Julio Romero de Torres. Recortes y reflexiones


Después de toda la vorágine que nos envolvió a Érase una vez Córdoba (empresa dedicada a rutas y actividades culturales por Córdoba) y a una servidora con la celebración del 140 aniversario de Julio Romero de Torres y con la tranquilidad del trabajo terminado y bien hecho, han tenido a bien visitarme las Musas para darle vueltas (más, si cabe) a este artista tan popular y tan poco conocido, todo a la vez.

Julio Romero ha estado marcado por un tipismo folclórico y kitsch prácticamente desde que falleció en Mayo de 1930. Su figura se ha aprovechado y reinterpretando tantas veces en nuestro país a lo largo del siglo XX que ha provocado cierto desdén en los historiadores del arte que han querido acercarse y conocer su pintura, quizá porque la mayoría de sus cuadros evocan un “andalucismo” (que muchas veces se ha malinterpretado hacia lo “casposo”) y que ha terminado por convertirse, desgraciadamente, en la marca del pintor: culpemos a los billetes de 100 ptas., culpemos a su uso y abuso en la publicidad durante el régimen franquista. El caso es que como todo ser humano, Julio Romero de Torres era mucho más de lo que las coplas han cantado sobre él.

Jaime Brihuega lo condensa muy bien en tres palabras: “poética visual romeriana”. Un cocktail que se genera en el espíritu de Julio con una serie de corrientes pictóricas previas y contemporáneas, movimientos filosóficos y literarios, viajes, experiencias, colegas de profesión, libros, su propia casa (el Museo de Bellas Artes), sus aficiones (el flamenco, la música…), la mujer… Todo ello ha generado un efecto contrario, por llamarlo de alguna manera, a la hora de entender la pintura de Julio Romero, llevando a todo aquél que se acercara a su obra a un paseo superficial y vano, quedándose sólo con la imagen y no con su significado, y, en el caso de la pintura de Romero de Torres una no puede vivir sin la otra.

Esta faceta del pintor cordobés, paradójicamente obviada o desconocida, es lo que le da sentido como artista. Los elementos fundamentales de su pintura siempre han estado transmutados y no se han estudiado a fondo hasta las últimas décadas del siglo XX.

Como ya hemos comentado, Julio Romero de Torres vivió marcado por una serie de vivencias y elementos de los cuales dejó señas en su pintura: el estatismo de sus figuras y esos fondos “sfumatos” nos hablan de su admiración por Leonardo da Vinci, la representación de imágenes sencillas con significados ocultos nos remite a la influencia del Simbolismo o la admiración de la modernidad y la identidad tan marcada del Modernismo catalán que reflejó en sus primeras obras, imitando su estilo. Son todo ello elementos que nos acercan a su vida y evidentemente a sus pinturas.

Por eso cuando hablamos de Julio Romero de Torres debemos referirnos a él como un autor que rompió con todas las etiquetas que se le colocaron postmortem. Rompió con lo tradicional en la pintura y mostró una forma de nueva de Arte, que se sirvió de elementos sencillos para representar las aspiraciones y los deseos más ocultos del hombre.

image1
Retablo del Amor

Uno de esos cuadros “incomprendidos” en su época lo tenéis en Barcelona, bien cerquita: El Retablo del Amor, rechazado en 1910 en la Exposición Nacional madrileña y, contrariamente, primera medalla de la Exposición de Barcelona, un año después. (Hoy en día lo podéis disfrutar en el MNAC de Barcelona).

El jurado en Madrid se echó las manos a la cabeza, mientras que el de Barcelona alabó esta obra de Arte (eran más “modernos”). Aunque es comprensible el revuelo: ¿a quién se le ocurre representar una Anunciación con la Virgen desnuda y un ángel femenino? Carmelo Casaño, en “El simbolismo crítico de Julio Romero de Torres” nos cuenta que la obra hace una referencia a los distintos tipos de amor, todo ello enmarcado a modo de retablo (un irónico marco): los laterales superiores son personificaciones del amor matrimonial, mientras que la mujer desnuda de abajo es una representación del amor pagano (el deseo más carnal) y aparece flanqueada por dos mujeres que simbolizan el amor místico: una monja y una beata. Julio Romero condensa los caminos que podía recorrer una fémina en su época, y las etiquetas de las que se podía servir la sociedad para tildarla (buena esposa, monja devota o una simple “cortesana” de vida alegre). Todo esto representado con la sencilla y sensual forma de la mujer. Este es sólo un ejemplo de lo que supone analizar un cuadro de este pintor, pero así podríamos continuar con toda su obra.

Tenéis varias maneras de conocer la vida y obra de Julio Romero. Si lo queréis hacer de la forma más completa, desde Érase una vez Córdoba os ofrecemos la ruta La Córdoba de Julio Romero de Torres para que conozcáis todo lo que hay detrás del “pintor de la mujer morena”.

Por Ángela Laguna Bolívar

http://www.eraseunavezcordoba.com

http://www.leyendasdecordoba.blogspot.com

http://www.facebook.com/eraseunavezcordoba

Imágenes de cuadros de Julio Romero de Torres. Wikimedia commons. *Imagen de portada: Reproducciones de JRT en el bar Sojo, Córdoba. Actividad realizada con motivo del aniversario del artista

Otros artículos de Ángela

Córdoba en diez pasos. Parte I

Códoba en diez pasos. Parte II

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s