“Libro de Mariátegui”, de Tarraco a Perú


El viernes 27 de marzo se presentaron en la Sala del Sarcófago de Hipólito del Pretorio de Tarragona los veinte nuevos poemas del poeta Martel·lus. ¿Quien fue este poeta? En cualquier caso me centraré, sólo, en el contexto de estos poemas; creo que para enfrentarse a un poemario uno debe ser virgen, nadie le tiene que decir lo que debe creer o pensar de un poema, ya que éste puede tener, incluso para uno mismo, lecturas contradictorias según el momento en el que lo lea.

Esta contextualización la haré de la misma manera que la presenta el autor del poemario, Juan González Soto. Juan juega en todo momento a hacer de historiador, pero lo hace desde la ficción. Es decir, nos presenta elementos reales, contrastados, incluso citando fuentes primarias, pero esta historia está alterada, si es que existe una historia no alterada, por elementos propios, por personajes ideados por él mismo y que los pone en relación con hechos reales e irreales sin crear ninguna división entre ellos. De alguna manera juega con elementos de la historiografía clásica: fechas, nombres, cronología muy precisa y contrastada, pero desde la honestidad que permite la literatura; no pretende hacer ciencia, pretende crear un clima, un imaginario, una fantasía, en definitiva, un relato literario que se convierte en complemento perfecto de la historia.

Mariátegui.TapaMartel·lus, pues, ¿fue un aristócrata? Quizás sí, de aquellos que tuvieron una vida cómoda en la república romana y que por lo tanto fue ilustrado en cultura. Todo parece indicar que participó en el desfile victoriosa después de la conquista de Numancia. La cuestión fue que, seguramente, en el siglo XVI, “el hombre de los dos nombres”, el arzobispo de Tarragona, el humanista Antonio Agustín, debió traducir los poemas originarios del latín clásico al catalán. Y de él acabó llegando al arzobispo Jaume de Cortada, tío de Rafael de Amat, que al mismo tiempo tenía como tío Manuel de Amat, Virrey del Perú y amante de Micaela Villegas, conocida como la Perricholi. Y en medio de esto, se consigue publicar esta rareza poética hacia el año 2004. El segundo volumen volvió del oeste, de la mano del escritor peruano Carlos de Oquendo, el cual parece ser descendiente de Manuel de Amat y la Perricholi. Y para no entrar en detalles más concretos, la cuestión es que los poemas de Martel·lus publicados en el anterior libro fueron salvados, quizá por casualidad, de la quema mortuoria del mismo poeta que murió por tuberculosis en Navacerrada.

Y con todo esto llegamos a este tercer poemario. De nuevo, una historia cuidada de cómo llegan los poemas hasta ser publicados les precede. Sin adelantar acontecimientos, sí quiero destacar algunos de los nombres que Juan nos descubre y nos presenta. Vuelve a aparecer Carlos de Oquendo, que se relacionará, no sólo con José Carlos Mariátegui, que da nombre a este libro, sino también con el poeta peruano, César Vallejo.

Nuevamente vuelven a aparecer esas referencias constantes que hacen que desde Tarraco nos vayamos hacia el oeste. Es interesante para una literatura como la catalana, muy acostumbrada al consumo interno que existan obras escritas en catalán con referencias y contacto directo con la literatura latinoamericana. Esto nos lleva a otro elemento muy interesante, Tarraco, Tarraco no son cuatro piedras, Tarraco es la que nos aporta a Martel·lus, la que crea vínculos y diálogos con su contemporaneidad.

Martel·lus hubiera encontrado la Sala donde se presentó el libro acertadísima, aunque él nunca llegó a ver este edificio, o sí, si no hacemos caso a los estudios arqueológicos e históricos que datan su construcción años después de su supuesta muerte. Pero como estamos haciendo literatura nos podemos imaginar lo que queramos, incluso que aquí se puso la coraza para desfilar cerca de Publio Cornelio Escipión Emiliano en el desfile triunfal por haber conquistado Numancia.

Mariátegui, estoy convencido, también estaría muy de acuerdo en la sala elegida, ya que una sala así liga directamente aquel ideal clásico, que para él podía estar personificado en el propio Martel·lus, con el diálogo contemporáneo. La clave es este diálogo y como un poeta clásico de la Tarraco republicana podía inspirar los ideales del ideólogo, valga la redundancia, marxista del Perú. Esta Sala, pues, suscita diálogo porque ha tenido muchos usos, entre ellos la de ser prisión política franquista. Convirtiéndose, prácticamente, en la antesala antes de la muerte de aquellos que defendieron unos ideales democráticos y republicanos. Mariátegui fue el fundador del Partido Socialista, que después de su muerte se cambiaría el nombre por Partido Comunista.

Mariátegui nació en una Lima marcada por la República Aristocrática de Jorge Basarde. Era la Lima que estaba recibiendo la cholificación, que es como en Perú se conoce la migración del campo ciudad. Es la Lima centralista y controlada por una pequeña oligarquía, fueron los años en que la tierra pasó a ser de menos manos. Y en esa Lima, Mariátegui encontró el refugio en las revistas literarias de aquella élite que lo era por su calidad discursiva y personal, y no por ser el fruto del gamonalismo, aquellos hacendados que se convirtieron en los amos y señores del Perú de la primera mitad del siglo XX. Suele ser, también, en estos contextos adversos cuando surgen las reacciones más maravillosas, y muchas de estas pruebas son mencionadas por Juan; me refiero a la revista Amauta, al libro Trilce, a la editorial Minerva o a las propias tertulias o relaciones epistolares donde se hablaba del fascismo europeo o del mismo poeta Martel·lus. Son estas reacciones las que nos hacen ganar la humanidad.

Juan González Soto. Autor del llibre. Fotografia: Genoveva Seydoux
Juan González Soto. Autor del llibre. Fotografia: Genoveva Seydoux

Y a modo de conclusión, son múltiples los elementos que inspira, sólo, el prólogo del libro, antes, incluso de llegar a los poemas que son, junto con las fotografías de la Genoveva el epicentro de un libro que demuestra cómo el anacronismo te permite alcanzar el ideal, de cómo poemas de ahora podrían ser de antes y de cómo paisajes actuales son iguales que los de hace miles de años. Y de cómo unos y otros se inspiran mutuamente sin importarles si fueron previos o posteriores a su momento. Juan, pues, liquida la idea del tiempo en favor de la fantasía, porque es ésta, la fantasía, la única, tal y como él mismo apunta, que no está sujeta ni al olvido ni a la alteración.

Consultar el texto íntegro de la presentación de “Libro de Mariátegui” aquí

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