la primera planta: Da Vinci, Delacroix, Dürer, Von Fontainebleau, De la Tour, Gericault y un gran etcétera más. Claramente masificada, esta planta se ha convertido en la rambla del Louvre y la Gioconda en su fuente de Canaletes. Finalmente, una gran colección de esculturas clásicas juntamente con obras de diversas civilizaciones antiguas (Egipcios, Persas, Árabes,…) completan la oferta del recinto.

Tres o cuatro horas son poco tiempo para ni tan solo poder apreciar un cuarto de la riqueza del museo del Louvre pero sí que es tiempo suficiente para hacerse una idea de los contenidos y de las prioridades de la siguiente visita. Una vez fuera, es recomendable caminar por los campos Eliseos para liberar la mente del probable atolondramiento que tanta información junta nos haya podido causar, además podremos contemplar el obelisco egípcio de la plaza de la Concordia (cuyo origen os explicaremos en otro post), y si no tenemos problemas de vista, también  el arco del Triumfo, siguiendo la misma dirección unos centenares de metros más alejado. Seguidamente ya nos podemos encaminar hacia el monumento más conocido de París: La Torre Eiffel.

Ya bien entrada la tarde, es hora de hacer una parada larga y disfrutar del césped de los jardines cercanos a la Torre Eiffel. Podemos acompañar el momento con una crêpe dulce y brindar con champán que nuevamente los vendedores ambulantes nos ofrecerán infinitud de veces, vasos de plástico incluidos. Y compartir un ocaso en París un día de verano con gente que aprecias es un regalo que llevarás siempre contigo y que recordaréis por muchos años que pasen.

Para despedirse de la ciudad y aprovechando que casualmente es el día de la música en todo el estado francés (21 de junio), nos acercamos a algunos de los conciertos al aire libre que se han programado. Constatamos el gran ambiente que hay y la diversidad de estilos que se pueden llegar a unir en pocas decenas de metros. Altavoces fuera de los locales de ocio, gente de todo el mundo bailando y cantando en el medio de la calle, gente preparando y vendiendo bocadillos en una plaza, asando carne, grupos de jovenes en círculo moviéndose a ritmo de hip-hop…

París…

J’aime la nuit avec passion. Je l’aime comme on aime son pays ou sa maîtresse, d’un amour instinctif, profond, invincible. Je l’aime avec tous mes sens, avec mes yeux qui la voient, avec mon odorat qui la respire, avec mes oreilles qui en écoutent le silence, avec toute ma chair que les ténèbres caressent. Les alouettes chantent dans le soleil, dans l’air bleu, dans l’air chaud, dans l’air léger des matinées claires. Le hibou fuit dans la nuit, tache noire qui passe à travers l’espace noir, et, réjoui, grisé par la noire immensité, il pousse son cri vibrant et sinistre.
Le jour me fatigue et m’ennuie. Il est brutal et bruyant. Je me lève avec peine, je m’habille avec lassitude, je sors avec regret, et chaque pas, chaque mouvement, chaque geste, chaque parole, chaque pensée me fatigue comme si je soulevais un écrasant fardeau.
Mais quand le soleil baisse, une joie confuse, une joie de tout mon corps m’envahit. Je m’éveille, je m’anime. A mesure que l’ombre grandit, je me sens tout autre, plus jeune, plus fort, plus alerte, plus heureux.

Guy de Maupassant

Equipo de redacción

 Bibliografía:

[1] https://fr.wikipedia.org/wiki/Saulx-les-Chartreux

[2] https://ca.wikipedia.org/wiki/Centre_Georges_Pompidou

https://www.centrepompidou.fr/fr/Le-Centre-Pompidou#744

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%B3tico_radiante

Y si os queréis ambientar, escuchad nuestra lista de reproducción del viaje:

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