Cuadrado negro, una carta blanca para el arte


Este verano los londinenses han podido disfrutar de dos grandes muestras antológicas en la Tate Modern, y una de ellas nos ha marcado tanto que esta semana queremos profundizar un poco en una figura del arte que es seguramente uno de los artistas del siglo XX con un estilo más impactante y personal: Kazimir Malévich (1979-35). El pintor y teórico ruso de ascendencia polaca está reconocido y estrechamente ligado con el Suprematismo, un movimiento artístico creado por él mismo en 1913; anteriormente ya había demostrado su validez como artista estudiando las vanguardias europeas. Así, en su primera etapa, encontramos obras con una mirada personal, pero siguiendo las concepciones artísticas europeas del Expresionismo y el Fauvismo; mientras que más adelante su objetivo sería adaptar el Cubismo y el Futurismo con temas más arraigados a la tradición rusa.

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K. Malevich: Auto-retrato, 1912. Fuente: Tate.org.uk

En 1913, sin embargo, su trayectoria dio un cambio radical con la creación de la primera obra suprematista: Cuadrado Negro. Una sencilla forma geométrica con un fondo de color blanco roto que se convirtió en una de las obras de arte icónicas del arte contemporáneo y que aún hoy en día tiene tanto defensores como detractores. La primera muestra suprematista vio la luz en 1915 con la exhibición colectiva La Última Exhibición de Pintura Futurista 12:10 (cerodiez). A partir de este punto de inflexión la carrera artística de Malévich continuó ligada al Suprematismo, llevándolo incluso a las aulas en la Escuela de Arte del Pueblo a Vitebsk, fundada por Marc Chagall en 1918.

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K. Malevich: Cuadrado Negro, versión del 1915. Fuente: Tate.org.uk

Podría parecer que Malévich hubiera enloquecido al declarar que estas formas de color eran arte, pero en el arte todo es evolución y contexto. Cada movimiento artístico nace de la evolución del movimiento anterior y de la necesidad de innovar. En el caso del Suprematismo, todo evoluciona a partir de la ópera futurista Victoria sobre el sol, en la que Malévich participó creando vestuarios y decorados basados en formas geométricas de colores. Estas formas le ayudaron a crear su nuevo lenguaje para expresarse. En cuanto al contexto del Suprematismo, nos encontramos en la década de 1910: Europa se embarca en una guerra mundial que tendrá consecuencias desastrosas por culpa de unas alianzas casi aleatorias, pero al mismo Rusia donde vive Malévich empieza a hacer quebradiza hacia el Imperio Zarista y se empieza a gestar la Revolución de Febrero de 1917.

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K. Malevich: Composición Suprematista: Aeroplano Volando, 1915 Fuente: MoMA.org

No es tan extraño, pues, que con la perspectiva que ofrecía el mundo en ese momento Malévich quisiera utilizar su arte para crear una realidad alternativa incorruptible. En una nueva realidad donde todo son combinaciones de colores y formas geométricas no hay lugar para la política, la guerra, el hambre o los estratos sociales. Su obra libera al espectador de las interpretaciones del mundo material para centrarse en el arte de manera más subjetiva. Es un diálogo entre el espectador y el arte en sí, sin referencias a la realidad externa. Él mismo definía el Suprematismo como la supremacía del sentimiento puro o percepción en las artes pictóricas“, el cual no debe tener nada que ver con la naturaleza.

El arte se convierte en arte por sí mismo y no por su relación con el mundo.

Si el arte es creado por el hombre, ¿porqué debería imitar la naturaleza, que no es creación humana?

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K. Malevich: Composición Suprematista: Blanco Sobre Blanco, 1918 Fuente: MoMA.org

Malévich no sólo creó escuela. Su Cuadrado Negro se convirtió tan distintivo que pasó a sustituir su firma en muchas de sus obras incluso después de que en 1928 Stalin, ya en el poder de la URSS, condenara el Suprematismo como forma de arte elitista no accesible para la mayoría del pueblo ruso. Afortunadamente para Malévich, en ese momento su arte ya había vuelto a evolucionar hacia una etapa más figurativa. Aún así siempre continuó siendo recordado por el Suprematismo y muchos asistentes a su funerario presentaron banderolas con el cuadrado negro.

Por Ricard Gispert

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